hayedo en el monte karandila

Sliven es una ciudad mediana del este de Bulgaria que no es imprescindible en tu viaje a este país, la verdad sea dicha. No obstante, si vas a viajar a Bulgaria para bastante tiempo, y si quieres salirte de las rutas más convencionales, no te digo que no vayas. De hecho Sliven se sitúa en las faldas de los Balcanes, que están llenas de bosques magníficos, y el Parque Natural de las Piedras Azules está a tiro de piedra, así que es una parada más que interesante. La misma Sliven también tiene dos o tres atractivos a sumar. Aquí te lo cuento 🙂   

Dónde está Sliven y cómo llegar

Sliven está a 300 kilómetros de Sofía, la capital de Bulgaria, y tan sólo a unos 100 kilómetros del puerto de Burgas, en el Mar Negro. Mirando el mapa con cierta distancia, casi emociona ver lo cerca que está de Estambul

Para llegar a Sliven puedes coger un tren en la Estación Central de Sofía. Dicen que este recorrido es precioso porque atraviesa los Balcanes orientales. Y esta era nuestra idea, pero resultó que había no sé qué obras en las vías. El tren de las 16 horas de los sábados se había cancelado y no restablecían el tráfico hasta las 23 horas. Como se nos hacía un poquito tarde, decidimos intentar la otra opción: el bus.

La estación de autobuses de Sofía está al lado de la de los trenes, así que ni tan mal. Hay varios horarios para Sliven, solamente tienes que hacerte entender con las de las taquillas… Nosotros compramos billetes para el bus de las 17.00 h.

Es decir, en ambos casos tienes varias opciones por día para viajar de Sofía a Sliven de manera directa. El trayecto dura unas cuatro horas, tanto en tren como en autobús.  

Qué ver en el centro de Sliven

Sliven es una ciudad tranquila, muy tranquila, y contra todo pronóstico su centro histórico, compuesto por un par de calles peatonales y algunos jardines, están muy bien cuidados.

dos hombres y dos mujeres mayores sentados en un banco en el centro de sliven y detrás gran edificio clásico pintado de color verde claro
fuente de un parque de sliven con un abuelo y su nieta sentados delante. La fuente tiene una gran bola de piedra en el centro y chorritos de agua alrededor

No obstante, los edificios de factura comunista se alzan viejos y casi amenazadores por todas partes, y eso que los cercanos Balcanes son más altos, je, je. 

edificio antiguo en el centro de sliven y detrás una torre tipo soviética

Como te contaba, en el centro hay un puñado de edificios de principios del siglo XX que están recién restaurados. Pintados de colores pastel, coquetos, me recordaron un poco a Pecs, en Hungría.

Estos edificios albergan algunos museos como la Casa Mirkovich, donde suele haber exposiciones de arte contemporáneo. Entre unos y otros hay restaurantes muy majos, con sus terrazas y personal tomando el sol, si hace bueno. 

gente paseando por el centro de sliven con edificios neoclásicos pintados de colores en un día muy soleado
edificio clásico de sliven pintado de color crema y blanco y con una placa que pone 1910
grupo de cinco personas vestidas de boda al fondo de un pasillo formado por arcos pintados de color naranja en sliven

El monumento a los Haiduku, el corazón de la historia de Sliven

Si Sliven es conocida por algo, al menos en Bulgaria, es porque los partisanos o haidukus búlgaros lucharon con valentía contra el ejército otomano, allá por la década de 1830. 

Por si no lo sabes, los partisanos de aquí y de otros países fueron grupos de resistencia clandestinos que actuaron contra el gobierno, dictadura, o imperio en este caso. Practicando la guerra de guerrillas desde montes y bosques. Allí donde hubo “partisanos” hay leyendas, mitos, y en general simpatía de la población civil hacia ellos. Entre otras cosas porque eran parte de la población civil. Como los “maquis” de la Guerra Civil española. 

monumento a los partisanos en Sliven con jardin alrededor y monte karandila cubierto de bosques detrás

El caso es que los partisanos de Sliven, que lucharon en los bosques de las “montañas azules” que rodean a la ciudad, son objeto de orgullo y tienen una estatua altísima junto al casco histórico. Es típico hacerse una foto en su base, junto a uno de los bustos con grandes bigotes que están en el pedestal. Con ellos suele haber alguna corona de flores.  

La iglesia Sveti Dimitar 

Frente al monumento a los haiduku está la iglesia Sveti Dimitar. De nave muy alargada, y poca altura, no esperaba gran cosa ya que su exterior promete un sencillo templo ortodoxo. Cuando traspasas el umbral, en cambio, la cosa cambia completamente.

