retrato de niña gitana sonriente mirando de frente a la cámara en blanco y negro

Durante cinco días he convivido con los gitanos de la mahala Nadezhda en la ciudad de Sliven, Bulgaria. Durante cinco días he sido agasajada, junto a un grupo de amigos, por este pueblo tan injustamente desconocido y rechazado de forma casi automática por mucha (demasiada) gente. La idea era viajar para conocer, compartir, intercambiar, dar y recibir. Tender puentes. Lo conseguimos. He aquí las notas de una gran experiencia con gitanos de Bulgaria, y más 🙂

Siento mucha responsabilidad escribiendo este post, pero me digo a mi misma y a ti, lector o lectora, que escribo desde el respeto y el cariño. Con él sólo pretendo contribuir a que haya un poco más de empatía en este mundo. 

niñas pintándose las uñas en la calle en la mahala de los gitanos de bulgaria

Por otro lado, te diré que pensaba organizar este artículo de forma clásica: primero unas pinceladas de historia, y después mi experiencia. Pero ha salido largo y he decidido ser buena, así que lo he invertido. Si buscas el «morbo» de saber qué tal me fue, lo encontrarás enseguida. Si después quieres, puedes seguir leyendo sobre la situación de este pueblo en Bulgaria y el mundo, desde una perspectiva histórica y de actualidad. Te recomiendo esta segunda parte, no sólo porque lo he escrito, sino porque alucinarás.

Cómo surge este «viaje»

Kim, un guía amigo desde hace muchos años, artífice del proyecto Afrovaca que te presenté en este blog hace tiempo, convocó por email a un grupo de amigos. Nos invitaba a hacer un viaje a la mahala Nadezhda de Sliven, un barrio gitano de esta ciudad del este de Bulgaria.

Kim conoce a la gente de la mahala de Sliven desde hace años. Ha asistido a sus bodas, ha pasado allí temporadas, fascinado por la música que hacen, y es una suerte de manager de algunos de los que tocan en Barcelona. 

kim asomado al balcón con grupo de palomas volando que parecen salir de su cabeza

El plan, ya lo he dicho: convivir con algunos gitanos de Bulgaria durante cinco días con sus noches. Conocerles a ellos personalmente, su situación actual y tender puentes, fomentar la empatía.

Lo haríamos con pocos planes concretos a la vista, más allá de «estar» allí, y contribuyendo económicamente: pagando el alojamiento y comida, consumiendo servicios y productos de allí, y dejando un pequeño beneficio lo más extendido posible en la comunidad.

Dar, recibir, y contarlo después. Algunos de nosotros lo están contando en su entorno más próximo. Por mi parte, lo cuento en este altavoz que es el blog, algo que hablé previamente con Kim. Es decir, quise contar con su aprobación. ¡Espero estar a la altura!

Por otro lado, a mi siempre me suscitó curiosidad positiva la cultura gitana. No sería mi primer contacto con ellos, pero siempre fue más fugaz que en esta ocasión.

¿Por qué esa curiosidad? Te preguntarás. Quizá porque es un pueblo que la mayoría se empeña en denigrar con toda clase de tópicos. Sin dar ni los buenos días. Generalizando, que es gerundio. Quizá para compensar lo que no me gusta que hacen otros.

Total, que cuando recibí el email supe que me apuntaría. Creo que tardé media hora en enviar un Sí rotundo. 

Procedimos a comprar los vuelos, el seguro de viaje, y esperar a que pasaran los meses hasta que llegase el momento de partir.

Reconozco que cuando se acercaba la fecha, las vocecitas de mi cabeza me gritaban esos tópicos que todos tenemos en mente, y de los que no soy ajena. Tenía un grado de incertidumbre más alto de lo habitual. ¿Dónde dormiríamos? ¿y si no había química entre ellos y nosotros (o yo)? ¿sería peligroso? ¿qué comería? …  

Pero al mismo tiempo me acordaba de la confianza que tengo en Kim, así que cuando llegué a Sofía me sentía tranquila, dispuesta a aprender muchas cosas y a que este fuera uno de los viajes más humanos que he hecho. Así ha sido.

niño gitano sonriente levantando una mano y con un collar de cuentas de colores al cuello

Más allá de estas palabras, es difícil darle un nombre a esta experiencia.

Ninguno queríamos que se entienda, ni entenderlo nosotros, como un “turismo de miseria”. Tampoco como un “viaje antropológico”, pues no íbamos a estudiar nada en concreto. No ha sido un “viaje solidario”, no íbamos con ningún proyecto concreto bajo el brazo (otra cosa es que surja después) ¡Y desde luego no han sido unas vacaciones mondas y lirondas!

Podríamos decir que queríamos hacer, y hemos hecho, una microacción de entendimiento, comunicación, empatía. Una «acción social participativa». Porque la suma de las cosas pequeñas pueden llegar a hacer cosas grandes. Creo que es así como deberían ser todos nuestros viajes: microacciones de empatía.

Situando en el mapa a Nadezhda, la Nueva Orleans de Bulgaria

Sliven es conocida como “la capital de los gitanos”. En esta ciudad del este de Bulgaria, de tamaño mediano, hay al menos dos mahalas o barrios gitanos.

ciudad de sliven desde los balcanes. Se ven al menos dos chimeneas de industria soltando humo
Sliven desde el Monte Karandila. Nadezhda es un grupo de casas bajas con forma de cuadrado que está a la izquierda de la chimenea y de los tres edificios cuyos tejados se ven iluminados por el sol.

Buscando en internet la palabra mahala, me encuentro con una traducción del rumano a español que indica “barrio pobre”. A mi me dijeron que mahala es una palabra gitana que significa “barrio”, y punto. Detalles.

El caso es que nuestro destino es la mahala Nadezhda. Y este es el barrio que podríamos llamar «la Nueva Orleans de Bulgaria”. ¿Por qué? Porque allí viven unas 300 familias de Musicandi, el oficio al que se han dedicado desde siempre. Generación tras generación. Unos son violinistas, otros acordeonistas, otros percusionistas… La música se respira en cada esquina, doy fe de ello.

músico tocando trompeta foto en blanco y negro en mi experiencia con los gitanos de bulgaria

Una de estas familias fue la que nos recibió y prestó su casa, esfuerzo y cariño, mucho cariño. No fueron los únicos.  

