mezquita de djenne

Mali tiene muchos rincones mágicos, y para muestra el botón de la anterior entrada sobre el País Dogón… Hoy me apetece hablaros sobre Djenné y su día de mercado :-).

No sé por qué me estoy acordando tanto de este viaje últimamente, quizá por las ganas de volver a viajar ahora que el frío aprieta y que llevo ya demasiado tiempo en la rutina 🙂

Djenné

Djenné

Djenne y su Patrimonio de la Humanidad

Dicen que éste fue el primer núcleo urbano del oeste africano, y de hecho se están excavando los restos del primer asentamiento (siglo III a. C.), a las afueras de la ciudad actual.

Pero Djenné es conocida por su mezquita de adobe, Patrimonio de la Humanidad, publicitado como el edificio más grande de adobe del mundo (creo que no es así, pero bueno), y seguramente el máximo exponente de la arquitectura sudanesa (desde luego el más conocido) aunque para mi gusto prefiero las humildes mezquitas de Gao y Tombuctú, anteriores a esta.

Djenné

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¿Qué es la arquitectura saheliana?

No soy arquitecta y no sabría explicarlo muy bien, pero recuerdo un libro maravilloso que se llama El arquitecto de Tombuctú, de Manuel Pimentel, donde nos cuenta de una manera novelada el posible origen de este estilo, a través de la historia de Es Saheli, un granadino equiparable al gran León el Africano, que viajó desde nuestra querida Al-Andalus hasta estos lugares (a causa de un destierro) y ganándose el favor de los gobernantes de allí llegó a convertirse en el elegido para construir una tumba real, que luego pasó a ser mezquita: la mezquita de Gao.
Es-Saheli también era poeta, y durante mucho tiempo estuvo pensando en qué tipo de edificio podía construir, con qué técnicas y con qué materiales. Hasta que un día decidió fijarse bien en el entorno que le rodeaba, y “redescubrió” los grandes termiteros que proliferan en las llanuras semidesérticas del Sahel. Sí, trató de emularlos, y de ahí surgió esa forma tan característica de estos edificios, basados en el barro y las vigas que aguantan la estructura y sobresalen de las paredes. Bonito, eh? 🙂

Djenné

Djenné

La verdad es que la Gran Mezquita de Djenné es impresionante. Los que no profesamos la religión islámica no podemos entrar, una verdadera lástima porque seguramente merezca mucho la pena, pero así son las religiones!. Siempre se puede intentar subir a alguna de las azoteas de las casas que la rodean, para obtener unas vistas más completas.

Djenné

Los edificios de adobe me encantan. Las murallas, las mezquitas, las casas… no sé por qué, me transmiten una sensación de continuidad, calidez y paz que no me llegan de otras construcciones, ni siquiera de la madera o el bambú.

Djenne en su día de mercado

Los lunes es el día de mercado de la ciudad. La explanada que se extiende delante  se llena de vida, de puestos y de telas de colores que son las que visten las gentes venidas de muchos puntos de alrededor, además de los habitantes de Djenné.

Djenné

Podréis encontrar a los curanderos vendiendo toda suerte de cosas, desde huesos, plumas y colmillos de animales, hasta ungüentos y polvos mágicos, por ejemplo…

Djenné

No obstante, lo que predomina es la venta de alimentos, y aquí os señalo un fruto que no podéis perderos: la chufa. Ja, ja, sí!! comen chufas (que yo sepa, no hacen horchata) que se cultivan principalmente en la vecina Burkina. Las venden mojadas o secas, y desde luego las recomiendo! (yo me las compré secas, por aquello de tener cuidado con las aguas… en esta parte de África suelen tener muchos parásitos que luego anidan en tu estómago e intestinos y en fin, son las responsables de buena parte de las barrigas hinchadas que se ven en muchos sitios).

Djenné

Djenné

Eso sí, este mercado es muy visitado por el turismo, aunque éste no sea masivo, y tanto los vendedores como los clientes se enfadarán en más de una ocasión ante vuestro objetivo, o sencillamente porque te has parado y estorbas (vamos, somos los clásicos “empanaos”, como aquí podríamos quejarnos de los turistas que pululan por el rastro mientras nosotros intentamos ir a nuestros quehaceres).

Djenné

Djenné

Hay un lugar muy popular, un bar (no recuerdo el nombre) que se sitúa justo enfrente de la mezquita y que por un pequeño importe -al menos si no vais a consumir- permite subir a la azotea desde donde se puede contemplar todo el mercado y el magnífico edificio. Nosotros decidimos dejarlo para última hora, ya que el sol caía a plomo y además esperábamos poder contemplar la puesta de sol, pero entre las nubes monzónicas y que el mercado estaba ya terminando, creo que nos equivocamos de momento…

Djenné

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Paseo por las calles de Djenne

Cuando os canséis, siempre podéis salir un poco del ajetreo de puestos de mercado y tráfico de alrededor dando una vuelta por las callejuelas de la parte “vieja” de la ciudad.

Djenné

Hay que ir un poco pendiente del suelo, porque las aguas fecales y en general toda la mierda que genera el ser humano, corre o se estanca por estas calles. Una verdadera pena. Pero merece la pena andar por allí, ver a los vecinos tomar el fresco en sus sillas, a la puerta de casa… y observar las puertas y ventanas de factura marroquí (los marroquíes invadieron la ciudad a finales del s. XVI, justo cuando empezaba a declinar su grandeza), y las casas toukulor (estas se caracterizan por tener una especie de porche o gum hu, ancho y bajo para evitar que las lluvias torrenciales mojen el acceso a la casa).

Djenné

Todas estas viviendas son de barro, como la mezquita, y por tanto necesitan de cierta renovación cada equis años. Por ello hay toda una clase social o casta, la de los albañiles o bareys, seleccionados desde su infancia y que dicen que poseen el don de erigir edificios sólidos sólo con la ayuda de una paleta, y sus manos y pies para trabajar el barro, aunque los más mayores son los únicos que conocen las invocaciones mágicas que se necesitan para este trabajo, de tal manera que una casa puede ser destruida con facilidad sin ellas. 

Djenné

Djenné

Djenné

Niña con tablilla donde escriben las suras del Corán para aprendérselo de memoria. Luego las borran y vuelven a escribir, una y otra vez. Aprendizaje por repetición y que lleva siglos utilizándose.

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