No podía dejar de escribir de una parte importante de Estambul. De lo que hay cruzando el Puente de Gálata. De su torre, de la calle Istiklal, de la emblemática Taksim y de la preciosa mezquita de Ortakoy. Hoy te propongo visitar la Estambul más «occidental» o europea. Y conocer parte de su historia 😊
Explorando el Estambul más occidental
Estambul es una ciudad de contrastes infinitos, y nada lo ejemplifica mejor que el salto desde el casco histórico de Sultanahmet hacia la orilla de Karaköy.
Cruzar el Cuerno de Oro es adentrarse en la Estambul más «occidental», cosmopolita y vibrante, donde los palacios otomanos conviven con el arte urbano y los cafés de especialidad.
En este post te propongo una ruta por 6 lugares imprescindibles que marcan el ritmo de esta zona de la ciudad. Desde el mítico Puente de Gálata hasta la estampa de postal de la Mezquita de Ortaköy, pasando por callejones que esconden caravasares y torres genovesas. He actualizado los datos prácticos para 2026, porque Estambul no deja de transformarse.
La ruta por los 6 lugares imprescindibles
El Puente de Gálata
El puente que pisamos hoy es el quinto de la historia en esta ubicación (inaugurado en 1994), y debes saber que entre finales de 2023 y 2024, el puente se sometió a una importante rehabilitación estructural para reforzar su resistencia ante terremotos y renovar el asfalto y las juntas de dilatación.
Ahora luce renovado y su estructura es mucho más segura, aunque su alma caótica sigue intacta.
El puente de los pescadores, el puente del Bósforo, o el puente de Gálata. Llámalo como quieras, pero ten presente que este es un punto por el que deberías pasar al menos una vez en tu viaje. Será raro que no lo hagas, pero aun así insisto en ello 😇.
El puente de Gálata fue durante muchos años el único puente disponible para cruzar el Cuerno de Oro, así que era conocido como “el puente”. En su origen era de madera, y fue reformado hasta tres veces antes de finales del siglo XX (además de la última reforma de 2023-2024).
No te voy a engañar, hoy en día no es un puente bonito. Para nada. En realidad es como una carretera con carriles en ambos sentidos. Bastante del siglo XX. Bastante anodino a nivel arquitectónico, al menos en apariencia.

Aunque los carriles para el tráfico loco de Estambul sean lo que domina su superficie, hay una acera amplia para peatones en cada lado. Busca los accesos peatonales para acceder a él.
El puente de Gálata tiene dos pisos y se ve interrumpido por una serie de torretas con escaleras. Por ellas puedes bajar al piso de abajo, el más cercano al agua.
A pesar de su «fealdad», el puente de Gálata es uno de los sitios que no me importa repetir una y otra vez cuando voy a Estambul. Allí se dan cita, todos los días, durante casi todo el día, pescadores aficionados.
Ver a los pescadores asomados a la barandilla, en solitario o agrupados en pandilla, con sus cubos de peces al lado, ya es una gran excusa para recorrer el Puente de Gálata de lado a lado.
Son casi siempre hombres, de distintas edades, que echan la caña al agua en espera de sacar algún trofeo más o menos grande. Y la verdad es que los peces pican. Para ello, bambolean sus cañas una y otra vez. Visto desde el piso de abajo es como una especie de baile.


Hablé con uno de ellos. Era un hombre muy amable que me dijo que es de Bulgaria, pero lleva ya unos años viviendo en Estambul. Esta ciudad acoge a migrantes de todos los puntos de Asia, no lo olvidemos.

Las vistas al Cuerno de Oro y al Bósforo, según de qué lado mires, con las mezquitas recortándose en la puesta de sol, es la otra gran excusa para pasar un buen rato en el puente de Gálata.


Por otro lado, en el piso de abajo que he mencionado antes, se suceden una serie de restaurantes de distintos rangos y precios. De los más populares a los más turísticos. Hay para todos los gustos y es uno de los mejores lugares donde probar los bocadillos de caballa que están muy ricos a pesar de su simpleza: caballa a la brasa, lechuga y cebolla.

Si no te va lo de comer allí, también te puedes sentar en un pequeño sofá y fumarte una shisha mientras observas el Cuerno de Oro y las cúpulas de las mezquitas, o los ferries que miran al lado asiático de la ciudad.

Al final del puente, en el lado de Eminönü, siguen estando los famosos barcos decorados que venden el Balik Ekmek (el bocadillo de caballa). Desde la reforma, la zona se ha ordenado mucho más, pero sigue siendo una de las experiencias más baratas y auténticas de Estambul, y eso a pesar de que los precios han subido por la inflación.
El bazar del pescado
En el extremo del puente de Gálata que está en el lado del distrito Beyoglu Karaköy, es decir, en el de la torre, hay un pequeño bazar o mercado de pescado.
Apenas son una docena de puestos, pero como todos los mercados es un buen sitio para curiosear lo que venden, sus dinámicas, y observar a los vecinos comprando.
Si buscas qué bazares visitar, lee mi post dedicado a los bazares de Estambul aquí.

