Visitar la capital de Liberia es una experiencia que desafía las expectativas de cualquiera. Si estás planeando un viaje a esta ciudad, lo que verás puede no ser lo que esperabas, pero sin duda te hará reflexionar. Aquí tienes unas ideas de qué ver en Monrovia y alrededores.
Avanzando hacia Monrovia después de cruzar la frontera de Costa de Marfil
Estamos en la recta final del viaje Overland por África del Oeste que hice en marzo y abril de 2023 con Kumakonda. Cansados, la verdad sea dicha.
El cruce de frontera entre Costa de Marfil y Liberia fue fácil y amable en ambos lados. Cambiamos dinero allí mismo. Ahora tocaba funcionar con dólares de Liberia. También cambiamos de idioma y volvemos al inglés, como en Ghana.
Cada cierto tiempo tenemos que parar en los checkpoints y entregar los pasaportes para que anoten el nombre y número. Es una operación bastante rápida, y muchas veces no tenemos ni que bajar del camión.
Mientras, nos damos cuenta de que Liberia es el país más caro del viaje.
Al filo del atardecer, conseguimos encontrar un hotelito junto a la carretera. Tenemos que acampar porque tiene muy pocas habitaciones disponibles. Alrededor sólo hay un prado, un río y una muralla de árboles. Al otro lado, la carretera. Un lugar realmente tranquilo.
A la mañana siguiente, mientras desayunamos, observamos pasar coches y motos cargados hasta los topes. Van rumbo a algún mercado de la zona. Un poco más adelante, un grupo de obreros comienzan a trabajar arreglando la carretera mientras cantan.
En paralelo discurre una vía de tren por la que ha pasado un convoy cargado de mineral. El saqueo de África no para. El cielo se tiñe de rosa durante unos minutos, y nos indica la hora de partir hacia la capital.
Liberia significa la “tierra de la libertad” y es un país (al principio colonia) fundado para el retorno de los esclavos recién liberados en Estados Unidos. Hoy es un sitio caótico y traumatizado por las últimas guerras civiles que sucedieron entre 1989 y 2003.
Guerras civiles que fueron especialmente crueles. Para que te hagas una idea, Sierra Leona fue el lugar donde se inventó eso de reclutar a niños para la guerra, convirtiéndolos en soldados.
La guerra dejó unas heridas tan tremendas, que dicen que la gente cambió de mentalidad. Ya no se piensa en el futuro. Se vive al día. Incluso hay gente que no quiere cultivar por si tienen que volver a salir corriendo.
Los únicos que parecen prosperar son los libaneses, que llevan restaurantes, hoteles, supermercados y ese tipo de negocios. También los chinos y los turcos, que trabajan en la minería.
Si quieres leer una introducción a la historia del país, te recomiendo este artículo de Guillermo Maceiras publicado en la web de ANESVAD.
Primeras impresiones de la capital de Liberia
Cuando llegamos a Monrovia, ya por la tarde, nos cuesta mucho encontrar un alojamiento a precio asequible. Conseguimos habitaciones en una misión católica que está en el centro, con un gran patio en el que guardar el camión. La seguridad es un básico al que hay que atender en estas ciudades, y Monrovia no es una excepción.
Salimos a cenar y conseguimos llegar al restaurante libanés Diana, que es más que decente y a precios normales, casi europeos. Apúntatelo si vas a ir.
Estábamos en Ramadán y la ciudad parecía desnuda, silenciosa, fantasmagórica. Había muy poca gente en la calle. Muchos de ellos eran tullidos y mendigos, o ambas cosas. Los que no tienen techo o tienen que buscarse la vida de manera constante.
En el horizonte de las calles se dibujaban columnas de humo que dan un aire más apocalíptico, si cabe, a este ambiente raro. Al día siguiente descubriría que son hogueras donde queman cosas ¿basura? Algunas están, por ejemplo, en medio de un cementerio, sobre las tumbas, como vi al pasar con un taxi.
Todo resultaba bastante deprimente, la verdad.

