La costa oeste de Madagascar es sinónimo de playas increíbles con aguas turquesas y arena blanca. También es sinónimo de baobabs porque hay miles, y muchas otras rarezas de la isla. Si buscas una ruta que te sacuda el polvo y te llene los ojos de una belleza cruda y sin filtros, no lo dudes: el oeste te está esperando.
El «salvaje oeste» de Madagascar: mucho más que piedras y baobabs
Si estás planeando un viaje a Madagascar, lo más probable es que tu mente vuele directa a dos imágenes: las agujas de piedra de los Tsingy y la silueta infinita de la Avenida de los Baobabs. Y no te culpo; yo también fui buscando eso 😅.
Pero lo que no te cuentan es que, entre esos dos iconos, existe un oeste indómito, polvoriento y fascinante que es donde realmente late el pulso de la isla roja.
Esta no es solo una ruta de paisajes de postal; es el viaje a la tierra de los vezo, los nómadas del mar que desafían al Canal de Mozambique en sus piraguas de balancín, y adentrarse en el bosque espinoso que parece sacado de otro planeta.
En este post no me voy a detener en los detalles técnicos de los Tsingy ni a repetirte mil veces lo mágico que es el atardecer en los baobabs (que lo es, y para eso ya tienes mis guías específicas), sino que quiero llevarte por la carretera secundaria.
Prepárate para descubrir playas donde las únicas huellas serán las tuyas, bosques donde los baobabs tienen formas imposibles y una cultura que se rige por mareas y tabúes. Si buscas la cara más auténtica y menos «instagrameable» (pero mil veces más real) de Madagascar, esta es tu ruta.


Elección de ruta por la Costa Oeste de Madagascar
La Costa Oeste es inmensa y las distancias aquí no se miden en kilómetros, sino en horas (y mucha paciencia). Además, el número de atractivos es enorme. Desde maravillas botánicas, hasta la cultura de los vezo y las playas.
Por tanto, las rutas por la Costa Oeste de Madagascar pueden ser bastante distintas entre sí, ya que opciones hay. Yo viajaba con una agencia y el itinerario estaba marcado, pero esto tiene su ventaja: no te pierdes los sitios más icónicos, aunque Madagascar es un país para dejarse llevar.
Estos son los puntos por los que transcurrió mi ruta de sur a norte, y que desarrollo después:
Muy importante: debido a la dificultad del terreno, un vehículo 4×4 es imprescindible; sin él, simplemente hay lugares a los que no llegarías nunca.
Hay que contar, además, con que será necesario cruzar unos tres ríos, siempre en transbordador «a la africana», y si tienes algún contratiempo con el coche… mejor llevar algo de comida y equipo para pasar la noche donde sea.

Itinerario detallado: de Toliara a los Tsingy
Toliara, la ciudad tranquila
Toliara o Tulear se revela como una ciudad tranquila a la que le gusta la fiesta los fines de semana.
Situada junto al mar, pero con una playa pública repleta de basura que hace que se te caiga el alma a los pies, puedes pasear y comer pinchitos de pulpo, gambas, pescado o carne en muchos de sus restaurantes locales y al aire libre.
Aquí tienes algunos datos de esta ciudad, que sirve de puerta hacia el salvaje sur, o hacia el norte como fue en mi caso:
Poco más puedo aportar, ya que nosotros sólo pasamos una tarde de tiempo libre después de todo un día para llegar desde el Parque Nacional de Isalo. Al día siguiente comenzábamos nuestra ruta por la Costa Oeste de Madagascar.

Ambatomilo y el bosque espinoso
Saliendo de Toliara, al poco rato ya hay que abandonar la carretera de asfalto y continuar por pistas de arena, al menos si quieres ir cerca de la costa.
Hay tramos de “bamboleo” duro, duro, pero cuando vas viendo la línea de la costa y el color intenso de las aguas del Canal de Mozambique, poco importa.

Yendo hacia Ambatomilo, empezamos a circular por el Bosque Espinoso. Se trata de un bosque totalmente único y que se extiende durante muchos kilómetros.
Este bosque está dominado por lo que parecen cactus gigantes que se abren paso entre árboles bajos y matorrales de otros tipos. Son los “árboles pulpo” (Didiera madagascariensis) y no son cactus, son árboles, tal y como te conté en el post de Curiosidades de Madagascar.