Notas de una experiencia de convivencia con los gitanos de Bulgaria

La visión de Nadezhda es menos apocalíptica de lo que me había imaginado. Las calles están pavimentadas y las casas están construidas con ladrillos o bloques de cemento. Son de dos pisos, algunas de tres. Ya no son las casitas de adobe que empezaron siendo. Muchas están en obras, en proceso de cambio. Muchas lucen buenas ventanas con climalit, que son una bendición para los fríos inviernos de Bulgaria.

Cada una tiene su estilo, depende de cada familia, pero lo que está claro es que se respiran nuevos aires en el barrio. La razón es la emigración. 

calle de la mahala de sliven con un gato negro cruzando y al fondo gente y un carro

En Nadezhda se habla mucho español. Porque muchos han emigrado a España. También a otros países como Inglaterra o Alemania, pero la mayoría han ido, van y vienen, a España. 

Con el dinero ganado trabajando en el campo o viviendo de la música, están logrando que el barrio respire nuevos aires y con ello sus vidas… aunque hay mucho, mucho por hacer. Poco a poco, paso a paso, y por su cuenta. No porque no quieran ayudas del exterior, sino porque no las hay. Más bien lo contrario.

plaza de Nadezhda con casas con tejado a dos aguas y balcones iluminadas por sol del atardecer

Nadezhda tiene una plaza como la de cualquier pueblo donde se ubican las tiendas principales, un par de cafeterías y casas de comidas. Una de ellas en una roulotte. Detalles, todo está lleno de detalles.

Muy cerca está la primera casa de apuestas, clavadita a las que han proliferado en todos los barrios de Madrid. Me temo que no será la última de esta plaga que asola las calles de aquí y las de allí. De las tragaperras de los años 80 a los sitios de juego que buscan exprimir a todos, y en especial a los que menos tienen 🙁  

roulotte cafetería en la plaza de la mahala de sliven gitanos de bulgaria
La roulotte bar de Nadezhda con su terracita

La plaza hace un poco de frontera entre dos de las zonas diferenciadas del barrio, que te explico a continuación. Porque aquí también hay clases y diferencias, como en todas partes. 

casa de la plaza haciendo esquina con balcón acristalado y un póster de jesucristo y una mujer de pie en la esquina y un hombre sentado en la acera

El barrio entero está rodeado y limitado por las vías del tren y la industria de la ciudad. Hay algunas fábricas echando humo todo el día, lo que parece una central térmica, un depósito de coches… Y el muro. Luego te hablo de él.

Así pues, sólo hay dos accesos, el resto está «acordonado» por los límites que acabo de mencionar.

Uno es el paso por debajo de las vías del tren. Es el que usan los viandantes, en especial los niños que cada día van al colegio con sus madres. El colegio está fuera pero es sólo para gitanos.

El otro, es el acceso que pueden utilizar los coches, una entrada desde la carretera principal que cruza Sliven. 

Hay personas que no han salido nunca de la mahala, o como mucho para algún viaje al médico u hospital.

Nadezhda tiene al menos tres zonas o barrios

El barrio de los gitanos turcos, con casas más grandes y mejor acabadas, es el más próximo al cinturón industrial que separa la mahala de la ciudad. Aquí hay más dinero, no cabe duda. Al menos una parte de ellos son musulmanes y la mezquita, moderna, de claro diseño otomano, despunta al fondo de la calle que recorre el muro del guetto. 

calle del barrio de los gitanos turcos en Nadezhda con cuatro chicas a la derecha y grupos de niños
El comienzo del barrio de los gitanos turcos, desde el acceso de las vías del tren

Luego está el barrio de los gitanos búlgaros o no sé bien cómo llamarles para diferenciarles de los turcos. Aquí es donde viven nuestros anfitriones y casi todas las familias Musicandi.

Y luego está la zona de los laho

Los laho son los pobres de los pobres. Son marginados dentro de los marginados por ser más pobres, más ignorantes, más… El sistema de clases y marginación que hay fuera se reproduce dentro. Una siente verdadera impotencia al constatar que los humanos no aprendemos

Se cree que los laho venían del imperio otomano. No compartían idioma con los roma de Valaquia (hoy Rumanía). Les echaron y se tuvieron que trasladar a Bulgaria. Y de ahí su nombre, ya que al llegar les preguntaban de dónde salían y al no hablar el mismo dialecto, se limitaban a decir “valaco, valaco”. Laho sería una derivación de “valaco”, pues. 

La diferencia les marcó y les sigue marcando. Los rasgos de los laho son distintos, de piel mucho más morena y ojos increíbles. Me atrevo a afirmar que su belleza es superior. La mirada es profunda, penetrante.

retrato de dos niños laho uno en primer plano sonriendo a la cámara con ojos muy negros y el otro al fondo desenfocado

El suelo de sus calles es de barro y pasan hambre de verdad, tienen todo tipo de enfermedades y su situación es más que penosa. Viven sin luz ni agua en la Europa del siglo XXI.

Esto lo sé porque nos lo cuentan, pero no llegué a entrar en esa zona. Los laho temen al extraño. Están permanentemente heridos, sufriendo el rechazo de todos. 

tres niñas posando junto a una pared donde hay pintada una palmera

Aunque conseguimos que Nicolás, el mediador de la escuela que trabaja con ellos, acompañara a los que quisieran ver de cerca esa realidad, decido quedarme en casa. Me asaltan las dudas sobre ése gesto, y decido no ir. No quiero someterles a un encuentro que no piden y que no va a reportarles ningún beneficio claro, directo, a cambio de saciar mi curiosidad.

Quiero dejar claro que cada uno pone sus límites y yo decidí ponerlos ahí, en ese momento y ante esa circunstancia, pero no censuro a quien sí quiso ir y verlo con sus propios ojos. Esto es realmente muy personal.

¿De qué viven en la mahala Nadezhda?

Durante nuestros días en la mahala aprendemos que aquí se tienen que autogestionar para salir adelante. 

Por ejemplo, los laho (y algunos no laho) se encargan de recoger la basura a domicilio con sus taliga.

Las taliga son unos carros de madera tirados por un caballo que siempre lleva un pompón de lana rojo sobre los ojos, y un collar de cuentas de colores con una campanilla. Estos adornos son protecciones contra el mal de ojo.

