Fianarantsoa es la puerta de entrada al sur de Madagascar. Fue la residencia de los gobernadores merina en territorio betsileo y su casco histórico (Tanana Ambony) está inscrito en la lista indicativa para ser Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sobran las excusas para hacer de ella una parada imprescindible antes de continuar el viaje por la mítica RN7 hacia el sur o la costa este.
Llegamos a Fianarantsoa a eso de las cuatro de la tarde, aunque antes de entrar en la ciudad paramos en un mirador de carretera. Delante nuestro se abría un paisaje de arrozales en terrazas, y al fondo, montañas graníticas. Fue la primera postal de una ciudad que, ya desde ese punto de vista, se intuía distinta a todo lo que habíamos visto hasta entonces en Madagascar.

Fianar, la capital intelectual de los malgaches
Fianarantsoa —»Fianar» para los amigos— es uno de los centros culturales, académicos y religiosos más importantes de Madagascar.
Su nombre significa literalmente «el lugar donde se aprende el bien«, un título muy merecido: aquí se levantaron algunas de las primeras escuelas, institutos y universidades de la isla. Es, en muchos sentidos, la gemela intelectual de Antananarivo, aunque con un ritmo mucho más pausado.
Además, Fianarantsoa presume de concentrar una de las mayores densidades de iglesias del país. Madagascar cuenta con diversas confesiones, pero Fianarantsoa es el gran bastión católico de la isla (aquí se establecieron los jesuitas en el siglo XIX) y alberga también importantes templos luteranos y protestantes, así como el seminario teológico más antiguo del país.
En el corazón de la Ciudad Alta destaca la majestuosa Catedral de Ambozontany, de ladrillo rojo, construida a finales del siglo XIX y sede del arzobispado. Visitar la zona un domingo por la mañana permite contemplar la vida local en su máximo esplendor, cuando las familias acuden a la misa luciendo sus mejores galas.

También es una ciudad extensa y poblada. Como en casi todas las grandes urbes malgaches, nos advirtieron nada más llegar que no es recomendable pasear de noche, una precaución habitual que no empaña la visita si organizas bien tus horarios.
Un poco de historia: la reina que quiso construir su propia Antananarivo
Gran parte de lo que hace especial a Fianarantsoa se entiende mejor si se conoce su historia, y de eso nos habló largo y tendido el guía local que nos llevó por el centro histórico.
La ciudad se fundó oficialmente en 1830 por orden de la reina merina Ranavalona I sobre la antigua aldea de Ivoenana. Su objetivo era erigir una capital administrativa desde la que controlar el recién conquistado reino de la etnia betsileo.
Quiso que fuera una especie de segunda Antananarivo: mismas callejuelas estrechas, mismas escalinatas de piedra que ascendían por una colina, y hasta mandó excavar un lago artificial que recordara al lago Anosy de su capital. En la cima de la colina construyó un rova (palacio real) para el gobernador merina, del que hoy no queda nada; en su lugar hay, sin ninguna ironía, una escuela primaria.
Ranavalona I es una figura controvertida, fascinante y a la vez temida en la historia malgache. Reivindicó con fuerza su soberanía frente a los colonialistas, pero al mismo tiempo aplicó una mano muy dura y cruel contra una parte de la población de Madagascar. Los betsileos lo recuerdan, y no para bien. Y los propios franceses llegaron a apodarla la «Calígula malgache» por la dureza con la que trató este pueblo.
Caminar por estas calles con ese contexto en la cabeza le da otra capa a la visita. En mi guía de Antananarivo, por cierto, te resumo la historia de esta reina cuando hablo del Rova.

