En esta guía te cuento todo lo que necesitas saber para visitar Viña del Mar y Valparaíso, ya sea en una excursión de un día desde Santiago o, como yo siempre recomiendo, dedicándoles un poco más de tiempo para entender por qué Neruda se enamoró perdidamente de estos cerros.
Viña del Mar y Valparaíso, entre el puerto y el jardín
Apenas unos kilómetros separan la bohemia desordenada de Valparaíso de la modernidad señorial de Viña del Mar, pero el cambio de atmósfera es tan radical que parece que hayas cruzado una frontera invisible.
Valparaíso es un museo al aire libre, un laberinto de cerros que miran al Pacífico, el caos creativo y la nostalgia de un puerto que fue el már importante del Pacífico.
Viña es la elegancia, el orden y el rumor de las olas rompiendo contra las rocas. El refugio del veraneo chileno, con sus playas, su famoso casino y sus avenidas arboladas.
Cómo llegar desde Santiago de Chile
La mayoría de viajeros llegan desde la capital. En aproximadamente una hora y media el paisaje de la gran ciudad se transforma en brisa marina.
Cómo moverse entre ambas ciudades
No hace falta coche. La mejor forma de moverse es el Metro Valparaíso (Merval). Es un tren moderno que bordea la costa y conecta el Puerto de Valparaíso con el centro de Viña del Mar en unos 15-20 minutos.
Importante: necesitarás comprar la tarjeta de transporte local y cargarla, ya que hoy en día no se puede pagar en efectivo directamente en el tren.

Qué ver en Viña del Mar, el destino playero de los santiaguinos
Reconozco que fui a Viña del Mar porque allí vive la madre de un amigo y me iba a alojar una noche en su casa. Podía haber ido sólo a dormir, pero me picaba la curiosidad por conocer esta ciudad tan renombrada. Además, quedé con una amiga a la que hacía años que no veía y que vive por allí cerca, aunque eso sería a última hora de la tarde.
Leí, también me dijeron, que Viña no es bonita. Que tiene muchos edificios altos de apartamentos, un poco al estilo Benidorm. Mucho rollo playero. Y eso me contaron allí. Que los de Santiago la tienen tomada como “su playa” en verano. Pero no en invierno. El invierno es suyo.
En temporada baja Viña es una ciudad chilena más. Tranquila, relajada. De hecho eso es lo que recuerdo más de aquél día, que disfruté mucho de su calma. Quizá porque venía de Santiago, dejando atrás el inevitable estrés que todas las grandes ciudades producen.
Bajo del autobús en la estación Rodoviario de Viña del Mar y echo a andar por la calle Valparaíso. A pocos pasos, ya me gusta.

Comercios, puestos callejeros de frutas y pescado, gente en sus quehaceres. Más sonrisas por metro cuadrado que en Santiago. Edificios de un par de plantas con sabor añejo, casi colonial. Quizá lo sean. Color, a pesar del día nublado.

Si ya te estás preguntando qué ver en Viña del Mar, aquí tienes un listado de sitios que no deberías perderte, desde mi experiencia:
Más consejos para visitar Viña del Mar
Escoger Viña del Mar para dormir, en lugar de Valparaíso, puede ser un acierto por ser más tranquila y «segura» que Valparaíso. Aquí puedes reservar alojamiento en Viña del Mar.
La oferta de tours guiados ha ido creciendo con el tiempo, y ahora puedes optar a más visitas y excursiones desde Viña del Mar. Por ejemplo, puedes ir a observar pingüinos en las islas cercanas, conocer algunos palacios históricos de la ciudad, o apuntarte al clásico freetour. Todo esto lo puedes encontrar en la web de Civitatis con toda la oferta de Viña del Mar.

Museo Fonck y su colección de Isla de Pascua
El museo Fonck es un Museo Arqueológico y de Historia Natural que ocupa una casa de principios del siglo XX. Fue creado a partir de la colección de Francisco Fonck, un médico, explorador y político alemán que destacó en la exploración del sur chileno.
Dentro del Museo Fonck hay una de las colecciones más extensas de objetos de la Isla de Pascua del mundo con más de 1.400 objetos. Allí puedes aprender cosas como que los antiguos habitantes de la Isla de Pascua tenían una escritura aún no descifrada.


El paseo marítimo y el Castillo Wulff
Recorrer el paseo marítimo es una de las actividades más populares del verano, y más tranquilas del invierno en Viña del Mar.
Además de contemplar cómo el mar se estrella contra las rocas de la costa, es muy fácil encontrarse con enormes pelícanos. Encaramados a las rocas y a las estructuras de los restaurantes de la costa, es sorprendente ver lo cerca que los tienes. Me acordé de las Islas Ballestas en el vecino Perú.

En este paseo está el castillo Wulff. Yo me lo encontré cerrado porque estaban montando una exposición, una lástima, pero no deja de ser curioso verlo ahí, casi suspendido sobre el mar.
El castillo Wulff fue construido por un importante empresario alemán de Valparaíso a principios del siglo XX.