Cuando pasa una taliga, además del tintineo de la campanita hay como un pequeño salto en el tiempo. 

hombre junto a su caballo blanco enganchado a la taliga y dos mujeres a la izquierda una sentada y la otra de pie sonrientes en la mahala de los gitanos de bulgaria
Orgulloso de su taliga, y no es para menos
cabeza de caballo con collar de cuentas de colores y campanita de metal
Collar que protege del mal de ojo

En muchas casas se abren pequeños comercios. Allí venden zapatillas y ropa. Aquí trajes de boda. En la siguiente esquina chuches y cosas de papelería. Allí hay una esteticista, peluquera, o un barbero con sus carteles hipster y todo.

hombre afeitándose en el barbero con vapor delante de la cara para abrir los poros
casa con venta de zapatillas de deporte y detergentes y un gato a la derecha comiendo algo en el suelo en el barrio de sliven de los gitanos de bulgaria
Tienda de zapatillas y detergentes

Flora, nuestra anfitriona, tiene una pequeña cafetería en los bajos de su casa. Despacha cafés, vende bollos y snacks, refrescos, agua mineral, detergentes y algunos otros productos de primera necesidad. Todo en pequeñas cantidades, pero suficiente para que los vecinos puedan pagar. Y si alguien no puede, se fía, apuntando en una lista lo que debe. No vende cosas caras porque entonces tendría que fiar a mucha más gente y sería su ruina. Tampoco vende alcohol, para no atraer a los borrachos del barrio, que los hay. Todo está bien pensado. Con este pequeño negocio cubre los gastos de la casa. La factura de la luz, la leña, la comida, las cosas de los niños. 

Resulta que muchas veces son ellas las que sostienen la economía familiar, la del día a día. Además de lavar, fregar, cuidar de los niños, cocinar, vivir con la suegra, cuidar de los mayores y de los enfermos.

gente andando por la calle en la mahala de sliven una señora mayor con dos panes bajo el brazo gitanos de bulgaria

Las mujeres son las primeras que se levantan en la casa y ya no paran hasta que se hace de noche y más allá, aunque sean las primeras en retirarse a descansar. Siete días a la semana, 365 días al año.  

abuela arreglando la lumbre en la acera de la calle para preparar pan tradicional en la mahala de los gitanos de bulgaria

La mahala de Nadezhda también es conocida como “el barrio de la nuez”. Muchas familias recogen las nueces de los bosques que rodean Sliven, y las cascan para venderlas en el mercado. Sacos y sacos vienen y van en las taligas (que también sirven para esto), en los meses de otoño.

Con las cáscaras, por cierto, se alimentan las lumbres y estufas, en especial las de los hamamis o baños para calentar el agua de la ducha. Una ducha de lo más aromática que da mucho gustito! 🙂  

manos abriendo una nuez con martillo al lado en el suelo y parte del montón de nueces peladas a un lado
cajas de nueces del mercado de sliven
Venta de nueces peladas en el mercado de Sliven. El kilo está a unos 8 €

Nunca olvidaré a la abuela que saludábamos todos los días. Se sienta al sol y casca las nueces durante horas, pacientemente. Sus manos están tan arrugadas como hinchadas por ese trabajo ingrato. Espero que le llegue la copia de esta foto, que me pidió ella misma.  

abuela de la mahala de sliven con pañuelo anudado en la cabeza y sol de atardecer gitanos de bulgaria

Casi parece que se vive muy bien en Nadezhda, pero no es así. Es un barrio marginal y como tal tiene muchos problemas. Otra cosa es que la mayoría de su gente sea resuelta y no se resigne a la pura miseria.

Los habitantes de esta mahala se enfrentan cada día a multitud de problemas.

Saben que los bomberos se niegan a entrar en sus calles porque dicen que son demasiado estrechas para los camiones. Realmente no creo que esa pega se la pongan a los ciudadanos búlgaros, en el resto de la ciudad. Lo mismo ocurre con las ambulancias, y los camiones de recogida de basura.

Las autoridades municipales practican cortes de agua sin avisar, y nunca se sabe por cuánto tiempo.

No hablemos de que el paro ronda el 60%, y que fuera de la mahala hay demasiados búlgaros que no quieren contratarles porque son gitanos. Incluso lo dicen abiertamente en las encuestas.

El futuro es tan difícil fuera del barrio, que tienen que emigrar para sostener a sus familias, aunque terminan volviendo porque éste es su lugar en el mundo y donde están sus seres queridos.

Primeros pasos en la mahala de Sliven

Llegamos un sábado del mes de octubre siendo noche cerrada. Viajamos en autobús desde Sofía y tras unas cuatro horas de trayecto cogemos unos taxis hasta la estación de tren. Allí está el acceso subterráneo que he mencionado antes.

El taxista nos dice que tengamos cuidado, que hay mucho delincuente. Debe de creer que vamos a coger un tren. Sacamos las maletas del maletero y nos vamos derechos al túnel. El taxista ya debe de estar con la cabeza dando vueltas como la niña del exorcista, aunque no me digno a darme la vuelta para comprobarlo.

La entrada a Nadezhda es un pasillo oscurísimo. Tiene luces, pero por la noche están apagadas. Durante el día, encendidas. Pregunta al ayuntamiento de Sliven por qué hace eso.  

túnel de entrada a la mahala de sliven muy largo, oscuro y con escaleras al fondo y niños como sombras

Nos acompaña Tosko, que ha venido al aeropuerto de Sofía a recibirnos. Es nuestro anfitrión y también un tipo vivo, simpático, inteligente, tenaz y gran músico. Se le coge cariño rápidamente.

Al empezar a bajar por el túnel me digo que no hay nada que temer, pero reconozco que no me metería por ahí sola ni loca, independientemente de que el conducto me lleve a un barrio gitano o no gitano. 

Al otro lado nos esperan Flora, que es la esposa de Tosko, y Radostin, uno de sus hijos, muy amable, siempre sonriente, y creo que con un carácter más parecido a su madre. Nos abrazamos con afecto ya desde el primer momento. 

Flora me gusta. Es tranquila, dulce, un poco tímida, entrañable y trabajadora incansable. 

Enseguida aparece un nutrido grupo de niños alborotados, de aspecto sucio y pobre (son laho, como sabríamos después).