De vez en cuando surge algún pueblo junto al mar. Son aldeas o asentamientos de los vezo, el pueblo seminómada que predomina en esta región. También se les puede ver pescando a pulmón y con arcón, sobre todo si hay marea baja.
Las casas de los vezo están construidas con chapas, ramas y palmeras, y todas cuentan con un patio amplio rodeado de una empalizada. Paseando por alguno de estos pueblos, es posible que te cueles en sus casas sin querer, porque los pasos entre las vallas no están muy delimitadas (a nuestros ojos).
Las mujeres vezo llevan una pasta de color blanco o amarillo en el rostro. Les sirve como maquillaje, protección solar y antimosquitos.


Cuando llegamos a la zona de Ambatomilo, me quedé sin habla. Las playas de la Bahía de Mamirano, al sur de esta localidad, son kilométricas y aparecen totalmente vacías de gente y construcciones, excepto algún pequeño resort como el Mikea Lodge.
La arena es tan blanca que hace daño a la vista, y cuando baja la marea hay un kilómetro o más de distancia hasta las primeras olas.

No nos quedamos a dormir allí, sino que continuamos otras tres horas más hacia el norte hasta llegar a Andavadoaka, y me dio un poco de pena.
No obstante, antes de pasar al siguiente punto, decir que es a partir de aquí cuando empezamos a encontrarnos con muchos baobabs. A partir de esta zona y hasta casi los Tsingy, veremos miles y miles de ellos, algo de lo que no tenía ni idea antes de ir y verlo con mis propios ojos.
Entre las diferentes especies de baobabs que hay en Madagascar, están los Andasonia Grandidieri, que son los más grandes, y los Andasonia Fony de color anaranjado y tronco con forma de zanahoria.
Las paradas para admirar a estos colosos vegetales no se hacen de rogar. Y entre ellos hay un baobab curioso: el “baobab tatuado” o “psicodélico”.
Tiene todo el tronco cubierto de un hongo parásito que forma dibujos, la mayoría con forma de círculos concéntricos. Dicen que el hongo no le hace daño. Este hongo está en muchos baobabs, pero en este ejemplar está completamente extendido.

Andavadoaka: playas y baobabs
Adavadoaka es un pueblo tranquilo que se agrupa junto a una playa. Su gente es muy amable y da para un buen rato entre sus casas de cañas y los acantilados que hay en un extremo de la playa.

A poca distancia de la población de Andavadoaka está el Laguna Blu Resort, nuestra base para dos noches.
El Laguna Blu Resort es un sitio idílico, con bungalows frente al mar y un restaurante cuyo cocinero, italiano, hace verdadera magia en los fogones. Te lo recomiendo mucho, puedes verlo y reservarlo aquí.
La playa casi desaparece con la marea alta, y reaparece con la baja, mostrando un fondo marino lleno de ofiuras, un animal que se parece mucho a las estrellas de mar, y erizos grandes.

Un paseo en barca balancín
Más allá de descansar en este entorno de postal, se puede contratar barcas locales para ir a un islote cercano a pasar la mañana, una actividad que se gestiona con el propio resort, siempre y cuando las condiciones del mar lo permitan.
Ver desplegar las velas cosidas de manera artesanal con sacos de arroz de distintos colores, y observar el mar abierto a placer, fue lo mejor.
«Lo peor» fue que, antes de ir a la isla, nos llevaron a intentar ver ballenas rorcuales, ya que por lo visto el día anterior habían visto algunas. Estuvimos mucho tiempo parados en alta mar, no vimos nada y nos quedamos sin tiempo para disfrutar de la isla prometida.
La vuelta al continente fue un tanto estresante porque teníamos que correr a contrareloj mientras la marea ya bajaba. Al final, tuvimos que caminar un rato con el agua hasta las rodillas porque las barcas no podían acercarse más a tierra.
Reconozco que me enfadé, pero no contra nadie en particular. Ellos habían querido complacernos y se empeñaron tanto que al final fue un pequeño desastre.



