Madagascar tiene mil secretos guardados, pero ninguno tan afilado y fascinante como el Tsingy de Bemaraha. Sí, has leído bien, ¡Tsingy! Es una palabra malgache que se traduce como «donde no se puede caminar descalzo». O, como nos contó el joven de Bekopaka que nos hacía de guía, «andar de puntillas». Y créeme, no es una exageración.
Esta era una de las etapas del viaje a Madagascar que más me inquietaba. Has leído bien “inquietaba”. Quería verlo y fotografiarlo porque sabía que es un sitio único, pero me preocupaba (y mucho) si sería capaz.
Porque sí, la visita a los Tsingy implica preguntarte si vas a ser capaz. Capaz de hacer la ruta que es una vía ferrata casi de principio a fin, donde vas a poner a prueba tu vértigo en más de una ocasión, y donde sólo tienes dos opciones: hacerla completa, o no hacerla.
Imagina un bosque, no de árboles, sino de catedrales de roca caliza, tan puntiagudas que parecen cuchillos mirando al cielo

¿Qué son los Tsingy de Bemaraha? Historia y significado
El Parque Nacional Tsingy de Bemaraha es una de las maravillas naturales más impactantes de Madagascar y del mundo.
Declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1990, abarca una vasta extensión de más de 1.500 km² en la costa oeste de la isla.
Se trata de una meseta de piedra calcárea gigantesca, resultado de un proceso geológico que ha necesitado millones de años para crear una topografía kárstica única, de agujas de piedra afiladísimas, cañones y cuevas profundas.

El término «Tsingy» proviene de la lengua malgache y, según las leyendas locales, los primeros habitantes, los Vazimba, solo podían cruzar estas formaciones «andando de puntillas». De ahí la traducción literal.
Aunque las formaciones se conocen desde hace siglos por las comunidades locales, su reconocimiento y exploración a nivel mundial no se dio hasta la década de 1980, cuando se comprendió la magnitud y la fragilidad de este ecosistema.
Actualmente, se estima que unos 750 km² son aptos para la exploración y la visita turística.
Si buscas consejos prácticos para viajar a Madagascar, no te pierdas mi guía de viaje para 3 semanas.
La Geología de los Tsingy: Un Bosque de Piedra con 160 Millones de Años
Para entender los Tsingy hay que viajar 160 millones de años atrás, a la era Jurásica.
En aquel momento, la zona que hoy pisamos con tanto cuidado estaba sumergida bajo el mar. Durante este periodo, se produjo una vasta acumulación de coral, conchas y esqueletos de criaturas marinas que se fueron compactando hasta formar una espesa capa de roca caliza.
Posteriormente, debido a intensos movimientos tectónicos (el proceso de elevación de los continentes), esta masa de roca se elevó.
Y una vez expuesta a la superficie, la lluvia, que es ligeramente ácida por el dióxido de carbono que recoge de la atmósfera, comenzó a erosionar la caliza soluble. Es el proceso conocido como meteorización kárstica.
Con el tiempo, este proceso talló la piedra, creando estos lapiaces gigantescos (las agujas puntiagudas), cañones profundísimos y sistemas de cuevas interconectadas.
Es un ejemplo impresionante de cómo la paciente química del agua puede esculpir paisajes monumentales. Otro buen ejemplo, por cierto, lo tenemos en España. Se trata del Torcal de Antequera.

Cuando iniciamos la caminata, recuerdo que el guía nos contó que en la época de lluvias los Tsingy se inundan y la visita es totalmente inviable. Los Tsingy de Bemaraha, pues, se siguen esculpiendo y erosionando día a día, y nunca van a dejar de hacerlo.
En cuanto a las pruebas de este proceso, no hay más que echar un vistazo a tu alrededor, ya que hay muchísimos fósiles perfectamente visibles en las rocas, en especial en la zona de bosque que hay antes del laberinto de piedra.