Divertidos, ruidosos, sonrientes, guapísimos, nos dan la bienvenida con la inocencia y generosidad infantil de cualquier parte del mundo y nos siguen por las calles tenuemente iluminadas hasta la que va a ser nuestra casa durante los próximos días. No doy abasto chocando manos, todos quieren saludarnos. Y cuando llegamos a la calle de Tosko, igual. Sale su hermana y me planta dos sonoros besos y un gran abrazo, y así uno tras otro. Es emocionante, me siento bien, y me acuerdo un poco de África y la importancia del saludo y el contacto. 

niños sonrientes abriendo la boca para salir en la foto una tarde en sliven convivencia con los gitanos de bulgaria

Ya en casa nos encontramos con una mesa primorosamente dispuesta. Está llena de ensaladas, fiambres y otras viandas. No sería este el único “banquete”. Por si te quedas con la duda: comimos muy bien y volví con un par de kilos más.

Un recuerdo especial para la banitsa que nos hacía Flora para desayunar (hojaldre relleno de queso sírene, parecido al feta griego), el pollo asado, el puchero de patatas con carne magnífico, las ensaladas, el tomate y los pimientos embotados que guardan para el invierno, mmmm….

mesa llena de platos con pollo asado, pepinillos, aceitunas, patatas fritas y pimientos asados en mi experiencia con los gitanos de bulgaria

Mientras cenamos, viene a saludarnos la pequeña Oli, una de las nietas de Tosko. Es maravillosa. Es una niña que te reta, te seduce, te sonríe cuando le da la gana, o te mira con el ceño fruncido durante no sé cuánto tiempo. Otro día viene corriendo y te da un abrazo que te deja muerta de amor. Tiene cuatro años y medio. 

retrato de Oli conmigo
Con mi querida Oli

El bebé Tosko también hace su aparición. Con tan sólo un año y cuatro meses se asusta mucho. ¡Tantos desconocidos juntos, y encima blancos! (destacamos mucho por nuestro color de piel). Un par de días después ya nos reconoce como amigos y se ríe mucho con nosotros 🙂

En ese salón comedor nos instalamos cuatro personas en dos camas grandes. Junto con la cafetería de Flora, será nuestro cuartel general. Aquí tenemos sesiones de trompeta, violín,  guitarra y canciones de los Musicandi. Todo regado con cerveza y rakia, un aguardiente búlgaro. 

pantalla de móvil grabando a violinista y guitarrista en la casa de sliven gitanos de bulgaria

La casa es humilde pero está muy limpia y es calentita. Sobre la limpieza: siempre están barriendo, lavando, fregando. Ellas, siempre ellas

La música y el ruido en general serán nuestros acompañantes

El barrio no calla desde que amanece hasta que cae la noche y aún un poco más. Siempre hay alguien bailando y escuchando música a todo trapo. Nosotros también lo hacemos. Más de una tarde Tosko o alguno de sus hijos, Radostin y Bozhidar, sacan a la calle los altavoces y la mesa de mezclas conectada al ordenador, y a poner música.

Leo que el ruido es parte del estar en familia. Una huída de la soledad. Si uno está solo y en silencio, es que algo le pasa o es que ha sido condenado al ostracismo porque ha hecho algo malo. Y no hay peor cosa que quedarte fuera de tu comunidad. Es otra manera de ver las cosas.

barbacoa en la calle con grupo de vecinos alrededor esperando para llevarse una ración
Barbacoa en la puerta de casa para despedirnos del barrio. Suena la música a tope y muchos vienen a tomarse algo con nosotros.

Cuando salimos de la mahala para ir al centro de Sliven o hacer alguna excursión por los montes de alrededor, nos recibe el casi-silencio. Es increíble, pero cierto. El contraste es brutal. Parece que el resto del mundo está muerto al lado de la algarabía de la mahala. Incluso cuando llego a Madrid, ya de vuelta, experimento esa sensación de que todo el mundo va muy callado, nadie te saluda, no hay ruidos “de verdad”.  

A ritmo de pueblo 

Nos levantamos cuando el cuerpo lo pide, la mayor parte de los días. Días, horas, que pasan sin hacer nada especial y a la vez forman un momento especial en nuestras vidas porque están llenas de conversaciones intensas, encuentros y detalles. Es muy estimulante, relajante, entrañable.

En más de una ocasión me acuerdo de mis temporadas en el pueblo cuando era jovencita. Mucho tiempo en la calle, mirando la vida pasar, tomando algo, charlando, riendo. Sin prisas, sin objetivos concretos, pero siempre con los demás, en comunidad.  

calle de la mahala con chico montado en bici y gafas de sol y sol de atardecer gitanos de bulgaria
padres con el pequeño tosko tocando el tambor a la puerta de casa y la pequeña oli jugando con él. El acordeón está a un lado en el suelo

Somos una pequeña atracción. Y lo bueno es que mucha gente habla español. Es genial, facilita tanto la comunicación y comprensión…

Nos dan los buenos días o buenas tardes, nos cuentan que viajan a España a trabajar por temporadas. A pueblos de Albacete, Alicante, Barcelona, Ciudad Real… Ya hay una generación de jóvenes que han nacido en España y se sienten tanto de aquí como de allí.

Algunos nos preguntan a qué hemos venido. Nuestra respuesta es la misma que he dado aquí. Hemos ido a visitarles, a conocerles. Sin más. Cabecean un poco y terminan aprobando, sonriendo. Es raro, nunca han visto esto, que unos blancos vayan de «turismo» a su barrio pero oye, están en casa de uno de los suyos y parecen buena gente así que ¿por qué no? Sentimos que nos aceptan. Y la aceptación es básica para sentirte bien en un lugar.

charlando con varios gitanos de bulgaria en una calle
Uno de los muchos encuentros en la calle. Foto de Santi Palacio @wildportrait

Nos sorprende que en todas y cada una de las conversaciones nos digan que en España se sienten “bien tratados, sin racismo”. Así, sin aderezos de ningún tipo. En España sienten que les tratan como personas y en Bulgaria, no. Y puntualizan que es algo que va más allá del rédito económico que les supone emigrar.

Quizá lo estén idealizando un pelín, me digo a mí misma, pero… ¿cómo será el trato en Bulgaria? Leyendo sobre la historia de los últimos siglos y las noticias de actualidad, te puedes hacer una idea.