Bosque de Baobabs Grandidiera de Andavadoaka
Otro sitio que no hay que dejar de visitar es el Bosque de Baobabs, conocidos como Baobabs Grandidiera de Andavadoaka porque sólo crecen aquí.
Está un poco tierra adentro con respecto al mar y el pueblo, pero es fácil de encontrar con el Google Maps, si viajas por tu cuenta.
Sus troncos son enormes, poderosos, y se cree que la razón está en la salinidad del suelo.
Sea como sea, es mágico caminar a solas entre ellos, observando sus detalles. Y da mucha pena ver alguno muerto, con el tronco caído como si se hubiera derretido.
Frente a este “bosque” hay un gran claro de vegetación donde crece la salicornia, una planta con la que hacen ensaladas y otros guisos y que sólo crece en suelos salinos.


El cruce del río Mangoky
Con una noche de por medio y casi dos días de ruta desde Andavadoaka, llegamos a Belo Sur Mer.
Antes, tuvimos que cruzar el río Mangoky en un transbordador empujado por hombres, en lugar del motor.
Según nos contaron, los propios trabajadores o “empujadores” del transbordador sabotean el motor del mismo para conservar su trabajo. Así que cuando pienses en lo tremendo que es cómo se ganan la vida y la falta de derechos humanos, recuerda que para ellos es su única salida y la intentan defender como sea.


El tramo hasta Belo Sur Mer, una vez cruzado el río, está en mejores condiciones que las pistas de los días anteriores. Incluso hay algo de carretera asfaltada recién construida por los chinos, lo que es pura gozada.
Belo Sur Mer, qué ver en el pueblo tranquilo
Belo Sur Mer es un pueblo de la costa muy tranquilo y lleno de, una vez más, gente muy amable.
Frente a él hay ensenadas de arena que forman canales tranquilos, mientras que la orilla es bastante rocosa. De hecho, hay ciertas zonas con “navajas”, una forma que adopta la piedra y que, si la pisas descalzo, te puedes llevar un buen corte.
Su nombre, Belo Sur Mer, suena a “bello sobre el agua”, pero nada más lejos de la realidad. Belo significa “sitio que huele muy mal”, y esto es así porque los colonos cometieron una gran masacre entre la población local, y dejaron los cadáveres pudriéndose al sol.

Además de las playas, no hay que dejar de ir a ver los astilleros de los dhow, los barcos que los propios omaníes utilizaban para cruzar el Índico y comerciar con el incienso y las especias antes de que llegaran los europeos.

Y hay que pasear por el pueblo. Sus calles son de arena, sin pavimentar, pero están muy limpias y la vida transcurre lánguida en las horas de más calor, activándose cuando baja el sol.
Hay una plaza principal que da paso al mercado de frutas y verduras, así como a tres o cuatro restaurantes donde comer muy bien. También hay varias iglesias cuyas campanas suenan varias veces al día.

Pero, por encima de todo, lo que no hay que perderse es la puesta de sol en la playa. El color rojo que da paso al malva antes del azul nocturno, con la silueta de las palmeras y los barcos recortándose en ese fondo encendido, son de las imágenes que siempre voy a recordar.


Morondava y la Avenida de los Baobabs
Morondava es la siguiente parada en esta ruta, a unos 80 km al norte de Belo Sur Mer.
Ciudad principal, con más de 50.000 almas y un aeropuerto para vuelos locales, tiene la apariencia de ciudad próspera, sobre todo si la comparas con otras de esta ruta. Aun así, sufre grandes apagones y la vida no es fácil para muchos de sus habitantes.
Pero cuando llegas sí que se nota que hay mucha más actividad, tráfico y turismo, tanto extranjero como de malgaches ricos. También cuenta con una playa preciosa y muchos servicios.
La clave de su éxito, a nivel turístico, está en la cercanía a la Avenida de los Baobabs, pero no voy a hablar de este lugar porque ya publiqué un post con mi experiencia y consejos para la visita de la Avenida de los Baobabs.