La Fauna y Flora que Desafía a la Roca
El laberinto de los Tsingy, con sus microclimas entre los cañones húmedos y las cimas secas, es un refugio ideal para la biodiversidad endémica de Madagascar. Aquí, la vida se ha adaptado para sobrevivir entre la roca afilada.
La fauna estrella del parque es sin duda el Sifaka de Verreaux (Propithecus verreauxi deckeni), una especie de lémur grande, de color blanco, cuyo pelaje parece brillar.
Este lémur es diurno, monógamo y las hembras son las dominantes del grupo. Entre sus curiosidades hay que destacar que no beben agua, ya que es suficiente la que toman a través de las hojas y frutas. Además, realizan saltos acrobáticos para desplazarse por las crestas de piedra, andando de lado.
Hay más lémures, de hecho se han identificado 11 especies (la mayoría nocturnos), como el lémur ratón (Microcebus murinus) que pude ver en un paseo con guías cerca de nuestro hotel. Es uno de los más pequeños, si no el que más, y me resultó simpatiquísimo.

Y no es lo único. Hay 103 especies de aves y 34 especies de reptiles y anfibios, todos endémicos. Entre ellos está el pájaro Cúa gigante con plumaje de color azul eléctrico, y camaleones de distintos tamaños que también pudimos ver en el paseo nocturno.


Entre los mamíferos, es probable que te cruces con alguna mangosta de Durrell en alguna de las cuevas o pasadizos de los Tsingy. Supongo que el nombre se lo pusieron en honor del famoso naturalista y autor del gran libro Rescate en Madagascar, que no me voy a cansar de recomendarlo.
Por cierto, si buscas aventura, date un baño en el río Manambolo, el que debes atravesar en ferry para llegar a los Tsingy si vienes del sur, porque en él hay cocodrilos. ¡Lo de darte un baño es una broma!!

En cuanto a la flora, es común ver adaptaciones sorprendentes como el árbol Pie de Elefante (Pachypodium), el mismo que pude ver en el Parque Nacional de Isalo e incluso en el Jardín de Cactus de Lanzarote, y diversas suculentas y cactus que absorben la poca humedad que encuentran en las grietas de la caliza.
Es un ecosistema frágil y precioso.

Mi Ruta por los Tsingy: Petit Tsingy vs. Grand Tsingy
En el Parque Nacional de los Tsingy de Bemaraha hay varias rutas para recorrerlos. Muchas están interconectadas entre sí, pero las más habituales son las que tienen una duración de entre 2 y 4 horas, que se concentran en dos áreas:
Nosotros llegamos a Bekopaka a primera hora de la tarde, justo antes de que el ferry dejara de funcionar, y tras instalarnos en el hotel nos fuimos a hacer los Petit Tsingy, dejando para el día siguiente los Grand Tsingy. De esta forma, teníamos la noche para pensar en ello, ju, ju. Ahora te cuento mi experiencia.

Petit Tsingy
Me acerqué con curiosidad y siendo consciente de que los Petit Tsingy eran una especie de test. Si lo superaba bien, podía pensar en pasar la siguiente pantalla… Sí, como si se tratara de un videojuego.
En realidad, los Petit Tsingy son la versión facilona, ya lo he dicho, y creo que la puede hacer mucha gente. Sólo si padeces claustrofobia o un vértigo muy acusado, te diría que no lo intentes pero sería una pena.
La primera impresión cuando llegas al pie de estos Tsingy es, valga la redundancia, impresionante. Aunque te rodea la selva, esas rocas pulidas, engañosamente suaves, se alzan entre la vegetación como muros fantásticos que se ha inventado algún gigante.

Enseguida nos ponemos a caminar por pasillos muy estrechos. Algunos son tan angostos que hay que “meter tripa” y arrastrarse entre las paredes, a veces coordinándolo con una bajada de varios escalones.
Aquí no importa la distancia que recorres, si no el esfuerzo y lo que te entretienes. De hecho, las distancias son ridículas tanto en los Petit como en los Grand Tsingy.
Estas “paredes” se alzan hacia el cielo muy verticales. Con unos 20 metros de altura, impresionan… hasta que nos dicen que en los Grand Tsingy alcanzan 60 metros de altura o más, y vamos a subir hasta allí arriba… What???