Desde luego cuando salimos de la mahala sí observamos miradas y gestos que son de claro rechazo, negativos. También miradas de extrañeza, pero sobre estas no puedo decir que la visión de un grupo de extranjeros acompañados por uno o dos gitanos sea muy común.  

Curioseando en algunas tradiciones o reminiscencias del pasado

Un día salimos a un campito que hay cerca de la mahala. Nos van a hacer una demostración de la doma de caballos, uno de los oficios tradicionales que se está perdiendo. Nos muestran sus habilidades mientras cae el sol, y a la vuelta me subo con Kim a la taliga que lleva este mismo caballo. 

dos hombres domando a un caballo en un campo uno de ellos montado sin silla y el caballo alzando la cabeza gitanos de bulgaria

Volvemos a la mahala por el arcén de la carretera disfrutando de un atardecer mágico. Me río por dentro pensando en la situación en la que estoy, y también lo comento con Kim. En cualquier caso no es la primera vez que me veo en un cuadro raro, en algún viaje.  

atardecer en la carretera subidos en un carro tirado por un caballo en mi experiencia con los gitanos de bulgaria

Al entrar en la mahala nos decimos que seguramente todo el mundo nos va a mirar, que la pequeña atracción que somos va a subir de nivel. Dos guiris montados en una taliga no se ve todos los días. Pero no. La gente está a lo suyo en la puerta de sus casas, peluquerías o tiendas. Prácticamente nadie levanta la vista hacia nosotros. Toma cura de humildad, ja, ja, ja. 

Otro día nos acercamos a ver a una adivina o pitonisa. Ejem, ejem. Siempre he rechazado esta práctica, lo reconozco. Sentados en su propia cama, echó las cartas a todos (baraja de póker, no de Tarot). Yo no quería, pero ella se empeñó en dirigirse a mi y… no acertó en nada. Parece ser que no abrí el canal. Insisto, yo para estas cosas soy muy racional. 

Y una tarde la abuela de la casa de enfrente nos hace un pan tradicional, cociéndolo enterrado en brasas. Es igual que la taguela tuareg, aunque un poco más grueso y delicioso 🙂 

mano amasando masa para hacer pan

También nos montamos un picnic en el río Tundja que pasa junto a Sliven. Ellos lo hacen para celebrar San Jorge. Entre los taxistas de la mahala, los laho de la taliga, y las familias Tosko y Bozhidar, conformamos un grupo de lo más variopinto. Todo el mundo está contento. Se llevan los instrumentos y comemos escuchando esa música inolvidable. Ruido, siempre ruido alrededor. ¡Que nadie se calle! ¡Celebremos la vida! 

picnic en el suelo a base de aceitunas, salchichón, tomate, salchichas y pan en la convivencia con los gitanos de bulgaria
músicos gitanos de bulgaria tocando en el campo

Para terminar, tiramos flores al río. Es la tradición saralakali, y puede que esté conectada con el culto a Shiva. A mi me pareció preciosa. 

niña gitana agachada en la orilla del río mirando sonriente a la cámara es muy guapa y llena coleta
Teodora es nieta de Tosko y una de las niñas más buenas que conozco. Siempre sonriente, obediente, educada, alegre.

Las familias de Musicandi

Visitamos a varias familias de Musicandi, siempre de la mano de Tosko o de alguno de sus hijos, que también son músicos. 

Un día conocemos al Bate (tío) Ravko, un abuelo que con más de 70 años aún toca el acordeón maravillosamente bien. 

anciano gitano tocando el acordeón en su dormitorio detrás hay pared con papel de flores

Otro día nos acercamos a la escuela del Bate Angel, gran músico y líder artístico del barrio que se ha codeado con grandes músicos de Europa. Está muy enfermo el pobre, pero aun así nos recibe y nos habla de su proyecto de enseñanza de música a los chavales del barrio. Gracias desde aquí, Ángel. Espero que te mejores y que la escuela siga adelante.

niños tocando trompeta y tambores en la escuela de la mahala de sliven con paredes pintadas de colores verde, rojo y amarillo gitanos de bulgaria

Por supuesto pasamos por casa, y no una sino varias veces, del violinista Tosko y su hijo Bozhidar, antiguos compañeros de conciertos de nuestro Tosko. Siguen en activo, y de hecho… se van de gira a China próximamente!! Lo que pasa es que las bandas de música tienen sus ciclos y los integrantes vienen y van, ya tú sabes.

el violinista bocidar tocando con su violín con cara concentrada en el barrio de los gitanos de bulgaria
Bozhidar tocando el violín, es muy bueno!

El nieto, hijo de Bozhidar, también está aprendiendo a tocar el violín y nos hace una demostración uno de estos días. Promete y mucho! Otro niño que, junto con su hermana, son una delicia.

Con ellos y sus esposas pasamos ratos inolvidables a ritmo de violín y mucha conversación. 

Muchas gracias desde aquí, pues fuisteis nuestra segunda familia en la mahala 🙂

Los niños son los destinatarios del oficio de músicos. Las niñas, no. Los hombres no quieren que entren en el mundillo del espectáculo, que contiene demasiadas sombras pecaminosas…

músico tocando el clarinete y otro el acordeón junto a unos árboles en la experiencia con los gitanos de bulgaria

Una tarde nos acercamos al pueblo de Kamen, cerca de Sliven. Allí hay otra mahala de gitanos. Vamos a conocer a un gaitero que tiene a sus espaldas más de 30 años tocando por toda Europa. La gaita parece muy antigua, pero suena fenomenal. Enseguida se forma un gran corro de vecinos. Mujeres, hombres, niños y niñas. Se monta una minifiesta en la pequeña explanada delante de la casa.  

gaitero tocando y detrás tosko con gorra negra hablando con una mujer con chaleco rojo
cinco niños gitanos de bulgaria sonrientes posando para la foto son cuatro chicos y una niña con gersey rosa

El tiempo de las bodas gitanas

El otoño es la época preferida para celebrar bodas, y es fácil encontrarte con alguna en las calles de Nadezhda. Las bodas se celebran en la calle y es todo un espectáculo. 