Poner un pie en su interior es adentrarte en una atmósfera medieval, llena de iconos y retablos en la penumbra, con un techo bajo y la iluminación de las velas. Es preciosa y para estar un buen rato, a pesar de su humilde tamaño. 

detalle de la fachada de la iglesia de sliven con cruz dorada que se recorta en cielo azul de atardecer y un círculo con el santo pintado

Sveti Dimitar fue construida en 1831, en los mismos tiempos del Imperio Otomano, y su tamaño dicen que tiene que ver con este hecho. Es decir, no estaba permitido construir templos de otra fe que fueran más grandes que la mezquita principal del lugar. Si aún queda en pie la mezquita de Sliven, por cierto, no te lo puedo decir porque no la vi… 

interior de iglesia de sliven con muchos cuadros de santos y la virgen maría y lámpara tipo araña dorada

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El mercado de Sliven 

Muy cerca de la iglesia, cruzando la avenida principal de varios carriles, está el mercado central de Sliven, en su mayor parte cubierto. 

galería del mercado de sliven con estructura de techo

Este mercado se divide en galerías de productos, como antaño. Las carnicerías, la ropa, alguna floristería, y la zona de frutas, verduras y frutos secos. Esta es la que más me gustó. Los productos de la huerta y bosques tienen una pinta increíble, las especias aportan un contraste de color buenísimo, y los frutos secos te hacen babear. 

El ambiente es muy tranquilo, aunque la gente se ve algo seria, mohína. Pero ahí están las verduras para alegrarte. 

rabanitos rojos y lechuga verde de cerca, ocupando la mitad de la foto cada uno, en el mercado de sliven

A continuación del mercado hay varios puestos de comida con mesas de madera en terrazas, ideales también para tomarte un refresco o cerveza 🙂 

El Parque Natural de las Piedras Azules

Me encanta el nombre de este parque natural! ¿a ti no? “…de las Piedras Azules”. Aunque el nombre búlgaro no se queda atrás: Sinite Kamani 🙂 

En realidad, como te puedes imaginar, azul, lo que se dice azul, no es. Bueno, cuando tienes el sol de frente y hay algo de niebla, sí. Mira esta foto y me dices.

montes balcanes con colores azulados y rocas en primer plano abajo a la derecha se ve la ciudad de sliven

Pero el color no importa tanto como darte un buen paseo por los inmensos hayedos de esta sección de los Balcanes. Es una pasada, más en otoño. 

Te dejo aquí el enlace a la página oficial de turismo de Bulgaria donde hay información de su fauna y flora, en inglés. 

carretera rodeada de árboles con colores del otoño y una fuente a la derecha

Puedes subir en coche desde Sliven, o coger el teleférico, y una vez arriba seguir alguno de los senderos buscando las cuevas donde vivían los haidokus.

Cuidado, estos senderos no están muy bien señalizados y sólo hay carteles en cirílico, pero seguramente te puedes hacer con un mapa en la oficina de información de Sliven, que está en el centro de la ciudad. 

vistas de los balcanes con edificio de teleférico en el centro derecha de la foto y cielo muy azul
Vistas desde la Torre de la Televisión. A la derecha se puede ver la estación del teleférico.

El teleférico se coge en Kaptazha Area, al norte de Sliven, y la subida es de unos 20 minutos para recorrer casi dos kilómetros. Te dejo un enlace con la descripción técnica y los horarios aquí. Lo malo es que está en cirílico. Lo bueno es que viene un teléfono al que puedes llamar para informarte. Hay que tener en cuenta las fechas: nosotros fuimos en la tercera semana de Octubre y estaba cerrado. Creo que nos dijeron que para esas fechas sólo abre los fines de semana. En cambio, según esta página hay un horario de verano y otro de invierno, pero como no especifica qué días, ni qué meses abarca cada época del año, pues es un poco lío. 

Una alternativa para subir a las montañas puede ser llegar a un acuerdo con algún taxista de Sliven. Le tendrás que indicar dónde te puede dejar. Recomendable pedirle el teléfono para que le llames y suba a buscarte. Si no… toca bajar a pie por la carretera, y/o hacer autostop. 

He leído que también hay un microbús que te deja cerca del teleférico, pero sus horarios son irregulares.  

El monte Karandila es la altura más prominente de la zona, y en realidad tiene sólo 1.050 metros de altura sobre el nivel del mar. Sin embargo, desde arriba las rocas desnudas que se entremezclan con los frondosos bosques y lo empinado de las laderas hacen que te sientas a mayor altura. 

Es curioso ver desde el coche y los miradores cómo los bosques tienen diferentes tonalidades según en qué ladera se encuentren. 

árboles con hojas amarillentas en movimiento pasando con el coche

La torre de la televisión búlgara 

Uno de los puntos más populares del Monte Karandila es el lugar donde se alza la Torre de la Televisión Búlgara. Dicen que ésta es la antena desde donde se retransmite toda la señal al país. No sé si será cierto, pero es accesible en coche y lo que hay junto a ella es una vista de 360 grados del valle y esta parte de los Balcanes. Así que sólo por eso, merece la pena hacer una paradita. 

pinos y hayas con llanura al fondo tapada por nubes bajas y cielo azul en sliven

Eso sí, no hagas como la gente del lugar, que se suben a una antigua plataforma (probablemente la del teleférico antiguo) para hacerse fotos o sentir el peligro. Está oxidada y amenaza con caerse en cualquier momento.