Desde el castillo puedes continuar andando hasta la playa pública. Este fue, para mí, un sitio de calma. Me senté a leer en la arena, con la espalda apoyada en el murete que delimita la playa, para acabar Putas asesinas de Roberto Bolaño, escritor chileno de culto.
A mi alrededor había palomas y gaviotas picoteando no sé qué. Turistas locales haciéndose fotos, selfies. También sonaba música cubana que venía de un puesto de mojitos ubicado más arriba, y me fijé en que había otro que anunciaba churros y palmeras.


El Reloj de Flores de Viña
Después me encaminé al Reloj de Flores, que es toda una atracción de Viña del Mar desde 1962, y está muy cerca de la playa.
Por aquí pasa cualquier visitante de Viña que se precie a hacerse el selfie de turno, y es un buen lugar para quedar con alguien, como el Oso y el Madroño en Madrid.

Valparaíso, la promesa que no defrauda
Al día siguiente tomo un colectivo (microbus) para ir a Valparaíso. Son 500 pesos. En media hora o menos estoy ya en la Plaza Sotomayor, frente al Monumento a los Héroes de Iquique.
Valparaíso es, ante todo, una ciudad que se siente. Es decadente y fascinante a partes iguales. Es imposible no quedarse embobado mirando cómo las casas cuelgan literalmente de los cerros, desafiando la gravedad y la lógica.
🌎 Valparaíso fue declarado Patrimonio de la Humanidad en el año 2003.

Consejos para visitar Valparaíso
Todo el mundo te advierte de que vayas con cuidado en Valparaíso. Cuando yo la visité, en 2018, ya era un problema, pero el índice de criminalidad no ha dejado de crecer desde entonces.
Esto obliga a ir con cuidado, no vayas con la cámara y otros objetos de valor a la vista, y evita los callejones sin salida o con poca visibilidad (hay unos cuantos en los cerros).
No obstante, si vas un sábado o domingo por la mañana es posible que te la encuentres muy tranquila. Los maleantes duermen la mona, como decimos por aquí.
Con estas advertencias, yo decidí apuntarme a un freetour en Valparaíso. De esta forma, podría entender un poco de su historia (tiene mucha), y caminar seguro por las rutas de streetart. Lo reservé en la página web de Guruwalk, especialistas en este tipo de tours.
Por otro lado, confieso que mi visita fue parcial y centrada en los cerros porque quería volver a Santiago a una hora prudente, pero Valparaíso tiene más sitios que ver, así que creo que es buena idea hacer noche allí. Aquí tienes alojamientos en Valparaíso para buscar y reservar el que más se ajuste a tus necesidades.
Valparaíso no se visita, se camina. Lo ideal es perderse por el Cerro Alegre y el Cerro Concepción.


Valparaíso: un poco de historia y qué ver
De las explicaciones que recibí ese día, recuerdo que:
Las calles más cercanas al mar, antes de subir a los cerros, tienen un aire decrépito. Están dominadas por los antiguos edificios que fueron bancos cuando la ciudad era muy próspera. También hay antiguas factorías de pescado y mercancías, así como prostíbulos, que ahora se llaman clubs, una presencia tan común en las ciudades portuarias, y botillerías o tiendas donde se vende alcohol.




Los cerros de Valparaíso y el streetart
En los cerros fue cuando entendía que no podía guardar la cámara ni un segundo, aunque tenía que estar atenta a quién tenía alrededor.
Valpo o Valparaíso es un espectáculo de color y más en un día soleado.
Mi freetour me llevó por el Cerro Concepción y el Cerro Alegre, por el Paseo Atkinson, el Gervasoni, la iglesia Luterana Alemana de la Santa Cruz y la Catedral Anglicana de San Pablo o Saint Paul. Admiramos las vistas de la bahía, el puerto y los cerros entre verde y mil colores más.


Los grafittis y murales están por todas partes y muchos son espectaculares. En Valpo hay mucho arte suelto. Galerías de arte y fotografía, artesanos, músicos. Como dicen por ahí, tiene mucho de bohemia esta ciudad.
Además está vivo y se nota. Seguramente muchos de los murales de estas fotos ya no están porque han sido reemplazados por nuevas creaciones. Los hay que se mantienen y son restaurados cada cierto tiempo, repasando su pintura, salvándolos de la quema, pero otros no.

Tampoco está de más fijarse en quiénes firman este arte efímero. Hay grupos de artistas afamados y muchos tienen la cuenta de su Instagram para que, si lo vas a compartir, les menciones o les sigas en esa red social. Seguro que hay muchas historias que contar sobre todos ellos.


Además de los murales, me encantaron las casas de paredes de chapa, el material que se ha impuesto por su flexibilidad. Ideal para hacer frente a los movimientos sísmicos tan comunes en Valparaíso.
Pintadas de vivos colores, muchas son de diseño alemán e inglés, de finales del siglo XIX y principios del XX. Un no parar de clicks.

Valparaíso, qué disparate eres… qué cabeza con cerros, desgreñada, no acabas de peinarte, nunca tuviste tiempo de vestirte, siempre te sorprendió la vida.
Pablo Neruda




Lo que seguro te estás preguntando sobre Viña del Mar y Valparaíso
Viña del Mar y Valparaíso son el complemento perfecto a cualquier viaje por Chile. Una te ofrece cultura, historia y una estética decadente fascinante; la otra, relax, brisa marina y paseos señoriales. Elijas la que elijas, el Pacífico te estará esperando con toda su fuerza.
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