La Ilha dos Tigres es uno de los lugares más especiales de la costa sur de Angola, y me atrevo a decir que de toda la costa oeste del continente africano. Hoy te la voy a enseñar y contar mi experiencia en ese lugar remoto y fascinante ☺️
Qué tiene de especial la Ilha dos Tigres
Siendo la isla más grande del país, con casi 100 kilómetros cuadrados (unos 6 kilómetros de ancho y más de 30 km de largo), no es su geografía lo que destaca, ya que a primera vista no es más que una llanura desértica separada del continente. Ni siquiera tiene dunas como las que hay en la costa continental (la altitud del terreno no supera los 10 metros sobre el nivel del mar).
Su gran atractivo radica en las ruinas de São Martinho dos Tigres. Ruinas que le dan vida, aunque suene contradictorio hablando de una ciudad abandonada.
Y la experiencia de viajar y dormir allí es sencillamente espectacular.
Descubre aquí por qué los lugares abandonados atraen tanto, en mi opinión.

La historia de Ilha dos Tigres (Isla de los Tigres)
Corría el año 1860 cuando unos pescadores portugueses, procedentes del Algarve y, según lo que he leído, muchos salieron del bonito pueblo de Olhão, decidieron asentarse en lo que era una península de la costa angoleña. Estas fueron sus razones:
Pasaron muchos años viviendo allí como podían, sin la ayuda del gobierno, ya que este no consideraba que fuera un sitio rentable como la misma Moçamedes y otros puntos de la costa.
Sin embargo, a principios de la década de 1920 el gobernador de Angola decidió apoyarles. Entre otras cosas, en 1922 se instaló una gran desaladora que llegó a proporcionar más de 20.000 litros de agua dulce aunque, por lo visto, no duró mucho tiempo.

Continuaron sobreviviendo con los suministros que compraban en Moçamedes y eran traídos por un barco de manera regular.
Imagina el momento en que llegaba el barco y se desembarcaban todas las riquezas prometidas…
Hacia 1949, Portugal reconoció a Ilha dos Tigres y decidió invertir en este lugar. Impulsó la construcción de los edificios que vemos hoy en día, tanto públicos como viviendas. La escuela, el hospital, la prisión, la oficina de correos, la aduana, el cine…
No sé si fue entonces, o antes, cuando plantaron los árboles que hoy vemos totalmente secos.

He mencionado que entonces era una península. Es decir, formaba parte del continente porque estaba unida por un istmo.
Para resolver la falta de agua potable se llegó a construir una canalización para traerla desde el río Cunene. Hablamos de unos 75 kilómetros de distancia en la ruta por la costa, aunque desde el extremo sur de la bahía son la mitad, aproximadamente.
En 1962 hubo una gran tormenta marítima. De proporciones gigantescas, llegó a romper el istmo que la unía al continente. Ilha dos Tigres se convirtió, ahora sí, en una isla rodeada de mar por los cuatro costados. Hoy en día está a unos 10 kilómetros de la costa continental.
Después de quedarse sin la tubería que les hacía llegar el agua, tuvieron que volver a recurrir a los barcos para traer el agua y llenar los depósitos de la ciudad. Ni hablar de emigrar. No todavía.
En esos años la población creció y llegó a ser de casi 1.100 habitantes distribuidos en 400 casas, aparte de los edificios públicos.
En 1975 se proclamó la independencia de Angola, y los portugueses (blancos) decidieron huir porque se sentían inseguros. Además, ya había empezado la terrible Guerra Civil que asoló el país durante demasiados años.

La Ilha dos Tigres quedó abandonada igual que otros lugares que se pueden encontrar en Angola y en la vecina Namibia. Desde entonces el viento, la arena, y la sequedad han hecho el resto.
No dejo de pensar que es posible que todavía haya personas vivas que habitaron en esta isla, ya que sólo han pasado 50 años en el momento en que escribo estas líneas. Sin embargo, no he encontrado ningún rastro al respecto. Quizá porque eran pescadores y trabajadores de la fábrica… personas anónimas para la historia.
También dicen que en la década de 1980 algunos ex-reclusos de la cárcel de San Nicolau vinieron a refugiarse a esta isla cuando salieron de la prisión. Tuvieron que marcharse cuando se terminó el agua de los depósitos.

¿Por qué se llama “de los tigres”, si aquí no hay tigres?
Sobre el nombre de “Isla de los tigres” y “Bahía de los tigres” hay dos teorías:
Qué ver en la Ilha dos Tigres
La iglesia de São Martinho dos Tigres es el icono de la ciudad. Con su relieve sobre la puerta que dice Hic Domus Dei (La Casa de Dios), me imagino que también lo fue cuando la construyeron allá por 1949 en el estilo colonial de la época, igual que otros edificios de la ciudad que lucen este año en su fachada.
Próxima a la playa que queda enfrente de la Baia dos Tigres, su torre se ve claramente según nos acercamos con la barca.

Aún mantiene su estructura, incluido el techo, y se puede subir al campanario, aunque mejor hacerlo de dos en dos por precaución. Nunca se sabe cuánto van a resistir esas escaleras.
También es un buen refugio del viento e incluso para dar cobijo a los que deciden dormir allí… si no te importa que haya pintadas con signos «diabólicos» que ha puesto ahí algún graciosillo.



Muy cerca de la iglesia está el antiguo cine (¡había un cine!). No es un edificio especial, y en su interior apenas se distingue la sala del proyector y la pantalla, pero no pude evitar entrar y pensar en qué películas verían allí.
El otro lugar importante e imponente es la antigua fábrica de harina y aceite de pescado. En las distintas naves, la maquinaria de hierro sigue en su sitio, muy deteriorado por los elementos. Todo está oxidado y el viento hace sonar las antiguas chapas.