¿Quiénes son los betsileos? El pueblo de las colinas e invencibles
Hablar de Fianarantsoa es hablar de los betsileos («los muchos invencibles«), el tercer grupo étnico más numeroso de Madagascar y los verdaderos esculpidores de este paisaje.
Maestros indiscutibles de la agricultura de montaña, han transformado los valles y laderas en imponentes terrazas de arroz que recuerdan a paisajes del sudeste asiático.
Además de su destreza agrícola, su también bonita arquitectura rural, y su famosa artesanía en madera —en la cercana Ambositra puedes admirar y comprar en sus talleres—, los betsileos destacan por una rica tradición oral y ritual.
Un rasgo inconfundible de su vestimenta son sus sombreros de rafia (conocidos localmente como roso).


Antananambony o Tanana Ambony, la ciudad alta que se conserva casa a casa
El barrio alto de Fianarantsoa, conocido como Tanana Ambony, es sin duda el gran protagonista de la ciudad. Se trata de un conjunto de calles empedradas, muchas en cuesta o con escalinatas, construidas en el siglo XIX con la arquitectura malgache tradicional: casas de madera y ladrillo, con balcones tallados, que por normativa local deben mantener un mismo color y un mismo estilo. Es justamente esa uniformidad la que le da al barrio su carácter tan reconocible.

Muchas de estas casas están siendo rehabilitadas gracias a la iniciativa de asociaciones locales y donativos que llegan de muchas parte del mundo. Los vecinos se han propuesto conservar el patrimonio del barrio antes de que se pierda, convirtiendo algunas viviendas antiguas —incluida una vieja casa parroquial— en alojamientos con encanto.

Paseando por Tanana Ambony nos topamos con un patio lleno de arañas enormes: la araña dorada de Madagascar (Nephila madagascariensis), reconocible por el color dorado de su tela. La seda de estas arañas es tan resistente que ha llegado a usarse en proyectos textiles experimentales para fabricar chalecos antibalas, y también inspiró la creación de la famosa capa tejida enteramente con seda de araña que se expuso en el museo Victoria & Albert de Londres.

Un poco más allá encontramos un balcón desde el que se domina todo el valle y las montañas. Es uno de varios miradores que te encuentras caminando por la colina.
Ahí nos invitaron a un ron de café y acabamos bailando con los niños del barrio mientras se hacía de noche. Algunos de estos niños hablaban francés, inglés, italiano e incluso algo de alemán. De esos momentos improvisados que, al final, son los que uno más recuerda de un viaje.


Más allá de la ciudad alta
Fianarantsoa se estructura en tres niveles:
Fianarantsoa es también la cuna de Pierrot Men, uno de los fotógrafos malgaches más reconocidos internacionalmente, que tiene su estudio y galería abiertos al público en la ciudad. Yo no tuve tiempo, pero me hubiera encantado acercarme a ver su trabajo, centrado sobre todo en retratos y escenas de la vida cotidiana malgache.

Viñedos y la plantación de té de Sahambavy
La región es el epicentro vitivinícola de Madagascar. Los viñedos de los alrededores, introducidos originalmente por sacerdotes jesuitas, producen las marcas de vino más conocidas del país (Lazan’i Betsileo, Soavita, Clos Malaza).
A muy corta distancia se halla Sahambavy, el único lugar de Madagascar donde se cultiva té. Sus colinas verdes rodeadas por un idílico lago forman uno de los paisajes más serenos de la región.
Puerta de acceso a Ranomafana y la Reserva de Anja
Desde Fianarantsoa se pueden organizar dos de las mejores excursiones en el sur de las Tierras Altas:
Cómo llegar a Fianarantsoa

Dónde dormir en Fianarantsoa
Lo mejor es alojarse cerca o dentro de la ciudad alta, para moverte a pie por Tanana Ambony sin depender de taxis nocturnos. Nosotros nos alojamos en el Hotel Zomatel, en pleno centro de la ciudad.
Aquí puedes buscar opciones de alojamiento en Fianarantsoa.
Antes de viajar
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Para más consejos prácticos para organizar tu viaje a Madagascar, no te pierdas mi guía de Madagascar.
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