mezquita de djenne

Mali tiene muchos rincones mágicos, y para muestra el botón de la anterior entrada sobre el País Dogón. Djenne es otro de los lugares imprescindibles en un viaje a Mali. Allí se levanta un coloso de adobe que es Patrimonio de la Humanidad, y no es para menos. Si además coincides con el día de mercado, la experiencia es completa.

Djenne y su Patrimonio de la Humanidad

puerta con remaches metálicos y sandalias en la calle djenne en su dia de mercado

Dicen que éste fue el primer núcleo urbano del oeste africano. De hecho se están excavando los restos del primer asentamiento, que data del siglo III antes de Cristo, a las afueras de la ciudad actual.

Pero Djenné es conocida por su mezquita de adobe. Patrimonio de la Humanidad, publicitado como el edificio más grande de adobe del mundo. Y seguro el máximo exponente de la arquitectura sudanesa. O desde luego es el más conocido. Aunque para mi gusto prefiero las humildes mezquitas de Gao y Tombuctú, anteriores a esta.

edificios de adobe y una mujer llevando muchas cosas en la cabeza djenne en su dia de mercado

¿Qué es la arquitectura saheliana?

No soy arquitecta y no sabría explicarlo muy bien, pero recuerdo un libro maravilloso que se llama El arquitecto de Tombuctú, de Manuel Pimentel. De manera novelada, Pimentel relata el posible origen de esta arquitectura a través de la historia de Es Saheli. Un granadino equiparable al gran León el Africano que viajó desde nuestra querida Al-Andalus hasta estos lugares (a causa de un destierro). Se ganó el favor de los gobernantes y llegó a convertirse en el elegido para construir una tumba real que luego pasó a ser mezquita: la mezquita de Gao.

mezquita con mujer vestida de colores andando delante djenne en su dia de mercado

Es-Saheli también era poeta y durante mucho tiempo estuvo pensando en qué tipo de edificio podía construir. Con qué técnicas y con qué materiales.

Hasta que un día decidió fijarse bien en el entorno que le rodeaba, y «redescubrió» los grandes termiteros que proliferan en las llanuras semidesérticas del Sahel. Trató de emularlos, y de ahí surgió esa forma tan característica de la arquitectura saheliana. Edificios hechos también de barro, con vigas que aguantan la estructura y sobresalen de las paredes. Bonito, eh? 🙂

mezquita patrimonio de la humanidad djenne en su dia de mercado
niño en la puerta de la mezquita djenne en su dia de mercado

Los edificios de adobe me encantan. Las murallas, las mezquitas, las casas. No sé por qué me transmiten una sensación de continuidad, calidez y paz que no me llegan de otras construcciones. Ni siquiera de la madera o el bambú.

La verdad es que la Gran Mezquita de Djenné es impresionante. Los que no profesamos la religión islámica no podemos entrar, una verdadera lástima porque seguramente merezca mucho la pena, pero así son las religiones!

Siempre se puede intentar subir a alguna de las azoteas de las casas que la rodean, para obtener unas vistas más completas.

fachada de la mezquita de adobe djenne en su dia de mercado

Djenne en su día de mercado

Los lunes es el día de mercado de Djenne. La explanada que se extiende delante  se llena de vida. De puestos y de telas de colores que visten las gentes venidas de muchos puntos de alrededor, además de los habitantes de Djenne.

collage con tres fotos del mercado de Djenne

Lo que predomina es la venta de alimentos, y aquí os señalo un fruto que no podéis perderos: la chufa. Ja, ja, sí!! comen chufas. Que yo sepa, no hacen horchata. Las chufas se cultivan en la vecina Burkina Faso. Las venden mojadas o secas, y desde luego las recomiendo. Yo me las compré secas por aquello de tener cuidado con el agua. En esta parte de África suele tener muchos parásitos que luego anidan en tu estómago e intestinos. Y en fin, es la responsable de buena parte de las barrigas hinchadas que se ven en muchos sitios.

También puedes encontrar a los curanderos vendiendo toda suerte de cosas. Huesos, plumas y colmillos de animales, ungüentos y polvos mágicos.

puestos en el suelo, carros, gente vestida de colores, burritos djenne en su dia de mercado

Eso sí, este mercado es muy visitado por el turismo, aunque éste no sea masivo. Tanto los vendedores como los clientes se enfadarán en más de una ocasión ante tu objetivo, o sencillamente porque te has parado y estorbas. Dicho de otro modo, somos los clásicos «empanaos», como aquí los turistas que pululan por el rastro mientras nosotros intentamos ir a nuestros quehaceres.

vendedora y su hija entre puestos del mercado y color djenne en su dia de mercado
sacos apilados en djenne en su dia de mercado

Hay un lugar muy popular, un bar (no recuerdo el nombre) que se sitúa justo enfrente de la mezquita. Por un pequeño importe -al menos si no vas a consumir- permite subir a la azotea desde donde se puede contemplar todo el mercado y el magnífico edificio.

Nosotros decidimos dejarlo para última hora, ya que el sol caía a plomo y además esperábamos poder contemplar la puesta de sol. Pero entre las nubes monzónicas y que el mercado estaba terminando, creo que nos equivocamos de momento…

mezquita y restos de puestos al atardecer djenne en su dia de mercado

Paseo por las calles de Djenne

Cuando te canses del mercado siempre puedes escapar del ajetreo dando una vuelta por las callejuelas de la parte «vieja» de la ciudad.

Hay que ir un poco pendiente del suelo, porque las aguas fecales, y en general toda la mierda que genera el ser humano, corre o se estanca por estas calles. Una verdadera pena. Pero merece la pena andar por allí, ver a los vecinos tomar el fresco en sus sillas, a la puerta de casa. Y observar las puertas y ventanas de factura marroquí.

Los marroquíes invadieron Djenne a finales del siglo XVI, justo cuando empezaba a declinar su grandeza.

También puedes observar las casas toukulor. Se caracterizan por tener una especie de porche o gum hu, ancho y bajo para evitar que las lluvias torrenciales mojen el acceso a la casa.

mujeres sentadas en la puerta de su casa de adobe djenne en su dia de mercado

Todas estas viviendas son de barro, como la mezquita, y por tanto necesitan de cierta renovación cada equis años. Por ello hay toda una clase social o casta, la de los albañiles o bareys.

Los bareys son seleccionados desde su infancia y dicen que poseen el don de erigir edificios sólidos sólo con la ayuda de una paleta, sus manos y pies para trabajar el barro. Sólo los más mayores conocen las invocaciones mágicas que se necesitan para este trabajo. Si no se emplean, o se hace mal, una casa puede ser destruida con facilidad. 

niños con sus tablas del corán en djenné

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