stone town

Actualizado el 27 marzo, 2022

La isla Zanzíbar es conocida por sus playas de aguas turquesas y por eso es un final de viaje, tras los safaris en Kenia y Tanzania, que muchas agencias incluyen en sus programas. Yo ansiaba conocerla, pero no tanto por eso sino por el casco antiguo de su capital, Stone Town.

En Stone Town se respira historia y mezcla de África, Arabia y Asia.

Es la ciudad donde Richard Francis Burton y su compañero Speke preparaban sus expediciones para la Royal Geographic Society. Y el mismo Livingstone

Dicen que Stone Town se puede ver en unas cuatro horas, pero yo no estoy de acuerdo

Las exigencias del guión, al ir en viaje organizado, no me iban a permitir estar más que una noche y mediodía en Stone Town. El otro día y medio era para las playas de Zanzíbar.

Al menos nos alojábamos en un hotel muy céntrico, dentro de este casco antiguo que es Patrimonio de la Humanidad, pero he de reconocer que me ponía de mal humor no estar más tiempo allí.

Vale, Stone Town no es un sitio grande. Tampoco tiene un gran número de museos y lugares concretos que visitar, aunque no carece de ellos. Pero ¿realmente un lugar así, que respira tanta historia, que guarda tantos detalles, y tanta vida local, no merece más que mediodía? Debe de ser que leo demasiado.

Un poco de historia de Zanzíbar y Stone Town

La historia de Zanzíbar puede empezar a contarse cuando recibió inmigrantes procedentes de Shiraz, la ciudad de los poetas de la antigua Persia (Irán).

Allá por el siglo X antes de Cristo llegaron estos persas y se establecieron en una tierra realmente distinta a su lugar de origen. Con el tiempo se mezclaron con la población local swahili y entonces empezó, seguramente, la historia multicultural de la isla.

Entre especias y esclavos andaba la cosa

Pasó mucho tiempo. La isla era conocida como base portuaria en las rutas comerciales entre África y Asia. Los portugueses anduvieron listos y en el siglo XVI establecieron en Stone Town una base comercial. Su plan era hacerse con la Ruta de las Especias, pero no contaban con los omaníes. Estos vinieron, aunque casi un siglo después, y lograron echar a los blancos de la isla. Quizá una de las pocas victorias contra las potencias europeas que ya jugaban a anexionarse territorios para ser eso, potencias.

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Atardecer desde el puerto de Stone Town

El sultanato de Omán siguió su camino allí y hacia mediados del siglo XIX, fíjate qué reciente es esto, el Sultan Said de Oman decidió trasladar la capital a Stone Town.

Muscat se veía así destronada por este pequeño paraíso situado mucho más al sur. A cambio, los omaníes ganaban puntos en sus intercambios comerciales con India, que ya dominaban desde hacía unos cuantos siglos.

En todo este trajín y tras muchas décadas se formaron dos clases sociales claramente diferenciadas: la de los árabes, que eran la élite del gobierno y los propietarios de las tierras, y la de los mercaderes indios.

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Calle de Stone Town

No sólo vivían del comercio marítimo. Zanzíbar se convirtió en el centro del vergonzoso comercio de esclavos que tuvo su punto álgido en ese siglo no tan lejano. Como el Golfo de Guinea en el otro lado del continente africano. Desde Stone Town se distribuía y redistribuía esta mercancía humana igual que la de las especias, sedas, incienso y demás.

También fue en el siglo XIX cuando Stone Town empezó a ser utilizada como primera base de salida de las expediciones de los exploradores que buscaban las fuentes del Nilo. Livingstone, el interesante Richard Francis Burton… En estas calles y mercados preparaban sus expediciones al cercano continente.

A finales del atareado siglo XIX, el Imperio Británico se fijó en Zanzíbar. Lo que no sabía es que era la puerta que facilitó la independencia del sultanato de Omán

Mientras sus exploradores pululaban por las calles estrechas de Stone Town, el Imperio Británico se fijaba más y más en Zanzíbar. En 1890 consiguieron anexionarla como Protectorado Británico. El sultán omaní seguía en su trono, pero más como «hombre de paja» que otra cosa.

Y así se quedó hasta que en 1963 Zanzíbar se independizó. Sólo un año después el sultán montó una rebelión, pero esta fue sofocada. Buena parte de la población árabe e india fue expulsada de la isla. Con el tiempo, muchos han vuelto.