Entre esas ruinas hay una imagen más apocalíptica y triste que el resto de este escenario fantasmal: un montón de bidones cuyas paredes se están desintegrando, pero que aún rebosan del aceite que ya se derrama en el suelo. Un atentado ecológico de primer orden.

Otros lugares son el hospital, la cárcel, el ayuntamiento, y a un par de kilómetros el cementerio con una ermita pequeña. No llegué a ir hasta allí, ya que me dijeron que no quedaba absolutamente nada, aparte de la ermita.
Por otra parte, en el extremo opuesto de la isla hay una colonia de lobos o leones marinos muy numerosa. No conviene ir caminando hasta ellos porque puede llevar varias horas bajo un sol de justicia, y porque no se debe molestarles…

¿Solución? Acercarse con la barca que te lleva y trae al continente, para observarles desde el mar durante unos minutos. Es precioso, más si viajas a principios de diciembre porque es la época en la que hay muchas crías.

Y, si bien ya nadie vive continuamente en la isla, es posible que te encuentres con pescadores locales. Según nos dijeron, son pescadores ilegales y suelen ser muy amables.
La palabra “ilegal” no siempre es sinónimo de maldad.
Mi experiencia en Ilha dos Tigres
Llegamos después de salir a eso de las 5.30 a.m. de la Bahía dos Flamingos, entrar en el Parque Nacional de Iona por la puerta más cercana a Tombua, donde hay que registrarse, y cruzar el tramo del Doodsakker.
En este trayecto de casi mediodía observamos otros asentamientos antiguos, también en ruinas, en la costa. Tienen pinta de ser similares a los de la Ilha dos Tigres.
Cuando circulamos por las playas nos encontramos con algún lobo marino jovencito que se mete en el agua huyendo de nuestra presencia, y observo que hay muchos cangrejos grandes en la costa. También hay colonias enormes de cormoranes, gaviotas y pelícanos.

Después de comer en la Baia dos Tigres, llega la hora de subirnos a la lancha que nos lleva a la Ilha dos Tigres. Llevamos una mochila con lo indispensable, las tiendas de campaña, colchonetas, comida y bebida. Pasaremos allí la noche.
Nada más llegar, en cuanto dejo mis cosas en la iglesia, salgo a caminar en solitario. Hay tantos estímulos que no sé hacia dónde ir, así que empiezo por el cine, que está enfrente de la iglesia.
Después, mis pasos me van llevando de manera un poco errática por la carretera que quizá sirvió también de pista para aviones, los antiguos muelles, y por fin la fábrica.
En las casas es muy difícil entrar. Todas están construidas sobre pilotes, a unos dos metros del suelo, y las escaleras se han derrumbado.

Camino con el viento azotándome, sintiendo cómo el sol quema mi piel, atenta a los ruidos propios de un sitio abandonado. Ruidos de objetos golpeándose con otros objetos. Crujidos… Pero cuando el viento amaina o para, lo que predomina es un silencio difícil de describir.

Parece que ha caído una bomba atómica, es un escenario de apocalipsis total, y me parece tan fascinante como un poco inquietante.

De vez en cuando, los chillidos de los cormoranes y las gaviotas, así como el piar de algún pajarillo como el chorlitejo o chorlito patinegro, rompen el silencio.

Las playas están llenas de conchas de todos los tamaños y distintos colores. Las chimeneas de ladrillo rojo se recortan en el cielo azul igual que en muchas fábricas de otros lugares. Los árboles secos me recuerdan al Deadvlei de Namibia.
Es una auténtica gozada hacer fotos y sólo siento no haber traído el trípode para hacer fotos nocturnas con las siluetas de los edificios.
Pero más allá del valor estético, ese paseo de un par de horas me hizo pensar. Reflexionar en nuestra existencia. En lo efímera que puede ser y en los restos que vamos dejando en la Naturaleza de forma gratuita.


Cómo llegar a Ilha dos Tigres
Siento informarte de que llegar a Ilha dos Tigres no es nada fácil.
Para empezar, hay que cruzar parte del Doodsakker, un tramo de costa muy peligroso porque las dunas del desierto del Namib, de entre 80 y 100 metros de altura, caen sobre el mar casi a pico.

Sólo con las mareas vivas de la luna llena y la luna nueva se puede circular en 4×4, siempre en convoy por si alguno tiene algún problema. Es entonces cuando la marea baja es más pronunciada y no hay peligro (o casi). Un mal cálculo de las fechas y horarios pueden ser fatales.
Además, hay que llevar todo lo que vas a necesitar: agua y otras bebidas, comida, combustible, equipo de acampada… y una barca para cruzar a Ilha dos Tigres desde la Baia dos Tigres. Allí hay un pequeño campamento fijo entre las dunas donde se puede pasar la noche.
Lo normal es viajar a este lugar con una agencia de viajes que organice todo. Yo lo hice con Kumakonda. Esta información y más la puedes leer en mi guía de viaje al sur de Angola.

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Lo que seguro te estás preguntando sobre la Isla de los Tigres

Caminar entre los edificios desconchados de esta isla, con el sonido del metal oxidado crujiendo bajo el viento, te recuerda que la naturaleza siempre termina recuperando lo que fue suyo.
Si tienes la oportunidad de cruzar el Doodsakker y desembarcar en sus orillas, hazlo con los ojos abiertos y el corazón dispuesto: pocos lugares en el mundo logran que el silencio hable tan alto sobre nuestra propia historia.
Una experiencia dura, logística compleja, pero de esas que se quedan grabadas en la retina para siempre.
Visitar la Ilha dos Tigres no es solo un viaje geográfico a uno de los puntos más remotos de África; es un viaje temporal que te enfrenta a la fragilidad de lo que construimos.
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