Un auténtico caravasar: Kursunlu Han
Después del mercado, te propongo que vayas a buscar un antiguo caravasar que te va a transportar a los tiempos de la Ruta de la Seda. Apunta su nombre: Rustem Pasa Kursunlu Han.
Su construcción se atribuye a Sinan, el arquitecto que ideó las grandes mezquitas de Estambul a mediados del siglo XVI, sobre los cimientos de una catedral cristiana del siglo XIII.
El nombre de Rustem Pasa o Pasha es el del Gran Visir y yerno de Suleimán el Magnífico.
Hoy está en ruinas, pero habitado por algunos talleres como el de un hombre que se dedica a personalizar motos Vespa. Un moderno entre las ruinas, la mar de amable por cierto.
No es una visita al uso, no suelen acercarse muchos curiosos, y no te llevará más de unos minutos. Pero cuando entres al patio interior, admira la galería superior y trata de imaginar lo que esto fue hace unos cuantos siglos: el alojamiento de los mercaderes que llegaban de sitios muy lejanos con sus alforjas llenas de mercancías.

Torre de Gálata
Desde el caravanserai buscamos el camino hacia la Torre de Gálata. Elegimos la calle Galata Kulesi, que asciende vertiginosa y casi en línea recta hacia esa atalaya. Una torre que se ve desde muchísimos sitios del Estambul viejo. Como si se tratara de un faro o una linterna gigantesca.

La cuesta es de aúpa, no te voy a engañar, aunque Estambul se asienta sobre colinas y por tanto es una ciudad con cuestas. En esta calle hay muchas muestras de arte callejero, tanto en los muros como en los cierres metálicos de las tiendas, así que si te interesan estas cosas te la recomiendo. También hay casas señoriales de muros de piedra y vidilla local.


Y por fin llegamos al pie de la Torre de Gálata. Te cuento algunos datos sobre ella:
Desde la terraza del último piso las vistas de Estambul son fantásticas. Sólo tienes que rodearla para ver la ciudad en 360º sin obstáculo ninguno, a no ser que haya mucha niebla o bruma.
Esta ciudad impone. Desde arriba parece una gran maqueta con calles sinuosas interrumpidas por grandes avenidas. El Puente de Gálata es como de juguete visto desde allí arriba, así como las mezquitas que tan famosa hacen a esta ciudad. Merece la pena el esfuerzo, vaya que sí.
Un esfuerzo que no va a ser sólo físico. Las entradas a los monumentos de Estambul, para extranjeros, han subido el precio una barbaridad, y la Torre de Gálata no es una excepción. Además, las visitas se organizan por franjas horarias para evitar las colas masivas.
Infórmate en la web oficial antes de ir, y estudia bien la opción de la tarjeta Istambul Museum Pass con la que puedes ahorrarte un buen dinero.


Se sube en ascensor hasta el quinto piso, y después tienes que subir dos pisos más por las escaleras si quieres salir al balcón y disfrutar de las vistas. Para bajar, a no ser que tengas problemas de movilidad, tendrás que hacerlo andando.
En cada piso hay una pequeña exposición. No te pierdas la maqueta del Estambul de sus tiempos. En el penúltimo piso hay una tienda de regalos.

Una buena opción para explorar este lado de la ciudad es apuntarse a este tour guiado por el Estambul otomano, que incluye Ortaköy y el Palacio de Dolmabahçe.
Avenida Istiklal
Tras bajar de la torre, toca buscar la Avenida Istiklal subiendo por calles estrechas llenas de tiendas tanto para el turista como para los locales.
La Avenida Istiklal se ha hecho muy famosa por el precioso tranvía de estilo “belle époque” que circula por ella. Todos quieren hacer una foto o un selfie cuando éste se aproxima, y la verdad es que es muy pintón, de madera y color rojo. Eso sí, si te subes… ojo con los carteristas, ya que este es un foco de interés para ellos.

Pero en Istiklal hay más que el tranvía. Hay grandes edificios de finales del siglo XIX y principios del XX que podrían encontrarse en las calles de París y otras ciudades europeas.
A los lados salen calles estrechas y algunas galerías de art nouveau como el Pasaje de las Flores, otra de las “mecas” del turismo en Estambul. Me acordé mucho de los rincones de Budapest y Bucarest que visité hace tiempo.

“La calle principal que ahora llamamos Beyoglu, y que tras la proclamación de la República tomó el nombre de calle de la Independencia (Istiklal), está más o menos igual que la Gran Rue de Péra de 1843. Nerval (escritor turco) compara la calle a las de París: ropa de moda, lavanderías, joyerías, relucientes escaparates, confiterías, hoteles ingleses y franceses, cafés, embajadas” – Orhan Pamuk-.

