Saliendo de Bucarest hacia Transilvania, el paisaje cambia bruscamente: los campos llanos dan paso a los imponentes montes Bucegi. Entre bosques espesos y cumbres empinadas aparece Sinaia, la «Perla de los Cárpatos». Este pueblo es famoso por albergar el Castillo de Peles, uno de los monumentos más visitados y espectaculares de Rumanía. En este post te cuento todo lo que necesitas saber para visitar Sinaia y el Castillo de Peles sin morir en el intento (o entre la multitud).
Aunque no tenga nada que ver con la leyenda de Drácula, Peles es un derroche de arquitectura y opulencia que te deja sin palabras (para bien y para mal). Pero ojo, que Sinaia es mucho más que su castillo: es un monasterio lleno de paz, calles con sabor a fin de semana y aire puro de montaña.
Consejos prácticos para visitar Sinaia y el Castillo de Peles
Organizar la excursión a Sinaia es sencillo, pero hay un par de detalles que te ahorrarán tiempo y algún que otro «susto» con las cuestas, porque hay muchas al estar situado en la ladera de la montaña.
Cómo llegar: ¿Tren o coche?
Cómo subir al Castillo desde la estación
Nada más bajar del tren, verás que la montaña empieza ahí mismo. Tienes dos opciones:
Tours y visitas organizadas
Si quieres olvidarte de líos, puedes apuntarte a alguna de las excursiones que salen de Brasov o desde Bucarest y que incluyen el Castillo de Peles.

El comienzo de un viaje por Transilvania
La pequeña estación de tren de Sinaia nos recibió con el sopor del mediodía. Antes de nada, averiguamos dónde está la consigna. En el despacho de “información” una señora sale con una llave y nos acompaña a la misma. Después compramos el billete que nos llevaría esa misma tarde-noche a Brasov.
En la misma estación había una pequeña panadería con horno propio, junto a la parada de taxis. Decidimos comprar un pan relleno de queso, jamón y tomate frito baratísimo, para resolver la comida.
Sinaia está en la provincia de Valaquia, pero culturalmente ya es Transilvania.

Junto a la estación empieza la montaña, como he comentado en los consejos prácticos.
Hay unas escaleras para subir por lo que parece un parque o el mismo bosque. Para ello tienes que cruzar la carretera.
Yo estaba dispuesta a subir andando, pero mi amiga insistió en que sería mejor coger un taxi para subir al castillo, y me dejé llevar. Menos mal que le hice caso, porque la subida es muy vertical y larga. Avisado estás.
Dando vueltas y revueltas el coche subía cada vez más alto. Sinaia se despliega en la montaña y tiene muchas casas preciosas, grandes palacios, algún hotelazo, un monasterio, tejados puntiagudos y árboles enormes.

Visita al castillo de Peles
El castillo de Peles se alza en el monte. El entorno es precioso y el edificio bastante curioso. A primera vista, puede parecer un gran chalet suizo. En cambio, la visita al interior es un poco histriónica y puede ser decepcionante. Así de claro te lo digo.

El rey Carol I decidió construir el castillo de Peles en Sinaia a principios del siglo XIX. Buscaba un lugar donde su hija encontrara alivio para sus problemas respiratorios.
El castillo de Peles fue el primer edificio de Europa con luz eléctrica y ascensor.
Información que debes saber para visitar el Castillo de Peles
Ya habíamos leído que el castillo de Peles cierra sus puertas a las 15 h. (horario de invierno, a las 17 h en horario de verano) así que nos dimos prisa por el caminito que deja ver prados y bosques hasta donde alcanza la vista.


El capricho del rey Carol I
Las estancias se suceden una detrás de otra abarrotadas. Mobiliarios y artesanías a tutiplén. Me sorprendió muchísimo y ya puedo decir que es uno de los lugares más recargados que he visto en mi vida, sin negarle su aire de cuento.

Gustav Klimt decoró las cornisas del pequeño teatro que alberga el Castillo de Peles. Las maderas labradas se pelean con mármoles ostentosos y un poco fúnebres. Hay rosas de cristal de colores junto a grandes espejos.
El modernismo se mezcla con el barroco y con el orientalismo. Incluso hay una sala gótica. Hay rincones casi bonitos y otros muy agobiantes. La sala oriental invita a entrar pero no se puede ni pisar, y la sala de música aporta un poquito de paz. Todo muy oscuro, un poco loco.
Durante la visita se recorre la Biblioteca, la sala de Literatura, el salón Florentino y la sala Veneciana, la de Armas, el estudio de Carol I. Hay alguna foto de él mismo tocando el piano y de la reina leyendo.
Salimos de allí casi mareadas y con ganas de dar una vuelta por los jardines. Allí la estatua de la reina Elisabeta Carmen Silva observa a los cientos de personas, de muchas nacionalidades, dando vueltas por aquí y por allí. Buscando la mejor vista, la mejor foto, un recuerdo.