Belo Sur Tsiribihina
Además de la Avenida de los Baobabs, Morondava también es el punto de partida para las excursiones a los Tsingy de Bemaraha.
Hay dos formas de hacer esta ruta, que supone muchas horas de pista y polvo: de una sola vez, o haciendo noche en Belo Sur Tsiribihina.
Nosotros hicimos noche en Belo Sur Tsiribihina (llegando al atardecer, no creas) a la ida, y nos pegamos la gran paliza a la vuelta para llegar a ver el atardecer en la Avda. de los Baobabs.
Para llegar, además de tragar kilos de polvo en las pistas animadas por cientos de baobabs, hay que cruzar el río Tsiribihina, de nuevo con un transbordador. En este caso sí es impulsado con un motor, a no ser que esté roto, y tiene un horario. Si llegas tarde, te quedas tirado (en la orilla opuesto a Belo Sur Tsiribihina).
Por si te lo preguntas: su nombre también remite a los combates, en este caso entre los merina y los sakalava (la etnia de la región), en 1818. El lugar quedó sembrado de cadáveres de ambos bandos…
Esta ciudad es de mayoría musulmana y así lo atestigua la mezquita, que canta las oraciones preceptivas cinco veces al día. Por la noche, el pueblo se llena de vida en torno al mercado y los bares de la calle principal. Hay muchísimo ambiente, así que merece la pena darse una buena vuelta.
Dónde dormir y comer en Belo Sur Tsiribihina
Aquí hay una referencia muy clara, y no sólo para dormir, también para comer porque cuenta con un buen restaurante. Se trata del Hotel du Menabe, creado en la década de 1920, que tiene una arquitectura colonial y muchos detalles que lo hacen encantador.
Hay otra referencia en este pueblo, el restaurante Mad Zébu, que dicen que es uno de los mejores de todo el país, y te aseguro que eso es mucho decir.

Tsingy de Bemaraha
Y por fin llegamos al punto más al norte de esta ruta por la Costa Oeste de Madagascar: los icónicos Tsingy de Bemaraha, para lo que hay que cruzar otro río, el de Bekopaka, la población que está junto a esta maravilla natural.

Si crees que has visto mucho a nivel de paisajes raros y exóticos, prepárate para los Tsingy, porque es otra vuelta de tuerca. Eso sí, para disfrutarlos hay que estar en una forma física relativamente buena.
No me voy a extender más aquí porque también tienen su propio post que te enlazo aquí.

Consejos prácticos para tu viaje
Organizar esta parte de Madagascar es, probablemente, el mayor rompecabezas logístico del viaje. No es una zona para improvisar sobre la marcha si no tienes tiempo, así que aquí te dejo un mapa con todos los lugares mencionados y después varios consejos que espero que te vengan bien:
El transporte: ¿Por qué un 4×4 es innegociable?
Olvídate de los traslados convencionales. En el oeste, las «carreteras» son en realidad pistas de arena profunda, lechos de ríos secos y caminos de tierra que desaparecen con una lluvia fuerte.

La mejor época para ir
Esta ruta está totalmente condicionada por el clima.

Salud y seguridad: Lo que no debe faltar
No dejes de leer mi guía con consejos prácticos para viajar por Madagascar.
Respeto cultural y los «Fady»
La cultura malgache está llena de fady (tabúes sagrados). Pueden ser cosas tan raras como no señalar un sitio con el dedo índice, o no comer ciertos alimentos en días específicos.
Tip: Pregunta siempre a tu guía local antes de entrar en una aldea o acercarte a una tumba. Respetar sus creencias es la mejor llave para que te reciban con una sonrisa.

Lo que seguro te estás preguntando sobre la costa oeste de Madagascar
Recorrer la Costa Oeste de Madagascar es, en muchos sentidos, aceptar que no tienes el control. Es rendirse a los tiempos que marcan la arena, las mareas y el paso lento de los carros de bueyes. Pero es precisamente ahí, entre el azul eléctrico de Andavadoaka, la hospitalidad de los vezo y la silueta de esos baobabs que parecen haberlo visto todo, donde descubres que Madagascar no es solo un destino, sino un estado mental.
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