Al cabo de un rato, subimos por una especie de escalera formada con las propias rocas, pero con sujeciones técnicas para que no se desprendan allí donde pones el pie. También hay tramos de escaleras de toda la vida, bien sujetas.
Agarrándome a los salientes de la roca, estirando las piernas todo lo que puedo porque hay una distancia entre los escalones, no tardamos mucho en llegar a la cima.
Arriba hay un par de miradores, una pasarela y alguna escalera que baja y vuelve a subir. Y, lo más importante, una vista casi aérea de este laberinto de piedra.

Desde allí divisamos a un lémur sifaka blanco en un árbol. Está muy lejos, así que no puedo fotografiarlo bien, pero siempre emociona ver a estos raros animales.

La ruta de los Petit Tsingy nos llevó una hora y media, y al final me pareció divertida con eso de salta por aquí, arrástrate por allí, etc… aunque terminé cansada, no lo voy a negar.
Quedaba la noche de reflexión: los Grand Tsingy es lo mismo pero muy a lo bestia. Pueden ser casi tres veces más de tiempo, hay que utilizar arnés de seguridad (para los Petit no es necesario), y mucha más concentración, agilidad, fuerza…
Al final decidí ir, pero te confieso que esa mañana me sentía un poco como los corderos cuando los llevan al matadero...
Grand Tsingy
El trekking empieza con unos 20 minutos caminando por el bosque, hasta uno de los accesos a las agujas de piedra. En ese paseo es posible encontrarse con los lémures que habitan esta zona y otras especies raras.
Nosotros, de hecho, vimos a otro lémur sifaka blanco y a uno nocturno tipo lémur bambú, muy bonito. No pude fotografiarlos decentemente porque decidí no llevar la cámara y todo lo que tengo son fotos del móvil. Luego te cuento por qué.
Además, contemplamos los fósiles que parecen adornar todas las rocas que hay en el camino.

Cuando llegamos al pie de las agujas, allí donde teníamos que empezar a subir, mi estómago dio un pequeño vuelco. Pero intenté no ponerme nerviosa y concentrarme al 100% en lo que iba a hacer.
Nos estrenamos a base de bien, porque después de una primera subida relativamente fácil, llegó el gran desnivel que teníamos que salvar. Sé que otra gente lo hace por otros accesos, pero imagino que tendrán que terminar bajando por donde nosotros subimos. Y no sé qué puede ser peor, la verdad.
En esa gran subida lo pasé mal. Se trata de una pared vertical en la que sólo tienes el cable al que anclarte y las piedras atornilladas a la pared que hacen de escalones.
A pesar de ir muy concentrada en lo que hacía, cometí un pequeño error con los mosquetones, por novata, y además sufrí mucho con mi vértigo. Pero como no puedes volver atrás ni hacerte a un lado, con mucho susto en el cuerpo, palabras de ánimo y consejos de mis compañeros más cercanos en la fila, seguí hacia adelante y logré llegar a la cima.

Una amiga me dijo “lo has hecho muy bien” y yo estuve a punto de echarme a llorar. Aun así, te aseguro que la satisfacción de haberlo conseguido (al final), fue fantástica.
En las pequeñas pausas, aún acerté a contemplar las evoluciones del paisaje antes de verlo desde arriba. Es totalmente excéntrico y un laberinto total.

El color gris que lo domina todo es porque la roca caliza, a diferencia de otros sitios del mundo, no se ha mezclado con arena y otros compuestos que la puedan teñir. Vamos, que es su color natural, aunque avejentado por las inclemencias climáticas.


Después de contemplar los Tsingy desde arriba, en uno de los miradores-plataforma, tocaba cruzar el puente colgante.
Esperando mi turno intenté dejar la mente en blanco y me repetía a mí misma que es muy corto, unos 20 metros, y además vas sujeta a los cables con los mosquetones.
Y así es, pero ¡madre mía cómo se bambolea eso! No fui capaz de mirar hacia abajo, aunque sí un poco hacia el lateral y alcancé a “adivinar” la gran altura sobre la que estaba suspendida.

