tombuctú mali sahel

Quizá inspirada por un gran libro de Jordi Esteva que acabo de terminar y escribir la reseña para LeeryViajar, Socotra, la isla de los genios donde entre otras cosas reflexiona sobre los destinos y viajes soñados, y la capacidad o no de perder la ilusión y la curiosidad con los años de viaje, por fin me he decidido a escribir sobre Tombuctú, y el hecho de que haya significado ser un sueño hecho realidad en Agosto de 2008. 

tuareg con su camello y familia detrás con ganado de camino a tombuctu un sueño hecho realidad

Tombuctú, sólo oír su nombre puede generar evocaciones de viajes

Seguramente asociándolo a otros nombres como Sáhara, Níger, Malí, Sahel… Tristemente, quizá, muchos también lo estén relacionando con una zona peligrosa por la presencia de grupos islamistas como Al Qaeda, con secuestros y asesinatos, o con el tráfico de emigrantes africanos, esos valientes que se ponen en manos de mafiosos para cruzar el Sáhara hacinados en camiones… Espero que no dure, sólo espero eso.


Tombuctú es una leyenda desde siempre, dura ya siglos.


edificio con ventanas ornamentadas y puestos de venta en tombuctú un sueño hecho realidad
Los primeros europeos que se adentraron en el África Occidental,  parecía que nunca iban a arribar en la mítica ciudad.
Buscaban oro, marfil y esclavos -que era con lo que traficaban los árabes, y algunos sencillamente resolver el misterio del curso del Níger, cuyo curso se sucede al revés que el resto de los ríos, del mar hacia dentro, buscando sus fuentes (o su final).
El caso es que ya fuera por motivos más o menos “nobles”, muchos se intentaron adentrar en esas tierras dominadas por reyes, con sus ejércitos y su firme propósito de no dejar avanzar a la “plaga blanca”. Muchos perecieron en el camino, ya fuera por la malaria, ya por las flechas de unos u otros. Y así, la leyenda de Timbuktú iba creciendo en Occidente.

Antaño había sido un principal punto de encuentro de caravanas. Por eso se le atribuían grandes riquezas, incluso el sueño de una ciudad con calles pavimentadas de oro.
Los europeos llegaban ya tarde, y las leyendas hablaban mucho más del pasado que del presente.

Curiosamente, este es uno de los acentos que algunos ponen cuando hablan de Tombuctú: no es lo que esperas, su leyenda no tiene que ver con la realidad, es una ciudad polvorienta y poco más, te decepcionará…  

calle de tombuctú un sueño hecho realidad

A todos aquellos que, hayan viajado o no allí, despliegan ese discurso, les digo: no, a mi no me ha ocurrido, a mi no me ha defraudado y con gusto me hubiera quedado mucho más tiempo allí, tratando de entender y experimentar a la ciudad y sus habitantes.
No fui la única de los que me acompañaban, por cierto.

Yo no tenía grandes nociones de dónde estaba ni qué pasado histórico tenía esta ciudad. Sólo una gran idea: es un lugar remoto y mítico, tierra de Tuaregs, al borde del gran Sahara, quiero verlo. 

Llegamos una mañana muy muy calurosa, con ese calor que espesa el aire, que hace que el viento parezca una corriente que sale de un gran ventilador de aire caliente… a las orillas del Níger. Allí teníamos que coger el transbordador para cruzarlo. Tombuctú no está en la otra orilla, sino que se sitúa unos kilómetros tierra adentro. En esa orilla apenas había unas chozas y poco más, o nada más.

El transbordador llegó, no sé cuánto tiempo estuvimos esperando por cierto… a esas alturas del viaje mi sentido del tiempo había cambiado, se había acomodado (relativamente) al suyo.

mujer entrando en el agua del níger con un cubo en la mano un sueño hecho realidad

subiendo los coches al ferry para llegar a tombuctú un sueño hecho realidad

Embarcamos los vehículos, las personas y alguna que otra cabra e iniciamos la travesía, unos kilómetros de río arriba y cruzar a la otra orilla. Si no recuerdo mal, alrededor de 2 horas y media, puede que menos.
Me fijo, casi emocionada, en algunos de los pasajeros. Tuaregs vestidos con sus amplios bubús, sus turbantes enormes, mirada misteriosa…

El sol caía a pico sobre nuestras blancas pieles, a pesar del cielo plomizo. Decidimos sentarnos en cubierta a jugar a las cartas, después de contemplar la monotonía de las aguas del Níger y sus orillas arenosas, y de intentar avistar a una mamá hipopótamo y su hijito porque unas señoras locales iban contando que el día anterior les vieron pastar en esas mismas orillas. La presencia de hipopótamos en el Níger es cada vez más raquítica. No tuvimos suerte, ces´t la vie.

tres tuareg y una cabra con la orilla desértica al fondo un sueño hecho realidad

Por fin llegamos al “puerto” de Timbuktú. Un pequeño muelle donde atracan los transbordadores (hay uno de ida y otro de vuelta), y una orilla de pendiente pronunciada donde descargan los barcos de mercancías que han subido desde Mopti y Djenné.

tres niños en una barca en el níger un sueño hecho realidad

un montón de ladrillos, cabras y sacos junto al níger un sueño hecho realidad

camiones junto al níger un sueño hecho realidad
Lo primero que veo es un pueblo de casas cuadradas, algo anodinas, que atravesamos después de pasar un enésimo control militar (en todo Malí es así). Enfilamos por una pista-carretera que se ve bordeada de altos chopos. Pienso que no parece las puertas del desierto!!. Nada de esto sabía.

¿Dónde está ese Tombuctú soñado del que apenas he visto fotos?? 

dos hombres con turbantes y tres niños mirando en el puerto de tombuctú

puerto de tombuctú con hombres cargando sacos en camiones un sueño hecho realidad
Por fin llegamos, después de otro control militar con mordida incluida para entrar en la ciudad, y nos dirigimos al hotel, en el perímetro exterior pero no muy lejos de la mezquita Djingareiber, donde dejamos los equipajes y saludamos a algún que otro mochilero. Aún es pronto, el sol aprieta mucho y decidimos comer y salir un poco más tarde.

En la misma recepción del hotel, que hace las veces de comedor, aparece un tuareg vestido con sus ropas tradicionales. Es un hombre mayor, que me resulta imponente en su aspecto y su mirada. Lleva un montón de collares, pulseras, y mil cosas más de artesanía tuareg (una de las más bonitas que conozco), y mi emoción se desinfla un poco.
Pienso “uy, esto parece una turistada, los tuareg se visten para los guiris y para venderles lo que puedan, sin más”.

Esa sensación me empieza a perseguir con más fuerza cuando damos un primer paseo, al atardecer, por la ciudad. 

Se nos empiezan a acoplar tuaregs, que pegan hebra hablando de todo un poco, especialmente bromeando con las chicas, y al final sacan algún colgante o lo que sea. Me entra cierto desasosiego y pienso que quizá sí, quizá me decepcione.

lugares remotos

Al día siguiente, todo cambió. Pero eso ya os lo cuento en la siguiente entrada… 😉


 

los viajes de ali iati Si quieres más información, pulsa aquí