Los estilismos de ellas, con mucho elementos brillantes, maquillajes de fantasía y peinados increíbles. La música de fanfarria (banda musical) tocando sin parar mientras reciben billetes para que sigan tocando. 

novia vestida de princesa baila echándose hacia atrás delante de los músicos y alrededor invitadas con vestidos de fiesta en la plaza de sliven
dos invitadas de boda bailando frente al que toca el tambor. Llevan vestidos negros con lentejuelas y grandes escotes

Los ritmos son muy orientales, una mezcla de música india, árabe y balcánica. Los bailes también. Los vecinos les rodean y observan en bata y chándal. La novia parece una tarta de fresa o una barbie, con un peinado de postizos. Todo muy loco, muy exhibicionista. 

Una cosa bonita: el gusto por el oro y el brillante, me cuenta Kim, es porque las cosas que lanzan destellos alejan a los malos espíritus. Una creencia muy presente hoy en día en África y en Asia. No sé si los gitanos saben esto, o si recuerdan ya el por qué les gusta tanto lo brillante, pero es una explicación bastante lógica.

dos mujeres rellenitas con vestidos de fiesta llenos de brillantes y moños de fantasía bailando en la calle en una boda de los gitanos de bulgaria

Las bodas duran tres días y alternan celebraciones más públicas, al atardecer y con muchos invitados, con otras más privadas. Pueden llegar a costar 10.000 euros, lo que obliga a endeudarse hasta las cejas, o a gastar los ahorros de media vida.  

4 invitadas a boda gitana haciéndose un selfie con su móvil en sliven

Los novios son bastante jóvenes, aunque las edades van aumentando poco a poco. Hoy es más habitual que se casen entre los 16 y los 19 años (en Bulgaria la edad legal para contraer matrimonio es los 16 años). 

novia con vestido de princesa rosa con brillantes y corona, poniendo un billete en el cuello al que toca el tambor en su boda gitanos de bulgaria
La novia pone unos billetes al músico para que siga tocando
mujeres bailando alrededor de músico con billete en la frente y detrás los cámaras de la boda grabando gitanos de bulgaria

Sin embargo, aún hay padres que imponen un matrimonio a sus hijas de 12 y 13 años con chicos de 19 años. Dicen que es más habitual entre los laho, los más pobres. La historia se repite.

Tosko y Flora se llevan las manos a la cabeza, y no son los únicos, cuando se enteran de que esto ha ocurrido en alguna familia del entorno. Les parece tan horrible como a ti y como a mi que obliguen a casarse a una niña pequeña, y con alguien mucho mayor. 

Un día hablamos largo y tendido sobre ello. Tosko expone sus argumentos sobre por qué le parece mal esta práctica. A saber: obligar a una niña pequeña a acostarse con un hombre es una aberración, ni siquiera ha desarrollado su cuerpo. Además los muchachos se ven atados a una madurez tan temprana, con responsabilidades como tener hijos, y no podrán terminar sus estudios, ir a la universidad o desarrollar una profesión que les permitan alcanzar un futuro mejor. No podrán levantar cabeza, salir de la marginación. Son sus argumentos, y los apoyo al cien por cien.

Quizá te lleves las manos a la cabeza tú también, pensando que aún se están casando con 16, 17 o 18 años. Sí, a mí también me parece muy pronto, pero recuerda que nuestra mirada ha cambiado con el paso de los años. Y no debemos olvidar que los pueblos se mueven en todo el mundo al mismo tiempo, pero con distintos ritmos. No por eso hay que desdeñarlos.

Por cierto, la emigración también sirve para que se produzcan cambios en la forma de ver las cosas.   

En fin, si quieres ver un pequeño resumen visual de todo lo que te acabo de contar, mira este vídeo! 🙂

Y ahora sí, voy con la «chapa» sobre el pueblo gitano y su historia, que forma parte de la nuestra.

Las ideas que muchos asocian al pueblo roma, los gitanos, son muy poderosas

Roban, son violentos, mentirosos, sucios… ¿A quién no le han robado la bicicleta o las zapatillas cuando era niño? Si empiezas una conversación sobre ellos en cualquier círculo no gitano, al menos en España, enseguida aparecerá alguien con una historia de este tipo. Y no niego que te pueda haber pasado, pero ¿se merece un pueblo de millones de personas ser calificado como ladrón? ¿realmente todos son así? ¿de verdad? 

Otra cosa es que muchos se vean obligados a vivir en condiciones de marginación y pobreza. En viviendas ilegales, sin las infraestructuras mínimas de agua y luz que el resto de conciudadanos disfrutan. Con altas tasas de analfabetismo y escasas posibilidades de incorporarse al mundo laboral incluso con los estudios finalizados. Con una esperanza de vida mucho más baja que la de los demás.

Otra cosa es que se tengan que buscar la vida como puedan -mientras todos miramos hacia otro lado-, y en ese camino de “buscarse la vida” haya de todo. Gente más y menos honrada.

Y sí, son diferentes en cultura y manera de ver la vida. Como somos todos los pueblos de la tierra.

vista de una calle del barrio con una mujer con bata de color azul eléctrico con topos negros y niña a su lado mirando a unas taligas que hay al fondo

Son pocos los pueblos que se han enfrentado a tal grado de generalización en la historia. Si piensas en la pobreza de buena parte de la población de India, es probable que no te se ocurra pensar que “todos los indios son ladrones o mentirosos”. Con los gitanos, en cambio, pasa cada día. Incluso en los gobiernos, los juzgados… A esto me refiero. 

La invisibilidad es otra de sus condenas. ¿Sabías que hace sólo 30 años, en Rumanía, hubo verdaderos pogromos (palabra que significa «saqueo y matanza de personas indefensas») contra los gitanos? ¿que se incendiaron aldeas enteras bajo la mirada indiferente de la policía? Fue justo tras la caída del muro de Berlín y la desintegración de la URSS, por cierto.

Es cierto que todo esto viene de muy lejos. Estamos más condicionados por la Historia de lo que creemos.

haciéndome un selfie con 6 niñas gitanas de unos 10 años en sliven
selfie con las chicas del barrio. Foto de Santi Palacio @wildportrait

El rechazo y la segregación se ha practicado y se practica desde los gobiernos y Estados

La historia de segregación de los gitanos en países que se precian de ser democráticos viene de lejos. Y lo peor de todo es que sigue vigente. Probablemente porque vivimos una importante crisis histórica.

En el fondo de todo hay una idea muy antigua: no se les llega a considerar humanos, desde luego no civilizados.

