Saliendo de Bucarest hacia Transilvania, los campos de flores amarillas y cereales discurren al otro lado de la ventanilla. De repente, llegan las montañas. Son altas, muy empinadas y están llenas de bosques. Son los montes Bucegi, una parte de los Cárpatos, y son preciosos. Tu destino es Sinaia, el pueblo donde se alza el castillo de Peles, uno de los más famosos de Rumanía. No tiene nada que ver con Drácula, pero en todas partes leíste que esta es una visita que merece la pena. 

El comienzo de un viaje por Transilvania: Sinaia y el castillo de Peles

La pequeña estación de tren de Sinaia te recibe con el sopor del mediodía.

Antes de nada, averiguas dónde está la consigna (en el despacho de “información” una señora sale con una llave y te acompaña a la misma). Después compras el billete que te llevará esa tarde-noche a Brasov. En la misma estación hay una pequeña panadería con horno propio, junto a la parada de taxis. Hoy comes un pan relleno de queso, jamón y tomate frito, baratísimo. Ya estás lista para visitar Sinaia.

Sinaia está en la provincia de Valaquia, pero culturalmente ya es Transilvania

estación de tren de sinaia

Junto a la estación empieza la montaña. Hay unas escaleras para subir por lo que parece un parque, o el mismo bosque. Para ello tienes que cruzar la carretera. Estás dispuesta a hacerlo, pero tu amiga insiste en que mejor cojáis un taxi para subir al castillo. Y te dejas llevar. El taxi resulta muy barato y la subida que te ahorras es de órdago, aunque no lo ves hasta que lo haces, claro. Avisada estás.
Dando vueltas y revueltas el coche sube cada vez más alto. Sinaia se despliega en la montaña. Hay muchas casas preciosas, grandes palacios, algún hotelazo, un monasterio que anotas mentalmente para la bajada, que será andando sí o sí. Tejados puntiagudos, enormes árboles.

montes cárpatos desde una calle de Sinaia

Visita al castillo de Peles

El castillo de Peles se alza en el monte. El entorno es precioso y el edificio bastante curioso. Como un gran chalet suizo. En cambio, la visita al interior es un poco histriónica y puede ser decepcionante. Así de claro.

El rey Carol I decidió construir el castillo de Peles en Sinaia a finales del siglo XIX. Buscaba un lugar donde su hija encontrara alivio para sus problemas respiratorios.

vista frontal del castillo de peles en sinaia

Ya has leído que el castillo de Peles cierra sus puertas a las 15 h. (horario de invierno, a las 17 h en horario de verano) así que te apresuras por el caminito que deja ver prados y bosques hasta donde alcanza la vista. Te dejo aquí el enlace a los horarios de su propia página web.

torre del castillo de Peles en Sinaia
Tras esperar en la cola, consigues tu entrada y decides pagar por poder hacer fotos con la cámara, no vaya a ser que sea tan bonito como el exterior. Te cobran siete eurazos sólo por las fotos.

La visita tiene que ser guiada, en grupo de 20 personas o más. Por si fuera poco, apenas dejan una distancia de cinco minutos entre un grupo y otro. El resultado es que te sientes parte de un rebaño que sigue a otro rebaño, y quién sabe a dónde te conducen, podría ser al matadero y tú tan feliz… Deben de sacar un buen dinero. Con la siguiente foto te haces una idea.

turistas en el interior del castillo de Peles en Sinaia

Más detalles: al entrar te obligan a envolver tu calzado en un plástico. Será para proteger los reales suelos del castillo. No te extraña. Con tanto trasiego de gente, es lo mñinimo.

