Entre Ambalavao y Ranohira, justo al borde de la RN7, hay un bosque pequeño encajado a los pies de un macizo de granito. Es la Reserva de Anja, y si has visto una sola foto de lémures catta tomando el sol sobre una roca en Madagascar, lo más probable es que fuera hecha aquí. Te cuento todo lo que hay que saber para visitarla.
Nosotros paramos aquí de camino hacia el Parque Nacional de Isalo, y salimos con mucho más de lo que esperábamos: no solo vimos lémures a un par de metros, también hicimos un pequeño trekking subiendo entre los batolitos que dan nombre al lugar. Después seguimos hasta Ambalavao para comer y visitar el taller del papel antemoro, antes de retomar la RN7 hacia el sur.

La Reserva de Anja: qué es y dónde está
La Reserva de Anja está unos 12-13 km al sur de Ambalavao, en la región de Haute Matsiatra, justo al lado de la carretera. Es una de las paradas más cómodas de todo el país: no hace falta desviarse por pistas de tierra, el acceso está casi a pie de asfalto.
Ocupa solo unas 30 hectáreas, lo que la convierte en una de las reservas más pequeñas que visité en Madagascar. Pero no te dejes engañar por el tamaño: tiene la concentración de lémures catta más alta de todo el país.
No es un parque nacional. Es una reserva comunitaria, gestionada al 100% por la asociación local Anja Miray. De hecho, su nombre oficial es Reserva Comunal de Anja.
La iniciativa nació a mediados de los años 90, cuando un grupo de vecinos de la zona, alarmados por la deforestación y la pérdida del bosque, decidió proteger lo que quedaba y recuperar lo que se había perdido. La asociación se formalizó en 1999 y la reserva se inauguró oficialmente en 2001.
El modelo funciona: hoy los ingresos de las entradas y los guías sostienen una escuela, un fondo de solidaridad para los mayores, y viveros para reforestar la zona. En 2012, Anja recibió el Equator Prize de Naciones Unidas como reconocimiento a este tipo de conservación liderada por la propia comunidad.
Cuando llegamos, vimos a un montón de guías esperando clientes. De todas las edades. Que la reserva vaya bien no significa que sea un negocio muy pujante y muchos chicos intentan abrirse paso, pero no hay tanto turismo en Madagascar.
Nuestro guía, un señor mayor con cara amable (y así era) se llamaba Frank. Es betsileo, como casi todos los que trabajan aquí, ya que estamos en el País Betsileo, un territorio de ambiente muy rural salpicado de pueblos de adobe muy bonitos.
Fue él quien nos enseñó el saludo local: se dice «Akuriavy» y se responde «Akuri». Un detalle pequeño, pero de esos que se quedan.


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La Reserva de Anja: los batolitos de granito y el macizo de Iandrambaky
Lo primero que ves al llegar es la razón por la que el lugar impone tanto: un macizo de piedra que se levanta de golpe sobre la llanura, con paredes de hasta 500 metros de altura. Es el macizo de Landrambaky, aunque los betsileo lo conocen como «Telo Mirahavavy», las Tres Hermanas, por sus tres grandes cúpulas de granito.
Un batolito es una masa de roca que se formó hace muchísimo tiempo, siendo magma que se enfrió muy despacio a varios kilómetros bajo tierra sin llegar a salir a la superficie en forma de volcán. Con el paso de millones de años, la erosión fue arrancando todo lo que había encima, hasta dejar esta roca dura al descubierto. El resultado son esas formas redondeadas, casi de cúpula, tan características del granito, muy distintas de las agujas afiladas de los Tsingy o de los cañones de arenisca de Isalo.
Este granito forma parte del zócalo cristalino que sostiene buena parte del centro y sur de Madagascar, uno de los conjuntos de roca más antiguos del planeta. La misma familia de piedra que verás también en las «Puertas del Sur», a la salida de Ambalavao, y en el cercano macizo de Andringitra.
El bosque de Anja se ha instalado justo en las grietas y huecos entre estos bloques caídos, creando un microclima húmedo y sombreado en pleno corazón de un paisaje mucho más árido. Ese contraste, bosque verde encajado entre piedra desnuda, es parte de lo que hace el lugar tan fotogénico, pero sólo lo verás si haces una de las caminatas.

Los lémures catta de Anja
Antes de llegar a los lémures, Frank nos paró frente a un tronco donde había un grupo de lo que parecían arañitas diminutas y delicadas, de un blanco casi translúcido, moviéndose todas juntas en una especie de baile hipnótico. Nos dijo que se las conoce como «psicodel» o «ninfas», y que son, según nos contó, futuras mariposas, pero las mariposas no pasan por una fase así, así que podrían ser Efímeras que es un insecto similar a las mariposas. Las “ninfas” segregan una sustancia dulce que les encanta a los lémures.

Aquí está el motivo por el que casi todo el mundo hace una parada en Anja: los lémures catta (Lemur catta), o maki catta como los llaman los malgaches. Con esa cara y esos bigotes, y sobre todo con esa cola larga a rayas blancas y negras, se parecen más a un gato que a cualquier otro primate que hayas visto.
Si has visto la película de animación Madagascar recordarás al Rey Julien y su canción “yo quiero marcha, marcha”. Pues este simpático rey es un lémur catta.
Frank nos contó que en la reserva viven unos 350 ejemplares, organizados en grupos de entre 10 y 15 individuos, aunque nosotros nos encontramos con un grupo más numeroso. Y aquí van algunas de las cosas que nos contó sobre ellos y su comportamiento:
Uno de los detalles que más me quedó grabado fue lo que nos contó Frank sobre la vejez de los lémures catta: los lémures mayores caminan encorvados, mucho más lentos, pero según nos dijo, nunca han encontrado un lémur muerto en la reserva. Cuando sienten que su hora se acerca, o simplemente cuando enferman, se apartan del grupo y buscan un hueco escondido entre las rocas para irse solos.
La reserva de Anja tiene, además, la ventaja de que aquí no vive la fosa (Cryptoprocta ferox), el gran depredador de los lémures en el resto de la isla. Así que, salvo por las rapaces, estos catta viven una vida relativamente tranquila.
Si quieres conocer el resto de especies de lémures que hay en Madagascar, tengo un post completo con las 10 especies que pude ver en mi viaje.

