beng mealea camboya

Quizá el rincón que más me gustó e impresionó, en mi fugaz paso por Camboya después de Vietnam (como muchos otros, sólo para ver los templos de Angkor), fue un templo casi sumergido en la selva.

Beng Mealea, más allá de Angkor

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Salir del complejo de templos de Angkor y del área de Siem Reap, y en tan sólo unos cuantos kilómetros (60 km) visitar un templo que no está abarrotado por las hordas de turistas, no tiene precio… Así me sentí yo ése día, al menos.

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Aquí la selva no están tan despejada, y el templo no ha sido reconstruido. De hecho, por lo visto, está igual que cuando lo encontraron los arquéologos.

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Únicamente hay unas pasarelas de madera un poco elevadas, por las que caminar… y de las que te recomiendan fervientemente que no te salgas porque hay muchas serpientes. No, no vimos ninguna, y sí a los chicos del lugar corretear por las piedras -descalzos- en busca de nosotros.

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Cuando salimos, nos sentamos también en algunas de esas rocas amontonadas. Rocas que hace siglos y siglos pertenecieron a los muros de este lugar de culto. Al poco, alguien vino a decirnos que nos levantáramos, que podía salir una serpiente de debajo, ag!! :D.

Poco se sabe de este templo, más allá de que es muy evidente que es primo hermano de los templos de Angkor. Es un templo hindú, dadas las figuras y adornos de las rocas talladas, y poco más.

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Los bloques de piedra cubiertos de verdín, amontonados, con las raíces ahogándoles y todo bajo la sombra de los altísimos árboles. Un lugar para soñar que eres arquéologo y estás en plena campaña, o para “visualizar” al mismo Indiana Jones bajando de una liana, ji, ji…

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Hasta hace poco era peligroso visitarlo, ya que los campos adyacentes estaban plagados de minas. Ahora hay un perímetro de un par de kilómetros “limpio”, gracias a la cooperación de Alemania, según reza el cartel que hay a la entrada del camino que lleva al templo, junto a la carretera. Yo, por si acaso, no me daría una vuelta por el campo.

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Los chavales, ay los chavales… se intentan ganar un dólar haciendo de guías improvisados. Te recitan los datos del lugar casi de carrerilla, sin que haya forma de pararles. Pero son agradables, simpáticos, dulces, divertidos. La gente de por allí es así, y me pareció diferente a los que viven o trabajan en Siem Reap, otra buena razón para salir de allí, de ese gran parque temático en el que se han convertido las ruinas de Angkor (que son espectaculares, es cierto y no lo niego).

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Por cierto, cuando nos íbamos, llegaba un grupito de japoneses. La pesadilla del turismo me removía las entrañas… un día de éstos os cuento cómo fue lo de Angkor.

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