No quieren cambiar, son así, desde pequeños les enseñan a, no se adaptan porque no quieren, son unos aprovechados, les dan pisos y los destrozan, viven gratis con las ayudas del gobierno… 

una niña y tres niños gitanos de bulgaria posando sonrientes para la foto

No puede uno evitar el recuerdo del dogma nazi de “vidas que no merecen la vida» (Isabel Fonseca) 

Un poco de historia de los gitanos

Se ha consensuado desde hace unas décadas que los gitanos vinieron de la India. Probablemente eran parte de una de las castas más bajas, y de hecho se trajeron con ellos dicho sistema social. Los distintos grupos de gitanos se diferenciaban, y así sigue siendo, por los oficios que les permitían viajar sin echar raíces

Caldereros y herreros, músicos y bailarines, adivinadores, jornaleros del campo, cuidadores y domadores de caballos. 

hilera de cencerros de cobre colgados de un hierro en el mercado de las mujeres de Sofía

Nomadearon, seguramente por obligación, por buena parte de Asia central. Un nomadeo que forjó su carácter guerrero, también alegre, aprovechado, avispado, hospitalario, elegante, creativo. Un carácter que marcó muchas de las cosas que conforman su forma de ver la vida. El desapego a la propiedad de la tierra, la casa. El casi desdén hacia el futuro en favor del presente, el amor a las joyas como propiedad transportable frente a muchos otros objetos. Mucho de todos estos axiomas han cambiado y lo siguen haciendo, pero queda un poso que es el que mantiene su identidad.

No me resisto a extraer algunas citas del gran libro de la antropóloga Isabel Fonseca “Enterradme de pie, la odisea de los gitanos” (Editorial Anagrama), que te recomiendo muchísimo leer:

“ (…) la supervivencia de los gitanos ha dependido siempre del secreto. De disfrazar y desfigurar, de mantener ocultas costumbres y ambiciones, de enterrar el pasado, de mentir (…)  Los gitanos siempre han sido guerrilleros (…) y el milagro es que hayan podido evitar como grupo una asimilación que ha significado siempre una rendición” 

Isabel Fonseca

“Fiera, indomable y sensual, Carmen, la fatale original de ojos negros como el carbón, era, según la descripción de su creador Prosper Mérimée, “una potranca pura sangre hija de un semental cordobés”. Al ser una gitana, era también ladrona habilidosa. Y asesina”

Isabel Fonseca

Fue hacia el siglo XV, en Europa oriental, cuando comenzó el proceso de deshumanización del pueblo gitano

Sí, deshumanización. El príncipe Vlad Dracul, el padre del Empalador, capturó a unos dos mil individuos que según él eran “egipcianos”. Fue entonces cuando se fijó la creencia de que venían de Egipto. La palabra gitano es una derivación de este supuesto origen. 

busto de vlad tepes con columna corintia y edificio en ruinas detrás en el centro de bucarest
Busto de Vlad Tepes el Empalador en Bucarest

El caso es que Vlad Dracul se los llevó a Valaquia como esclavos (hoy región de Transilvania), siendo el primer importador a gran escala de esclavos gitanos.

Son muy numerosos los documentos que registraron las transacciones de este comercio humano. Se vendían por lotes, o por familias. «Dos hombres, tres mujeres y cuatro niños gitanos, todos sanos y fuertes».

En la novela de Bram Stoker Drácula los gitanos aparecen como los encargados de cavar y llenar de tierra transilvana las cajas donde viajaba su señor, para “mantenerlo vivo”. 

Se utilizó a los esclavos gitanos como trabajadores y guerreros. A ellas, también como esclavas sexuales. Durante más de cuatrocientos años esto fue así. Mientras se clamaba por el abolicionismo en el continente americano, en Europa aún existía la esclavitud de los gitanos, al menos en Valaquia y Moldavia.  

Los que se querían librar de este destino se intentaban escabullir como podían. Si les encontraban, pasaban a pertenecer a la Corona. Jurídicamente eran extranjeros y no tenían derecho a poseer tierras ni se podían establecer como los campesinos rumanos, húngaros o búlgaros. 

Aunque la esclavitud llegó a abolirse oficialmente, las persecuciones no cesaron, nunca lo han hecho.

gitanos de Bulgaria en el mercado de sliven

Saltamos en el tiempo. Los gitanos fueron uno de los grupos más numerosos de entre las víctimas de los campos de concentración nazis. Cientos de miles murieron allí. En Auschwitz se les tatuaba la Z en los brazos. Son muy recientes y discretos los reconocimientos a las víctimas gitanas de los nazis.  

Mientras a los alemanes no se les permitiría jamás dejar de disculparse ante los judíos, difícilmente podría molestarse alguien, en serio, por la idea de los sentimientos de los gitanos o por sus posibles protestas. Ni siquiera los propios gitanos. 

Isabel Fonseca

En tierras alemanas fue Bismarck quien codificó en 1886 por vez primera la distinción ya practicada entre gitanos nativos y extranjeros, que se convirtió a su vez en un instrumento útil para expulsar a cualquiera que no fuese del país (mientras que los que estaban reconocidos como nativos serían controlados y fichados por la policía).”  

Isabel Fonseca

Hace muy poquito tiempo el controvertido y ultraderechista ministro Salvini propuso una medida como la de Bismarck en Italia. 

“En el siglo XVIII los alemanes, tomando prestada una táctica holandesa, instalaron carteles pintados en los caminos que mostraban gráficamente cómo se pegaba, azotaba e incluso ahorcaba a los gitanos capturados. Se informaba al mismo tiempo de que los que los denunciasen serían recompensados”  

Isabel Fonseca

En otras fuentes de internet leo que durante los años de racionamiento, en las décadas de 1930 y 1940, el gobierno Búlgaro repartía el pan de la siguiente manera: un pan para el búlgaro “étnico”, medio pan para el búlgaro judío, y un cuarto de pan para el búlgaro gitano. Te dejo aquí el link del artículo que cita esta medida entre muchas otras, en la publicación Viento Sur del año 2013. Es de lo más interesante porque también aporta mucha información de la primera década del siglo XXI.  