Me habría quedado todo el día observando al gran grupo de lémures catta que encontramos junto a los campos de cultivo. Subidos a los árboles y por el suelo, comiendo sin parar, caminando graciosamente hasta el agua y tomando el sol, o yéndose casi en formación a otro lugar. Hasta nuestros guías estaban sorprendidos de ver tantos, y nos dijeron que podía ser porque ese era el primer día de sol de hacía varios.



El pequeño trekking a los batolitos
Después de pasar un buen rato con los catta, Frank nos propuso subir. La reserva de Anja tiene un circuito corto que trepa entre los bloques de granito hasta ganar altura sobre el bosque.
Aunque es una caminata breve, tiene su punto de escalada suave entre las rocas, nada técnico, pero sí que hay que usar las manos en algún tramo. Bueno, y también una cuerda para bajar rappelando por una de esas rocas, pero nada dramático.
Otros hallazgos en el camino fueron un par de camaleones preciosos, y un saltamontes de muchos colores que parece que lleva una tela africana como vestido. Todo ello, gracias a Frank, porque si no es probable que ni los veas.

La subida entre las rocas, aparte de su bajo nivel de dificultad, también tiene su punto. Hay pasillos estrechos, semi cuevas, y por todas partes troncos y raíces de árboles poderosos que parecen mimetizarse con dichas rocas.
Arriba, las vistas compensan cualquier esfuerzo. El bosque de Anja a los pies del macizo, la llanura agrícola alrededor, y el viento refrescándote. Es un buen sitio para pararse un momento y tomar aire antes de seguir la ruta.


Dónde comer cerca de la Reserva de Anja: Aux Bougainvillées y el papel antemoro
Ese día comimos en Aux Bougainvillées, en Ambalavao, un sitio precioso, con mucha vegetación y un ambiente muy cuidado, gestionado al 100% por malgaches. Se come realmente bien (como en toda Madagascar diría yo), y el entorno, con las buganvillas que le dan nombre, invita a quedarse un rato más de la cuenta.
Tiene además un aliciente extra: dentro de su recinto está el taller donde se fabrica el papel antemoro, así que puedes combinar la comida con la visita.
El papel antemoro o antaimoro: una tradición que llegó del mar
Fue precisamente en Ambalavao donde Marie, la amable mujer que nos enseñó el proceso, nos contó la historia de este papel tan característico de Madagascar.
Se elabora con la corteza del avoha, un arbusto que crece de forma silvestre en la costa este de la isla. Lo curioso es que el árbol no muere al extraerle la corteza: se le retira la segunda capa, y con el tiempo, vuelve a generar tanto la primera como la segunda corteza, así que se puede seguir usando durante años.
El origen se remonta al siglo XVI, cuando los comerciantes árabes se instalaron en la costa este de Madagascar. La población local empezó a llamarlos «antemoro» (algo así como «los del litoral»), y ese mismo nombre acabó dándoselo también al papel, porque lo usaban para escribir el Corán, alfabetos y muchas otras obras. Así nació el Sorabe, los textos sagrados malgaches escritos con alfabeto árabe.
Con el tiempo, la tradición fue perdiendo fuerza, hasta que en 1936 un francés, Pierre Mathieu, la recuperó en Ambalavao. Fue él quien tuvo la idea de decorar el papel todavía húmedo con flores frescas, el detalle que hoy en día es la seña de identidad de este papel en cualquier tienda de souvenirs de Madagascar.


Información práctica para visitar la Reserva de Anja
Cómo llegar y distancias
La Reserva de Anja está a unos 12-13 km al sur de Ambalavao, en plena RN7, la misma carretera que conecta Antananarivo con Toliara.
Algunas referencias de distancia que te pueden ayudar a organizar la ruta:
Es, por tanto, la parada perfecta para partir el trayecto largo entre las Tierras Altas y el sur profundo del país.
Guías y entradas
La visita a la reserva es siempre con un guía local, incluido en el sistema de gestión de la asociación Anja Miray. Los precios pueden cambiar, así que mejor consultar las tarifas actualizadas en la web oficial de la Reserva de Anja antes de ir, o directamente al llegar.
Rutas dentro de la reserva
Hay más de un circuito posible, desde paseos cortos de media hora centrados en la observación de lémures, hasta rutas de varias horas que incluyen la subida a los batolitos. Coméntaselo a tu guía al llegar y él te propondrá la opción que mejor encaje con el tiempo que tengas.
Mejor época para visitar Anja
La temporada seca, entre abril y noviembre, es la más recomendable, igual que para el resto del sur de Madagascar. Los meses centrales (junio a septiembre) suelen ofrecer el clima más agradable para caminar.
Qué llevar
Si buscas más consejos para viajar a Madagascar, no te pierdas mi guía con información práctica del país.

Preguntas frecuentes sobre la Reserva de Anja
La Reserva de Anja es de esas paradas que uno imagina rápidas y acaban ganándose un hueco importante en el recuerdo del viaje. En un puñado de hectáreas hay lémures a un paso de distancia, un macizo de granito con nombre propio, y toda una tradición, la del papel antemoro, esperando a la salida en Ambalavao. Si vas camino del sur de Madagascar, no la dejes fuera de la ruta.
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