El resto me resultó mucho más fácil. No sé si fue porque había adquirido algo de práctica, porque era un poco más fácil, o porque íbamos de bajada pero, sin dejar de estar concentrada, lo disfruté mucho más.
¡No te quedes sin tu aventura! La logística para llegar y moverse por Bekopaka y los Tsingy es complicada. Si quieres asegurarte de vivir la experiencia completa (incluyendo la famosa Avenida de los Baobabs), te recomiendo que reserves un tour de 3 días con todo organizado. ¡Olvídate de 4×4, ferries y permisos y céntrate solo en disfrutar!
Cosas que hay que saber antes de meterse en los Tsingy
La dinámica a seguir
En primer lugar, es importante saber que, sobre todo para los Petit Tsingy, estás en un verdadero laberinto y, por tanto, si pierdes de vista al grupo es posible que te pierdas. A saber cómo sales de allí, porque hay que tener un gran sentido de la orientación.
Esto aplica menos en los Grand Tsingy porque el grupo debe ir junto en todo momento, y no hay rutas alternativas o vías de escape, al menos en principio.
Durante las rutas, ya sea en el Petit o en el Grand Tsingy, las cosas se desarrollan lentamente. No se puede ir corriendo ni saltando por las rocas cual cabra montesa, y además hay que ayudar a los otros, o sencillamente ser paciente.

Por supuesto, no es lo mismo si sois dos personas, que un grupo de 15 personas, pero siempre te puedes encontrar con un grupo que va justo delante de ti y vas a tener que esperar tu turno sí o sí, porque…

Equipo necesario para los Tsingy y qué hacer con la cámara de fotos
Asegúrate de llevar un equipo mínimo pero práctico para no pasarlo mal. Me refiero a:
Una vez llegas al parking desde donde salen las rutas para los Grand Tsingy, los guías del Parque deben entregarte un arnés con mosquetones para asegurarte a los cables que hay instalados.
Si nunca los has usado, atiende bien a sus explicaciones. Y si vas con alguien que sabe de esto, intenta ir cerca y que te eche un cable (nunca mejor dicho).
Sobre el uso de los mosquetones (llevarás dos): cada cierta distancia hay que cambiarlos al siguiente tramo de cable. Ese es el momento más delicado, ya que debes desengancharlos del tramo anterior para pasar al siguiente. Para eso, hay que hacerlo primero con un mosquetón, y cuando esté bien asegurado en el nuevo tramo, hacer lo mismo con el otro mosquetón. Al mismo tiempo, debes agarrar siempre con una mano el cable.
Anécdota: en el segundo o tercer tramo de cable, cuando estaba haciendo el cambio, el primer mosquetón no se quedó bien cerrado, pero yo no me di cuenta. Por suerte, la compañera que venía a continuación lo vio y me alertó.
Me asusté muchísimo, era el sitio donde yo iba más agobiada, estábamos a gran altura y una caída ahí no lo cuentas, así de simple.
Como ella me dijo: “grabátelo a fuego en la mente, asegúrate que el mosquetón está bien cerrado antes de soltar el otro”.
Si viajas con cámara de fotos un poco grande, tienes que decidir si la llevas o no.
El consejo que me dieron los guías y otros viajeros es que no la llevara porque iba a necesitar tener las manos libres la mayor parte del tiempo (y la cabeza también), además de no ir muy cargada.
Les hice caso, y para los Grand Tsingy no llevé mi querida cámara (sí para los Petit). Después de hacerlo, creo que habría podido llevar una cámara pequeña que llevo de repuesto, para sacarla en los sitios donde parábamos a descansar y los miradores, ya que pesa mucho menos.
También vi a otros turistas que llevaban cámaras con objetivos gigantescos, pero tienes que decidir si te la juegas (tu vida, la de la cámara, o ambas).