Volviendo hacia la salida hay un pequeño desvío que lleva al castillo de Pelisor, que fue mandado construir por el sucesor de Carol, el rey Ferdinand, a principios del siglo XX. Una construcción mucho más modesta que resulta raro llamar “castillo”.

Las calles de Sinaia y su monasterio
Ya teníamos ganas de patear un poco esa bonita ciudad que habíamos visto tras la ventanilla del taxi.
Por aquí un jardín silencioso donde los juguetes de los niños, de los de antes, esperan a sus dueños mientras se pone el sol. Por allí calles empinadas que invitan a bajar entre casas que exhiben balcones de madera y tejados empinados de color rojo. Muchos son de chapa oxidada.
La montaña está siempre presente.




Sinaia es famosa por su estación de deportes de invierno, así que eso marca el carácter de la ciudad. Muy de fin de semana, de domingos y festivos, con sus restaurantes y alguna atracción para el gran público como una pequeña tirolina en el parque que hay junto a la carretera. Muy de «día en familia» para pasarlo bien tras el disfrute de la nieve o los bosques.
Bosques en los que, por cierto, dicen que hay mucha vida salvaje, incluyendo osos.
El monasterio de Sinaia
El lugar más visitado es el monasterio de Sinaia, y no sólo por los extranjeros.
Allí mismo hay una fuente que los rumanos se apresuran a utilizar para rellenar sus botellas. Parece que es una de esas aguas que sanan o algo así.
Llegamos cuando estaban a punto de cerrar, así que tuvimos suerte porque sí, este es un lugar muy recomendable.

La iglesia Biserica Mare domina la atención en cuanto entras, pero hay mucho más.
A la izquierda hay un paso a otro patio y allí están las viviendas de los monjes. Alguno sale al sol con sus hábitos negros y el paso apresurado. Además hay una pequeña ermita que es realmente preciosa, con su pórtico cargado de pinturas al fresco. En su interior la cosa mejora, aunque nosotras sólo teníamos unos minutos (a solas, eso sí) para contemplarla.
✍ Este monasterio me recuerdó muchísimo al monasterio de Decani en Kosovo.




En todo el recinto se respira una paz y tranquilidad que no habíamos tenido en el castillo ni en las calles de Sinaia. De hecho, hay carteles que piden que se baje la voz y se silencien los móviles, lo que se agradece muchísimo porque así sí se puede captar la energía del lugar.
Lo que seguro te estás preguntando sobre Sinaia y Peles
Sinaia y sus castillos son, sin duda, ese paréntesis de aire fresco y arquitectura de cuento que todo viaje por Rumanía necesita. Ya sea por el despliegue de lujo de Peleș o por la calma que se respira en el Monasterio, es un lugar que se queda grabado en la retina. Espero que esta guía te ayude a disfrutar de la visita tanto como lo hice yo.
¿Has estado ya en Sinaia o tienes alguna duda que no haya resuelto? ¡Cuéntamelo en los comentarios, te leo!
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¡Hola Alicia!
Muy fan de tu blog, y tu facebook, especialmente todos tus viajes al desierto. En esta ocasión te sigo los pasos por Rumania. He leído que timan mucho con los taxis y lo mejor es usar uber. ¿Para subir al castillo de Peles desde la estación cogisteis uno de los que estaban allí, o utilizasteis app?, ¿hubo que negociar, es precio cerrado?
Todo lo que puedas indicarme te lo agradezco.
Hola Gema! Muchas gracias!! 😊 A tu pregunta, cogimos uno de los taxis que venían a la estación de tren (tuvimos que esperar un pelín porque la parada quedó vacía minutos después de bajar la gente del tren). Preguntamos el precio y nos pareció bien, así que listo. Quizá tienen más si coges en los aeropuertos, a mí no me dio sensación de timo en otros sitios, aunque cogí un par o tres en todo el viaje… Sí regateé en Bucarest para ir al aeropuerto, cogiéndolo en la calle y no en parada u hotel