Más tarde pero en ese mismo año, 1964, Zanzíbar se unió a Tanganika formando la República Unida de Tanzania (ahora ya sabes de dónde viene «Tanzania» = Tanganika + Zanzíbar). No obstante, y así sigue siendo, Zanzíbar es un estado independiente y como tal funciona a muchos efectos.

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Escuela Secundaria en Stone Town

Descubriendo Stone Town

Llegué a Stone Town con muchas y altas expectativas. En mi cabeza estaba esta historia y lo que había visto por aquí y por allí. Tenía muchas ganas de andarla, fotografiarla, de tomármela con calma. Justo lo que ya sabía que no podía hacer.

Caía el sol rápidamente, como ocurre en las latitudes tropicales, cuando por fin salimos a dar una vuelta tras registrarnos en el hotel.

Puesta de sol frustrada

Casi corriendo nos fuimos a ver el atardecer en el puerto, pero el sol se había metido justo un minuto antes de que llegáramos. Yo lo había vislumbrado de lejos, y era de esos días en que se presentaba como una enorme bola roja. En realidad las mejores luces del atardecer vienen después, pero queríamos dar una vuelta por Stone Town.

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Barcos en el puerto de Stone Town con las últimas luces del día

La zona, por otra parte, estaba vallada en buena parte por unas enormes obras. No sé cuándo terminarán, pero en el futuro se alzará un gran puerto.

Algunos hombres nos saludaron, tiramos un par de fotos, y volvimos hacia atrás.

Perdidos en la noche de Stone Town

Cuando quisimos darnos cuenta estábamos en pleno laberinto de callejuelas, desorientados. La luz cada vez era menor.

Pasábamos por hileras de puertas de madera pertenecientes a tiendas que a esa hora estaban cerradas. Puertas labradas como las de mis sueños.

La iluminación artificial era muy escasa. Había poca gente. Nos saludaban educadamente. Mujeres bien embozadas en sus hiyab o chador. Hombres que iban y venían en bici y motocicletas.

Empezó a sonar la llamada a la oración. Por un lado el escenario era fantástico y muy tranquilo. Por otro, no voy a negar que nos invadió cierta inquietud.

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Calles de Stone Town por la noche

Éramos tres amigos andando en la oscuridad y tratando de orientarnos con un mapa. Estaba muy claro que éramos turistas perdidos. Un blanco muy fácil. Pero al final encontramos el camino de salida y confirmamos que Stone Town es una ciudad muy segura 😊

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Entrando a la mezquita para la oración

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Los jardines Forodhani

Cuando conseguimos salir del laberinto, que no es tan grande, nos dirigimos a los jardines Forodhani, junto al mar. Yo había leído en internet que es un buen sitio para cenar. Y en efecto, un grupo de animados puestos se despliega en uno de sus lados.

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Puestos de pinchos a la brasa de los jardines Forodhani

En unos, los vendedores te llaman y tientan con pinchitos a la brasa de todo tipo: gambas, pollo, vísceras, y un largo etcétera. Son simpáticos esos tipos.

En otros, bebidas, helados y dulces se despliegan bajo la luz blanca de potentes lámparas. Locales y turistas, no sólo occidentales sino también de otros países árabes, van y vienen comiendo de pie. Me acordé un poquito de la plaza Djemma el Fna de Marrakech, salvando mucho las distancias.

También hay un restaurante que se adentra en el mar por una pasarela de madera, y un par de puestos fijos de kebab donde nos sentamos un rato. Me divertí observando a la gente y tratando de adivinar de dónde vendrían. ¿Dubai? ¿Omán? ¿India?…  Había parejas de recién casados y familias. Gentes de rasgos africanos, árabes y asiáticos. Era viernes y eso también ayudaba a que el ambiente festivo fuera mayor.

Qué ver en Stone Town en unas horas

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El mercado y sus alrededores

Con el día, quisimos empezar por el mercado. La parte principal es una nave no demasiado grande repleta de puestos de carne, pero ahí arrancan varias calles más, algunas cubiertas y otras a cielo abierto, estrechas.