Cuando terminó la II Guerra Mundial, las vicisitudes de los gitanos no lo hicieron. Los nuevos gobiernos de los países de la URSS y aledaños empezaron a desarrollar todo tipo de medidas segregacionistas. Más tarde, con la caída del muro de Berlín y de la URSS, volvió a ocurrir.

En Bulgaria, en el año 1958, se aprueba la Ley de supresión de la vida nómada. El gobierno designa lugares como el barrio de Sliven para forzar a los gitanos a establecerse. Les obliga a asentarse ahí, establece el perímetro y alza muros que los ocultan del resto de la población. Sin ninguna infraestructura más.

Los muros aún siguen en pie. Son guettos, y continúan su existencia en la Europa del siglo XXI. Yo lo he visto, cualquiera puede verlo.

muro de la mahala de sliven de chapa oxidada lleno de pintadas y un chico pasando delante con camiseta roja y pantalones negros
El muro de la mahala de Nadezhda

No cabe duda de que cuando soplan vientos de crisis se buscan chivos expiatorios que den salida a la frustración general, y los gitanos son una diana preferente.  

La situación actual de los gitanos en Bulgaria 

Sigo buscando en internet y me encuentro con que el gobierno de Bulgaria, en el año 2019, anuncia nuevos planes contra los gitanos: limitar los nacimientos financiando abortos y retirar ayudas sociales a las mujeres gitanas que tengan más de dos hijos. En un país donde la natalidad está en claro retroceso. También se propone crear escuelas laborales sólo para gitanos, y programas de trabajos forzados para algunos sectores. Lo puedes leer aquí

Estas medidas, de salir adelante, profundizarían en la política de segregación que ya existe. Las escuelas de los gitanos de Bulgaria son totalmente separadas, así como la atención sanitaria: salas de maternidad y consultas médicas sólo para gitanos. Al menos en Sliven.

casas de ladrillo junto a un basurero y un caballo comiendo paja en un barrio de gitanos de bulgaria en la ruta a Ruse

Por otro lado, y como nuestra visita coincidía con las elecciones municipales, nos enteramos de que los partidos políticos ofrecen dinero a los gitanos por su voto. A razón de 20 leva, unos 10 euros, por persona y voto. Hay partidos que pueden pagar más, y esos son los que se llevan el gato al agua. Afirman que esto no se hace con el resto de la población. Al fin y al cabo están en Europa y llamaría mucho la atención semejante grado de corrupción. Pero con los gitanos ¿por qué no? siendo un grupo social marginado, muchos en riesgo de pobreza, y que “de todos es sabido que no tienen escrúpulos”. Si lo denuncian, por otro lado, no les van a creer.

Desde luego para muchas familias esto supone un ingreso de 50 € o 100€ que en Bulgaria pueden dar bastante de sí. También es una razón más para que los políticos continúen sin invertir en esta parte del electorado. Prometen, claro, pero no cumplen. Interesa tener una bolsa de pobreza que da rédito en votos.  

Este año, en Sliven, se ha formado un partido político gitano. Ya hubo antes otras iniciativas, pero “les disuadieron”. Ojalá tengan suerte, y ojalá no les disuadan. 

cartel del partido gitano que se presenta a elecciones municipales de sliven puesto en una puerta de chapa
Cartel electoral del partido de los gitanos. Es el nº 18 de los más de 50 que se presentan a las elecciones municipales de Sliven. Sí, sí, como lo oyes, más de 50 partidos para el ayuntamiento!

Por otro lado, la empresa Gallup International, en su encuesta mensual a la población búlgara, incorporó hace pocos años un bloque de preguntas sobre el pueblo roma. Aquí puedes leer un artículo donde se explican los resultados. Te adelanto que las respuestas que demuestran el rechazo a los gitanos de Bulgaria son abrumadoramente mayoritarias. 

Algunos datos más

  • Hay entre 8 y 10 millones de gitanos en Europa.
  • 750.000 viven en Bulgaria, siendo alrededor del 10% de la población. 
  • Más del 80% de los gitanos de Bulgaria está en riesgo de pobreza, y más del 50% viven en viviendas ilegales.
  • Las tasas de paro superan el 60%, y los trabajos que ocupan el otro 40% suelen ser muy precarios. Un ejemplo: el mediador de la escuela gana 400 € al mes.
  • Menos del 50% se declaran gitanos en las encuestas. Es decir, muchos deciden no declarar su origen étnico como forma de protegerse. 
  • Más del 92% de los “discursos de odio” registrados en los juzgados búlgaros son contra los gitanos. 

Podría seguir escribiendo y podría hacer eterno este artículo, que ya lo es un poco. Al mismo tiempo soy consciente de que es un pequeño resumen, pero creo que ya te he robado mucho tiempo.

Espero, no obstante, que con estas letras y fotos haya logrado despertar un principio de mirada más empática hacia ellos, los gitanos. Un pueblo que está formado por personas como tú y como yo, por encima de todo. Con pensamientos distintos, costumbres diferentes, creencias y reglas. Pero PERSONAS por encima de todo. Sí, estoy cayendo en la generalización, pero lo hago en positivo, para combatir a la otra.

[haz clic con el ratón en una de las siguientes imágenes si quieres verlas a tamaño grande, y avanza con las flechas]

Postdata: al día siguiente de volver a Madrid, Kim nos envía un mensaje para contarnos que la gente de la mahala anda preguntando por nosotros. Quieren saber si hemos llegado sanos y salvos a casa, preguntan si estamos contentos, y quieren que sepamos que ellos están encantados con nuestra visita. ¡También preguntan a Tosko que cuándo vamos a volver!

Ha pasado casi un mes y Kim insiste en que siguen preguntando si estamos contentos. Y como sé que vais a leer este artículo, os lo digo desde aquí directamente: ¡ESTAMOS MUY CONTENTOS! 🙂 🙂

Quiero dar aquí las GRACIAS a los habitantes de la mahala Nadezhda de Sliven por todo lo que nos dieron. Os habéis quedado en mi corazón y espero que nuestros caminos vuelvan a cruzarse.

También doy las gracias a mis compañeros de viaje por hacer que fuera tan fácil y bonito, y hago un aparte especial para Kim, por darnos esta gran oportunidad 🙂

¿Te apuntarías a un viaje así? ¡Me gustaría saber tu opinión!

Puedes escribirla en un comentario al final del post.

Nota: sólo admitiré comentarios que sean respetuosos.


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