Monrovia fue fundada en 1822 y lleva el nombre del presidente estadounidense James Monroe, un ferviente defensor del movimiento de colonización que buscaba reubicar a los afroamericanos liberados de la esclavitud en África.
La hoy capital se convirtió en el epicentro de la República de Liberia, el primer país independiente del continente africano, establecido en 1847. Su historia está marcada por tensiones sociales entre los colonos afroamericanos y las comunidades indígenas, un legado que sigue moldeando su identidad.
Al día siguiente, siendo domingo, el ambiente en las calles de Monrovia no era mucho más vivo que el del sábado por la tarde. Festivo y Ramadán, mala combinación. Luego he visto fotos y vídeos de la ciudad en otra época del año y no tiene nada que ver, así que ten en cuenta que mi visión está muy mediatizada por estas circunstancias.
Qué ver en Monrovia
Monrovia no es una ciudad que tenga muchos encantos, pero sí tiene al menos un par de lugares interesantes: el Hotel Ducor y el barrio o slum West Point.
El hotel Ducor
A pesar de su reciente historia, a lo largo del siglo XX Monrovia experimentó periodos de prosperidad, y un testigo de ello es el Hotel Ducor. Uno de los primeros hoteles de cinco estrellas de África.
Hoy está en ruinas y oficialmente no es un atractivo turístico, pero sabíamos que se podía ver, y que es uno de los pocos lugares que ver en Monrovia, así que fuimos para allá.
Efectivamente, un par de tipos vestidos de soldados, armados, nos recibieron. Negociamos el pago de una «entrada con visita guiada» con el que se presentó como jefe. Evidentemente, esos tipos conforman la seguridad del lugar y no te dejan solo campando por las ruinas. Por supuesto, ese dinero es un extra de su sueldo. La tarifa, en nuestro caso, fue de 10$ (300$ liberianos) a pagar entre los cinco que éramos. Podría haber sido más, esto no es fijo.
Ubicado en la cima de la colina Ducor, en el centro de Monrovia, el hotel del mismo nombre fue inaugurado en 1960, aunque el “guía” que tuvimos nos dijo que se construyó en 1951. Sea como sea, su auge fue entre las décadas de los 60s y 70s.

El hotel contaba con 106 habitaciones distribuidas en ocho plantas, ofreciendo lujosas instalaciones que incluían un club nocturno y habitaciones con aire acondicionado.
Aquí se alojaron muchos presidentes africanos, según llegaba la independencia a sus países, y otras personalidades como el mismísimo Michael Jackson.

Con la primera guerra civil de Liberia, el hotel Ducor quedó abandonado. Después lo compró Gadafi, el entonces dictador de Libia, con la idea de volver a ponerlo en marcha. Pero poco después lo derrocaron y ajusticiaron en su país, así que no llegó a hacer nada por aquí.
La visita al hotel Ducor es tan fantástica como inquietante. Ya lo conté en el artículo sobre la fascinación por las ruinas modernas, y este es un claro ejemplo. Caminar por esos pasillos hoy desnudos y con vegetación abriéndose paso, es como estar en un escenario de holocausto nuclear o The Walking Dead.

Llegamos a subir hasta el piso octavo, donde estaba el restaurante. Desde allí se domina toda la ciudad y las ensenadas de la costa en las que se asienta.

Terminamos saliendo por el “ordeno y mando” del oficial, que en un momento dado se puso nervioso y prácticamente nos echó de allí. Nos habríamos quedado mucho más rato haciendo fotos como si no hubiera un mañana, pero los gritos del tipo no daban lugar a mucho remoloneo.
Creo que llegaban otros turistas y no quería perder el siguiente business.
West Point, un barrio marginal
Desde las alturas del Ducor nos fijamos en una playa grande y que parecía custodiada por un barrio de chabolas, y decidimos que íbamos a ir.
Justo después de bajar del hotel, paramos a tomar algo fresco en un bar que estaba abierto, y allí conocimos a un hombre muy agradable que se ofreció a guiarnos por West Point, ya que sería más seguro para nosotros. La verdad es que todo el mundo nos advertía de que tuviéramos cuidado, en especial con el móvil.
Paseamos por el slum o barrio marginal de West Point y nos quedó muy claro que es realmente humilde, aunque al ser el centro del día, y domingo, el ambiente era bastante tranquilo.

Nuestro improvisado guía local nos dijo que no se sabe cuánta gente vive allí. Las chabolas se apretujan dejando estrechos callejones donde la vida transcurre buscando la sombra. Evitar el calor axfisiante del mes de abril es una necesidad que nosotros también necesitamos cubrir.

En West Point hay varias calles principales que son por las que caminamos. Ambas desembocan en la playa. Cuando llegas a la orilla del mar, te das cuenta de que el barrio parece asentarse en montones de basura que ya han formado una plataforma sólida.