El castillo de Peles fue el primer edificio de Europa con luz eléctrica y ascensor

El capricho del rey Carol I

Las estancias se suceden una detrás de otra abarrotadas. Mobiliarios y artesanías a tutiplén. Uno de los lugares más recargados que has visto en tu vida, sin negarle su aire de cuento.

salas con mármoles en el castillo de Peles

Gustav Klimt decoró las cornisas del pequeño teatro, las maderas labradas se pelean con mármoles ostentosos y un poco fúnebres, hay rosas de cristal de colores junto a grandes espejos. El modernismo se mezcla con el barroco y con el orientalismo. Incluso hay una sala gótica. Hay rincones casi bonitos, y otros muy agobiantes. La sala oriental invita a entrar, pero no se puede ni pisar, y la sala de música aporta un poquito de paz. Todo muy oscuro, un poco loco.

pintura de klimt en el teatro del castillo de peles en sinaia

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La Biblioteca, la sala de Literatura, el salón Florentino y la sala Veneciana, la de Armas, el estudio de Carol I. Hay alguna foto de él mismo tocando el piano, y de la reina leyendo.
Sales de allí casi mareada y con ganas de dar una vuelta por los jardines, donde la estatua de la reina Elisabeta Carmen Silva observa a los cientos de personas, de muchas nacionalidades, dando vueltas por aquí y por allí. Buscando la mejor vista, la mejor foto, un recuerdo.

estatura de reina Elisabeta Carmen en el castillo de Peles Sinaia

turistas rumanos posando delante del castillo de peles en sinaia
Volviendo hacia la salida hay un pequeño desvío que lleva al castillo de Pelisor, que fue mandado construir por el sucesor de Carol, el rey Ferdinand, a principios del siglo XX. Una construcción mucho más modesta que resulta raro llamar “castillo”.

castillo de pelisor junto al castillo de peles en sinaia

puestos con camisas y bordados rumanos en sinaia

Las calles de Sinaia y su monasterio

Ya tenías ganas de patear un poco esa bonita ciudad que has visto tras la ventanilla del taxi.

Por aquí un jardín silencioso donde los juguetes de los niños, de los de antes, esperan a sus dueños mientras se pone el sol. Por allí calles empinadas que invitan a bajar entre casas que exhiben balcones de madera y tejados empinados de color rojo. Muchos son de chapa oxidada. La montaña está siempre presente.

casa de sinaia con tejado rojo y el bosque detrás
juguete de niño en el jardín de una casa de sinaia

Sinaia es famosa por su estación de deportes de invierno, así que eso marca el carácter de la ciudad. Muy de fin de semana, de domingos y festivos, con sus restaurantes y alguna atracción para el gran público como una pequeña tirolina en el parque que hay junto a la carretera. Muy de día en familia, para pasarlo bien tras el disfrute de la nieve o los bosques. Bosques en los que, por cierto, dicen que hay mucha vida salvaje, incluyendo osos.

bosques alrededor del castillo de peles en sinaia

El monasterio de Sinaia

Te diriges con paso decidido y cruzas sus puertas. Allí mismo hay una fuente que los rumanos se apresuran a utilizar para rellenar sus botellas. Parece que es una de esas aguas que sanan o algo así.

Un señor orondo, sentado en un banco, cobra la entrada. Están a punto de cerrar, tienes suerte.

iglesia del monasterio de sinaia con tres torres

La iglesia Biserica Mare domina tu atención en tus primeros pasos, pero hay mucho más. A la izquierda según entras hay un paso a otro patio. Allí están las viviendas de los monjes. Alguno sale al sol con sus hábitos negros y el paso apresurado cuando estás merodeando por allí. Además hay una pequeña ermita. Es realmente preciosa, con su pórtico cargado de pinturas al fresco. En su interior la cosa mejora, aunque sólo tienes unos minutos (a solas, eso sí) para contemplarla. Enseguida llega el señor de la puerta a cerrarla.

monasterio de sinaia

ermita del monasterio de sinaia en las viviendas de los monjes

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En todo el recinto se respira una paz y tranquilidad que no has tenido en el castillo ni en las calles de Sinaia. De hecho hay carteles que piden que se baje la voz y se silencien los móviles. Se agradece muchísimo. Así sí se puede captar la energía del lugar. Disfrutar y contemplar su belleza sin distracciones ni molestias. Ojalá esto lo hagan en más lugares. Ganaríamos tanto…


 

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