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Entrada al mercado de Stone Town
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Ordenando la mercancía con mimo

Pulcros puestos de fruta y verdura, más allá venta de especias, telas, y objetos del día a día. La mezcla de gentes, rasgos y vestimentas es genial. Y entre todos ellos destacaban los gorritos y túnicas o disdashas tan similares a las que vi en Oman.

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Mercado de la carne de Stone Town
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Calle del mercado de Stone Town

Las puertas y balcones

Este es uno de los principales atractivos de Stone Town. Esa arquitectura antigua que no es africana. Balcones y puertas de madera trabajada. Fachadas pintadas de alegres colores, aunque desvaídos. Un poco de India, un poco de Arabia. ¿Dónde empezó ese estilo único? quién sabe.

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Balcones de Stone Town

Después he leído que las casas con grandes muros y ventanas pequeñas son las árabes. Aseguran la privacidad pero también la ventilación. Un gran portalón da paso a patios interiores, si tienes la suerte de verlos abiertos.

Otras casas, en cambio, lucen grandes balcones formando galerías. Madera trabajada en filigrana. Son las de los comerciantes indios de antaño… y quizá de ahora.

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Detalle de una gran puerta de Stone Town

Constaté que no es mala idea pasar allí un par de días, aunque repitas esquinas, portales y balcones. La mayoría son de la época del comercio de esclavos, es decir, del intenso siglo XIX que te he relatado antes.

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Cada una por su camino

Las calles de Stone Town

Callejear es un «must» en la ciudad vieja de Stone Town. La arquitectura, el aire decadente, los muros hechos con piedra de coral, la vida tranquila. Tan pronto te encuentras entre un montón de puestos de verduras y hombres ociosos sentados a la sombra, como en una plaza vacía, o casi.

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Una esquina cualquiera de Stone Town

Sí, Stone Town tiene la belleza que ya pude ver en Muscat, pero con su propia idiosincrasia, como no podía ser de otra forma. Parece un escenario, pero es real. Te dejo una galería de fotos para que te hagas una idea, aunque el post no ha acabado 😉

El Palacio Museo

Un enorme edificio pintado de blanco, con una gran galería sostenida por delgadas columnas, destaca sobre lo demás. Estamos junto a los jardines Forodhani.

Esta fue la residencia oficial del Sultán de Zanzíbar entre 1911 y 1964, cuando espoleó la citada rebelión. Después pasó a llamarse el Palacio del Pueblo.

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Palacio museo de Zanzíbar

La entrada cuesta 3$ pero no te puedo contar más, porque al ir escasos de tiempo, no llegamos a entrar.

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Leyendo en el palacio del sultán

El fuerte árabe

Junto al Palacio del Pueblo (me gusta este nombre), está el antiguo fuerte árabe, de entrada gratuita. Dentro no hay mucho que ver, salvo que hay un pequeño mercadillo de artesanía allí instalado. Las murallas se ven un tanto carcomidas por el salitre, pero hay que saber que datan del siglo XVII y fue construido por los omaníes.

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Interior del fuerte árabe de Stone Town

Otros sitios que ver en Stone Town

Hay varios hoteles que son casas históricas reformadas para el negocio y que me atrevo a afirmar que su interés está más en la fachada, pero si tienes tiempo, seguro que puedes entrar a curiosear.

  • Shangani Road es donde hay más concentración de edificios con balcones espectaculares. 
  • Kenyatta Road es otra de las calles llenas de hoteles y tiendas con este tipo de edificios. Por ahí los vendedores te asaltarán con sus pareos para la playa, collares, camisetas, etc.
  • Junto al Palacio Museo o Casa del Pueblo está la House of Wonders o «Casa de las Maravillas». Fue un palacio y el primer edificio de Zanzíbar que contó con luz eléctrica. Hoy es el Museo de Historia y Cultura.
  • El edificio Upimaji fue la casa de un mercader alemán, Heinrich Huete, que terminó casándose con la Princesa Salma.
  • Los Hammani Baths son otro punto que me hubiera gustado encontrar. Está en Hammani Street. Se trata de un hamman persa, dicen que con la decoración más elaborada de todo Zanzíbar. Por lo visto el portero te los enseña a cambio de una propina.
  • Hay incluso una catedral católica que está bastante en desuso por falta de feligreses.

Tendré que volver, y entonces sí, dispuesta a estar allí dos o tres días, porque seguro que Stone Town guarda mucho más.

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