duomo de florencia

Si hay un símbolo de Florencia -con permiso del David de Miguel Ángel-, ése es el Duomo (Catedral de Santa María del Fiore) y por extensión el cercano Baptisterio. Y cuando vayas, te aseguro de que no te cansarás de admirarlos. Por un lado, por otro, desde arriba, desde abajo, mientras te tomas un helado o subiendo al Campanile. De día y de noche. Es una obra increíble, y aquí te la muestro 🙂

El Duomo y Baptisterio de Florencia es un gran conjunto arquitectónico que marca el centro de la ciudad y te deja con la boca abierta irremediablemente, al primer vistazo.

duomo y baptisterio de florencia

Así me pasó, que me enamoré de este rincón de la ciudad y volví a él una y otra vez. Aprovechando cualquier excusa para pasar por allí, y tirar una o dos fotos más.

duomo y baptisterio de florencia

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Un consejo: no visites el Duomo y el Baptisterio de una sola atacada

Ver estas dos bellezas poco a poco viene bien para  evitar la “borrachera” que te pueden provocar. Avisado estás. Si no tienes más remedio porque tu estancia es corta, entonces, a por ello!

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Otro consejo: escoge las entradas que más te convengan

Si no llevas el Firenze Pass que incluye la gran mayoría de monumentos a visitar (son 72€, así que desistí porque no estaba segura de “consumir” tanto arte en tres días, su tiempo de validez), tendrás que comprar una entrada de 10 € que incluye el paso al Baptisterio, el Campanile, la Cúpula y la cripta del Duomo, y creo que el Museo de la Ópera también.

La entrada es válida por 6 días desde la fecha de compra, y por 24 horas desde su primer uso. Fenomenal si no quieres subir de una atacada el Campanile y la Cúpula. Quizá sea una de las entradas con mejor relación calidad-precio de la carísima Florencia.

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Por otra parte, hay varios lugares para comprar estas entradas. Yo lo hice en el edificio que hay frente a la entrada del Baptisterio. Allí, en una especie de patio interior, hay dispuestos varios cajeros automáticos dedicados a la venta de estas entradas. Ah! tienes el menú en español 🙂

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el Baptisterio desde el Campanile

Por último, te dejo aquí un enlace por si quieres consultar los horarios.

El Baptisterio

Situado frente a la puerta principal del Duomo, es un edificio de curiosa factura, de origen románico.

El revestimiento de mármoles verde y blanco, similar al Duomo (que es posterior en fechas), fue financiado por el gremio de comerciantes de lana. Y el edificio fue modificado y adornado en muchas ocasiones durante varios siglos.

Una de esas reformas o añadidos famosísimos es la Puerta del Paraíso. Dicen que este nombre se debe a una afirmación del mismísimo Miguel Ángel, que consideró que la obra era digna de adornar las puertas del Paraíso.

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Su autor, Lorenzo Giberti, dedicó nada más y nada menos que 27 años de su vida a realizar los magníficos relieves.  Es cierto que parece que vayan a cobrar vida de un momento a otro.

Por supuesto los relieves narran capítulos de la Biblia, concretamente del Antiguo Testamento con la vida de Noé, Caín y Abel, el rey Salomón y la reina de Saba, etc.

Al entrar, me quedé impresionada. En una sola estancia diáfana se presenta el lugar donde hasta bien entrado el siglo XIX todos los florentinos se bautizaron.
El suelo se reviste con mosaicos geométricos de influencia árabe. En el centro, la huella de la enorme pila bautismal.

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Y sobre nuestras cabezas, la gran cúpula llena de mosaicos. Una obra que se prolongó algo más de un siglo, que empezó en 1225 y que fue llevada a cabo por muchísimos artistas. Dicen que en gran parte provenientes de Venecia ya que era allí donde mejor se conocía la técnica del mosaico bizantino.

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El Duomo de Florencia

De ahí cruzamos la calle y entramos en el Duomo, que además es gratis!

Sí, sí, puedes visitar libremente la gran nave central. Hay quien dice que está “demasiado desnuda”, pero yo agradezco las catedrales que te dejan ver sus colosales proporciones. Que te dejan espacio para tu vista y tus pensamientos.

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La Catedral de Florencia se construyó con la idea de confirmar la importancia, riqueza y poder de Florencia a finales del s. XIII. Sin embargo, el arquitecto al que fue confiada tan magna obra murió al cabo de unos años. Todo quedó paralizado. Casi 50 años más tarde una “comisión de obras” adoptó un modelo definitivo y los trabajos continuaron con el encargo de no desviarse nuevamente.

Hacia mediados del s. XV, es decir, otro siglo después, la cúpula edificada por Brunellesci marcó el fin, y en 1472 se terminó la linterna.

La cúpula, impresionante, mide casi 100 metros de alto y unos 45 metros de diámetro.

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Enorme quehacer éste, lleno de problemas técnicos que rompieron la cabeza y quitaron el sueño a más de uno. Hasta que el joven y audaz Brunellesci acometió el encargo, con más detractores que defensores.

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Desde el interior de la catedral, tanto si subes como si no a la cúpula, no hay que dejar de contemplar el enorme fresco que decora toda la superficie interior. Impresionante, representa el Juicio Final.

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Otro detalle dentro de la Catedral es un fresco donde aparece ni más ni menos que Dante, el autor de la Divina Comedia.

Dante fue expulsado de Florencia en el año 1302 y no pudo volver a pisar su tierra natal nunca más. Pero hacia 1465 era admirado y recomendado a los estudiantes, y de ahí que se encargara un cuadro para rememorar su genialidad. Un homenaje en el que, por cierto, Dante queda fuera de las murallas de la ciudad.

Desde un lateral se accede a la Cripta, para la que sí se necesita entrada. Aquí te encontrarás  con los antiguos restos de las anteriores catedrales.  En realidad mosaicos y frescos de la época romana. Poco más… bueno, la típica tienda de recuerdos.

El Campanile del Duomo de Florencia

Saliendo por ése mismo lado, nos encontramos con el Campanile.

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Subir al mismo significa ascender 414 escalones de piedra. La gran mayoría por un pasillo muy estrecho donde es difícil pararse a descansar, y que apesta a sudor y humanidad porque nunca deja de haber gente que sube y baja. No quiero ni pensar cómo es eso en verano!! Menos mal que se puede tomar aire en un par de “terrazas” antes de llegar arriba.

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Eso sí, las vistas, ya sea a través de los escasos ventanucos de la escalera, o desde las terrazas, y sobre todo cuando llegas arriba son, sencillamente, impresionantes. Y reconfortarán a tus doloridas piernas…

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La cúpula del Duomo se alza delante de ti, muy cerca, impresionante. Y toda la ciudad se extiende en una visión de 180º, como si fuera una maqueta. 

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Me asombró la casi uniformidad de sus tejados rojos. Fue aquí donde contemplé y entendí la distribución en calles infinitamente largas y estrechas.

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Lo dicho, estos son puntos imprescindibles de Florencia a los que dedicar varias horas. Y, por supuesto, pasear alrededor de la Catedral y el Baptisterio. En diferentes momentos del día, sólo te puede dar satisfacciones. 😉

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¿Entiendes ahora por qué te decía que ni un día, ni dos días, son suficientes para esta ciudad? 🙂

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