El monumento escondido

Localiza en el mapa un lugar llamado Karandila Bakery, junto a la carretera. Ahí tienes una panadería con buenos productos, mesas de picnic, y contenedores de basura, además de un parking gratuito. 

Alrededor de estos edificios los hayedos te abren sus brazos y caminos, y muy cerca hay un pequeño lago donde los árboles se reflejan perfectamente. 

hayas con troncos retorcidos y un rayo de luz pasando por las hojas y suelo lleno de hojas rojizas caídas en el monte karandila

No obstante, lo mejor está internándote por un desvío que hay cruzando la carretera, por detrás de la panadería mencionada. Es otra vía pequeña, accesible en coche, que está bastante cuidada. ¡Incluso tiene una hilera de farolas! Lo que no recuerdo es que hubiera algún tipo de señalización, y es extraño, porque el lugar es fantástico. 

camino entre hayas y suelo lleno de hojas secas y un hombre andando por el centro en el monte karandila

Las hayas son monumentales, hay un pequeño riachuelo que quizá en primavera baje más colmado de agua, pero es en otoño cuando seguro, seguro, te vas a quedar con la boca abierta. 

rama de hayas con hojas verdes amarillentas junto a grandes troncos visto desde abajo en sliven

Los hayedos en otoño enganchan la mirada igual que el mar, el fuego o la nieve. Hipnotizan, y puedes estar horas y horas mirando cómo los rayos del sol evolucionan entre las ramas, iluminando hojas, troncos y hongos.  

dos troncos de haya naciendo de misma raíz con suelo lleno de hojas secas a su alrededor y rayos de sol iluminando como a rayas
tronco con agujero en el que han salido cuatro hongos en fila vertical
tronco de haya nudoso con agujero en el centro, musgo verde y hojas secas en sliven

A lo que vamos: andando unos 300 metros te encuentras con una gran estatua de corte claramente soviético. Es un monumento conmemorativo a los 200.000 soldados rusos que murieron ayudando a los partisanos en su lucha contra los otomanos. Fueron decisivos para la victoria, aunque la leyenda de los partisanos es la que siempre se pone de relieve en la historia de Sliven.  

monumento de piedra a los soldados rusos es una figura mirando de lado con puño en levantado en la misma dirección en medio del bosque

Aún no he decidido si el monumento en sí, que cuenta con un murete y canalización del agua del arroyo, me gusta o no, je, je, pero el sitio es curioso e ideal para montarte un picnic. 

Cuando fuimos nosotros no había absolutamente nadie, y nadie pasó por la carretera, pero había restos de picnics anteriores. No lo hagáis por favor, no dejéis vuestra basura allí, hay que cuidar el planeta

gran tronco de haya de color gris claro con nudos en el tronco y algunas ramas con hojas y suelo lleno de hojas rojizas en el monte karandila

En toda la zona hay varios hoteles y guesthouses, la mayoría compuestos por casitas o bungalows. Un buen lugar donde retirarse a pasar unos días recorriendo estos bosques. Dicen que hay mucha fauna salvaje. 

La verdad es que es un área llena de posibilidades. Senderos, merenderos, cascadas, las mencionadas cuevas… Todos son sitios estupendos donde parar para dar un paseo por el bosque. Eso sí, te recomiendo que  no vayas a ciegas (como nosotros, ji, ji), y estudies un poco el mapa antes de ir, o te informes en la oficina de información turística de Sliven. Así aprovecharás mejor tu estancia. Además, por lo visto ofrecen tours guiados en inglés y en búlgaro. 

Un último detalle. Junto a la carretera, e incluso en la mencionada panadería cercana al monumento a los soldados rusos, hay varias fuentes. Es bastante común ver a viajeros y gente de Sliven que paran a llenar garrafas y botellas. La razón es que estas montañas son famosas por sus aguas, dicen que muy buenas para la salud, incluso curativas.

El pueblo de Stara Reka

Si subes unos kilómetros más, aguantando las curvas entre bosques, puedes llegar al pueblo de Stara Reka. Este es un ejemplo, aunque hay más, de pueblos de montaña de Bulgaria

casa de pueblo de dos pisos con chimenea y tejado de tejas

Nosotros fuimos invitados a comer en una de sus casas, en plan totalmente familiar, pero aunque no tengas invitación ni propósito alguno, te recomiendo que hagas un alto y des una vuelta entre estas casas de campo de ladrillo y tejados a cuatro aguas, con sus jardines y pequeñas huertas, gallinas, árboles frutales, y tranquilidad absoluta. 

olla de porcelana blanca con flores dibujadas sobre una cocina de leña en el patio de una casa de pueblo

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