Sobre la arena, a medio metro del agua, hay grandes montones de basura más reciente. Mezcla de plásticos y muchos otros desechos. Tampoco es raro ver a la gente haciendo sus necesidades ahí mismo. Las condiciones son terribles.
Con todo, me da la impresión de que las personas están relativamente bien alimentadas, y pasean arreglados porque es domingo. Además, las calles principales están bastante limpias. Otra cosa es que se lleven la basura a la playa, ahí mismo.
En el paseo que dimos por el barrio, el guía nos habló de varios proyectos de autogestión de la comunidad. En este tipo de lugares, si no se organizan ellos mismos, no tienen nada.
El tráfico en West Point lo protagonizan los tuk-tuks, que vienen y van apartando a los transeúntes.


Justo al lado del barrio está el Mercado Central de Monrovia. Pasamos junto a él, pero al ser domingo está cerrado. Seguro que en un día de actividad es un lugar vibrante.

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Alrededores de Monrovia: Marshall, un lugar bizarro
Al día siguiente teníamos el objetivo de ir a la embajada de Guinea Conakry para hacer los visados, pero el guarda del edificio nos dijo que estaba cerrado por ser lunes de Pascua.
Estábamos a las afueras de la ciudad, así que tomamos la decisión de ir a Marshall, un pueblo de pescadores que está en la desembocadura del río Junk, a unos 40 kilómetros de Monrovia. Por cierto, este lugar está muy cerca del aeropuerto internacional.
Conseguimos un taxi que nos llevara y se quedara con nosotros todo el día, parándole directamente en la calle. Lo hicimos así porque éramos un grupo, pero no te lo recomiendo si viajas en solitario. Por supuesto, negociamos el precio.

Lo que nos llevó a Marshall era una isla donde viven chimpancés rescatados de laboratorios de experimentación. Hay un proyecto que se encarga de llevarles allí y de mantenerles llevándoles comida. Es decir, no es una reinserción en su hábitat de origen, pero al menos viven en relativa libertad, no entre rejas. No está permitido que los visitantes bajen de la barca, ni que les den comida.
Al llegar al pueblo y preguntar, nos dicen que nos llevaban a la isla por 12 USD cada uno. Conseguimos una pequeña rebaja, pero no más. Creo que hicieron el agosto con nosotros, porque es un paseo de sólo 15 minutos en barca.
Al acercarnos a la isla, vimos a dos chimpancés de la docena que vivían en la isla en ese momento, siempre desde la distancia y sin bajarnos de la barca.

El paisaje de esta costa es muy chulo y me recuerda un poco al de Grand Popo, en Benin. Con bancos de arena que separan el mar del río, que en realidad es una confluencia de tres ríos. Hay manglares y se ve que es un lugar donde recalan las aves migratorias.

Al volver a Marshall, un pueblo asentado en la misma arena de la playa, vemos que hay una subasta de pescados recién traídos del mar. Se hace en un recinto protegido con mallas, y la gente grita mucho. En la propia orilla otros hombres siguen desembarcando pescados y uno de ellos se dedica a trocearlos.
Los pescadores son hombres, y las que compran son mujeres.


Decidimos comprar varios pescados, algo similar a la caballa pero de carne blanca, después de acordar con una mujer que nos los hiciera a la brasa junto con una salsa y arroz. Estaban realmente buenos, aunque tuviéramos que esperar más de una hora para degustarlos 😅. Un tiempo que aprovechamos para observar la vida local en la playa. La gente nos miraba con cierto mosqueo al principio, pero después de un rato pasamos a ser parte del paisaje.
¿Y qué pasó con el visado de Guinea Conakry? Pues que tuvimos que hacerlo al día siguiente y nos llevó ¡diez horas! conseguirlos, porque los ordenadores no funcionaban bien y los funcionarios no se enteraban muy bien tampoco. Por supuesto no nos movimos de la embajada desde que llegamos a las 8.30 a.m., hasta que terminamos a eso de las 17 h. Tremendo.
Por supuesto, tuvimos que alargar una noche más nuestra estancia en la capital de Liberia, muy a nuestro pesar, pero como no se debe conducir por la noche, no había otra opción.
Nota: casi todas estas fotos las hice con el móvil porque no conviene sacar la cámara. Es una cuestión de seguridad y también de no alardear con objetos caros. Tenlo en cuenta.
Espero que este artículo sobre qué ver en Monrovia te haya resultado interesante, o al menos te haya entretenido.
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