El final de la Avenida de Istiklal es la Plaza de Taksim, famosa por ser el lugar donde se desarrollan muchas grandes manifestaciones de protesta. En mi opinión no es una plaza bonita, y la mezquita que ocupa una de sus esquinas es demasiado moderna, pero es un sitio emblemático.
La verdad es que la Avenida Istiklal, salvo esos detalles que comento, no me gustó mucho. Está llena de tiendas de franquicias que hay en todas las ciudades europeas. Ropa, perfumes, hamburgueserías, etc.
Es cierto que soy víctima del exotismo de oriente y eso es lo que quiero ver en Estambul, pero por supuesto esto es una opinión muy personal. Eso sí, si quieres comprar buenos baklabas, aquí hay algunas de las mejores confiterías de Estambul 😉
Mezquita de Ortaköy
Uno de los sitios que más ganas tenía de conocer era la mezquita de Ortaköy. No la recordaba de mis anteriores visitas a Estambul, aunque quizá sí que fui en el viaje familiar de hace muchos años, pero entonces tenía 16 primaveras y los recuerdos son borrosos. El caso es que las fotos que veía por internet me ponían los dientes largos.
Me parecía una mezquita preciosa, delicada, como una caja de música y en un emplazamiento maravilloso, porque parece estar flotando en el agua del Bósforo.


Para ir desde Sultanahmet hasta Ortaköy en transporte público estuve investigando, y decidí coger un ferry a Besiktas, en vez de coger varios tranvías o autobuses. Al principio me costó, pero un “hada madrina” de esas que aparecen de vez en cuando, una joven turca que estaba en la estación de ferries, me confirmó cuál tenía que coger. No hablaba nada de inglés, pero nos entendimos con la mirada y los gestos.
El ferry pasa delante de la fachada del Palacio de Dolmabahçe, que se asoma al Bósforo con toda su majestad y majestuosidad.
Cuando los sultanes otomanos (por las comodidades occidentales, la idea de cambio y el miedo a la tuberculosis), abandonaron el palacio de Topkapi y se instalaron en los nuevos palacios que habían levantado en Dolmabahçe y Yildiz, los visires, grandes visires y príncipes construyeron sus propias mansiones de madera en la colina de Nisantasi, próxima a aquellos lugares – Estambul – Orhan Pamuk

Una vez en Besiktas eché a andar hacia la mezquita de Ortaköy. Se trata de un paseo de una media hora sin entretenerte, andando por la avenida Çiragan, llenísima de tráfico.
Sin embargo, había una exposición de fotos del Estambul de principios del siglo XX, en gran formato, bastante chulas. Están en los muros del Parque Yildiz.

Y por fin llegué a la placita que precede a la mezquita de Ortaköy, llamada Büyük Mecidiye Camii. Porque Ortaköy es el nombre del barrio.
Si quieres ir desde Taksim hasta Ortaköy, lo mejor es que cojas el bus 129T que te deja en Besiktas y después ir andando, o buscar algún otro bus que te deje allí. Si quieres hacerlo todo andando, entonces te espera un trayecto de 1 hora aproximada.

Ortaköy era un pueblo de pescadores hasta que la ciudad se lo comió. Las callejuelas cercanas a la orilla del Bósforo aún se conforman con los edificios de madera y carácter de entonces, pero todo está ocupado por cafés “cool” y tiendas de recuerdos.
Los domingos hay mercadillo, y, en una plaza detrás de la mezquita, siempre hay una serie de casetas donde venden las famosas patatas asadas rellenas de todo lo que quieras. Los vendedores te llamarán para atraerte a su puesto, con la mejor de las sonrisas y… tú eliges.


La mezquita de Ortaköy se ve preciosa desde esta plaza, un poco de lado. Tal y como la imaginaba, es una muestra de barroco armónico, que no da tanta sensación de recargado como el cristiano. Más bien de caja de filigranas.
El interior también es precioso y como estaba vacía en ese momento, me ofreció unos momentos de paz mientras observaba cómo la luz del sol de la mañana entraba por las ventanas. Fue construida en 1854.

Es cierto que la mañana no es la mejor hora para visitar la mezquita de Ortaköy. A esas horas el sol incide sobre la fachada que da al Bósforo y que no puedes ver, porque no estás en el agua, pero el resto del edificio se queda en un contraluz bastante feo. Sin embargo, rodeándola por la parte izquierda desde la plaza, sí podrás ver una parte de espaldas al sol.
Tarihi Hüsrev Kethüda Hamamı
Desde la mezquita, subiendo por la calle de los puestos de patatas asadas, llegas a un cruce. Justo enfrente está el antiguo hamam Tarihi Hüsrev Kethüda, que hoy es una galería de arte. Lo encontré buscando sitios de interés en el mapa, y decidí ir para completar esta visita, ya que el Ortaköy antiguo se me hacía un poco pequeño.
Este antiguo hamman es un edificio precioso, con muchas estancias que se comunican por pasadizos de ladrillo abovedados.
La entrada es libre y siempre hay alguna exposición de arte contemporáneo que contrasta con el escenario donde se ubica. Yo que tú, me pasaría por allí 😊

Esta ruta por la Estambul occidental te permite ver cómo la ciudad abraza el futuro sin soltar su pasado genovés y otomano. Es un paseo lleno de estímulos que te hará entender por qué Estambul es una ciudad que nunca se detiene.
¿Cuál de estos 6 lugares es tu favorito? ¿Eres más del Puente de Gálata, las vistas desde la Torre o del ambiente bohemio de Ortaköy? ¡Te leo en los comentarios!
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