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Cómo organizar tu visita a los Tsingy de Bemaraha
Guías y permisos: Requisitos indispensables
Para acceder tanto al Petit Tsingy como al Grand Tsingy, es obligatorio hacerlo acompañado de un guía local certificado y obtener los permisos de entrada correspondientes del parque. Esto no es negociable y se hace por varias razones:
Generalmente, las agencias de tours se encargan de gestionar estos permisos y guías, pero si viajas por tu cuenta, deberás coordinarlo en la oficina del parque en Bekopaka, el día antes de la visita.

Las rutas de los Tsingy
Hay un total de 10 rutas entre las que escoger, y todas están expuestas en un cartel nada más pasar la entrada del parque.
Desde la ruta de Andadoany de unas 2 horas de duración, circular y de nivel fácil, hasta la de Berano o la de Manambolobe de unas 6 horas y de nivel difícil.
Además, está la ruta de Oliha, con una duración de 1 a 3 días, en la que se navega en piragua por el río, se hace vivac o acampada y se visitan las gargantas de los Tsingy, piscinas naturales y cascadas.
También existe, por lo visto, la posibilidad de hacer la ruta Gorge de Manambolo de 1,5 horas (es una de las rutas que figuran en el cartel que he citado). En esta ruta te acercan en barca a los barrancos de 50 a 80 metros de altura que se precipitan sobre el río, y las gargantas a las que se puede acceder desde el agua.
Sin embargo, unos compañeros decidieron no hacer los Grand Tsingy e intentaron contratar esta opción, pero no lo consiguieron. De nuevo, te recomiendo que organices lo máximo posible esta parte de tu viaje a Madagascar.

Alojamiento en Bekopaka: Dónde descansar tras la paliza
En el mismo pueblo de Bekopaka hay varias opciones de alojamiento, tampoco muchas, y son las más económicas, pero la mayoría de turistas se alojan en alguno de los “resorts” que hay en los alrededores.
Bekopaka es una población pequeña y humilde, con pequeños negocios tradicionales y poco más. No esperes encontrar equipamiento o alguna cosa que hayas olvidado.
Mi consejo es que reserves con antelación, especialmente en temporada alta, y que lo hagas para un mínimo dos noches, una para la llegada y otra para después del trekking.
Yo me alojé en el Orchidée du Bemaraha. Es un hotel que está muy bien, con las habitaciones repartidas en bungalows y un restaurante, además de piscina. Lo que no me gustó es que estás como en una burbuja, a dos kilómetros del pueblo. Pero bueno, al final vas a los Tsingy a lo que vas…
Hay otros lodges similares o de categoría superior, repartidos en los alrededores de los Tsingy.
Por otro lado, está la opción de alojarse en Bekopaka, en lo que podríamos llamar la “Plaza Mayor”, con el mercado cerca, está Chez Olivier, un restaurante local donde comimos bastante bien.

Mejor época para viajar a los Tsingy
Para ir a los Tsingy tienes que coordinar tu viaje con los meses en que abre el Parque Nacional: entre mediados de abril y principio de mayo (según las condiciones de la carretera, teniendo en cuenta que es cuando terminan las lluvias). Cierra a finales de noviembre como muy tarde.
Teniendo en cuenta que el estado de las pistas, que no son carreteras, puede variar mucho, creo que lo mejor es viajar entre junio y septiembre, máximo principios de octubre.
Enlaces de interés
Los Tsingy en 4 preguntas y respuestas
Los Tsingy son mucho más que un Parque Nacional; es un milagro geológico que te obliga a frenar, a ser consciente de cada paso y a maravillarte ante la pura fuerza de la naturaleza. Es cierto, la ruta es un desafío, te sentirás como un Indiana Jones con arnés, y el cansancio te pasará factura, pero la recompensa de contemplar este bosque de piedra y su vida endémica es inigualable.
Si buscas la aventura definitiva en Madagascar, esa que te pone la adrenalina a mil y te deja sin palabras, has encontrado tu destino. Coge tus guantes, prepárate para reptar y saltar… ¡Los Tsingy de Bemaraha te esperan!
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