Estamos en las inmediaciones de Arba Minch. Aquí, entre montañas y un aire más fresco que el del Valle del Omo, habita un pueblo que parece sacado de un cuento: la tribu Dorze. Llegar a su aldea fue como entrar en otra dimensión, una donde la arquitectura se fusiona con la naturaleza y los encuentros con la gente son inolvidables.
Un viaje a las alturas: donde la hospitalidad tiene forma de elefante
Ascendemos a casi 3.000 metros de altura y eso me provoca un ligero mareo. Además, la temperatura desciende mucho. Cuando yo fui, la subida se hacía por una ancha pista de tierra roja. Estábamos en África, no cabía duda. Y yo feliz 😊

Lo primero que te impacta al llegar son sus casas ¡Son sencillamente extraordinarias!

Altas, cónicas y con una forma que inevitablemente te recuerda a la cabeza de un elefante, con una «trompa» que se eleva hacia el cielo. No son solo estéticamente únicas; son una obra maestra de la ingeniería local.
Son construidas principalmente con bambú y rematadas con paja, que les otorga esa tonalidad terrosa tan particular. Lo más asombroso es su capacidad para encogerse. Cuando los insectos devoran la base, los Dorze no se rinden; simplemente cortan la parte dañada, y la casa, cual organismo vivo, se «auto-repara» achicándose un poco. Se dice que pueden durar hasta 60 años ¡Una casa pasando de generación en generación!

¿Quiénes son la tribu Dorze?
La tribu Dorze es famosa por la calidad de los tejidos de algodón que producen, con los que hacen las shamma, esa especie de túnica en la que se envuelven hombres y mujeres a la manera tradicional en muchos lugares de Etiopía.



No te olvides de viajar con un buen SEGURO DE VIAJES
Yo recomiendo IATI Seguros porque tienen una relación calidad-precio buenísima.
Y para ayudarte, tienes un 5% de descuento en todos sus seguros si lo haces desde aquí
La aldea de la tribu Dorze
Lo primero que hicimos aquella mañana fue ir al poblado Dorze para admirar esas casas tan famosas.
Nada más llegar conocemos al «emprendedor» del pueblo. Un joven de edad indefinida nos recibe con sus rastas a lo Bob Marley. Ha organizado a su comunidad para recibir a los turistas y mostrarles su forma de vivir.

Vamos por partes. El tema de los bailes suena a sarao para turistas y realmente lo es. Pero en él participa todo el pueblo, desde el más mayor hasta el más pequeñín, con alegría y desenvoltura.
No hay caras de fastidio ni de cansancio. Sí de ilusión por mostrarte eso que es su proyecto autogestionado. Con ello, y alguna venta de sus tejidos que exponen en un lado de la plazuela, ganan unos pequeños ingresos y mejoran sus vidas.
El emprendedor rastafari es el responsable de esta organización. Según nos cuenta, lo hace para que la vida de su pueblo mejore un poco y los niños puedan ir a la escuela. Todo mi respeto.
Durante todo el tiempo que estuvimos allí nos pidió respeto para los dorze mientras nos explicaba la situación económica y social de su pueblo. Esta no es muy distinta de la de otras tribus, bastante ignoradas por el gobierno etíope.
Están siendo desposeídas de sus derechos sobre las tierras a favor de la venta de las mismas a China, quien está haciéndose con un enorme «granero» para alimentar a su enorme población a cambio de la construcción de carreteras y otras infraestructuras de dudosa calidad.

Recuerdo en especial a un pequeñín que no tendría más de 4 años, aunque parecía más pequeño. Con los mocos colgándole y un vestido más que harapiento. Era, sin embargo, el que guiaba al resto de los niños marcando el ritmo con una voz potentísima y bien atiplada. Un «pequeño líder» por derecho propio.

El pan de los Dorze es 100% vegetal
Entre las cosas que nos mostraron estaba cómo hacen el pan. Junto a las casas hay pequeñas huertas, y en ellas la estrella es el falso plátano o ensete, una planta que no da frutos comestibles.
Para hacer este pan extraen la pulpa del centro de las hojas. Después de machacarla y mezclarla con agua, la disponen en forma de torta sobre una hoja de la misma planta y esta sobre el fuego.
Cuando por fin podemos probarlo nos encontramos con una especie de torta similar al maíz, un poco ácida pero sabrosa.



Mientras lo preparan para nosotros, me fijo en que las mujeres se arreglan con trenzas dispuestas en una especie de rodetes, o con motivos circulares alrededor de la cabeza.
Tanto ellas como ellos lucen cruces cristianas ortodoxas de madera, a pesar de que las danzas nos hablan de creencias animistas, como el poder del leopardo.
El día de mercado
Después, nuestro guía nos acompañó a ver el mercado semanal de la tribu Dorze.
Una enorme explanada cubierta de trozos de hierba y mucho barro, por ser la época de lluvias, es el escenario en el que se despliega un caótico mercado lleno de gente ya a esa hora.
Algodón puro, hilado, teñido en madejas de colores, o ya tejido. También chiles o pimientos secos. Un largo etcétera de hortalizas cuidadosamente dispuestas en telas mugrientas sobre el suelo…


Será poco lo que tienen para vender, pero lo arreglan como si fuera lo mejor. En montocitos, cuadrados o filas, para hacerlo atractivo al comprador. El marketing existe desde hace mucho tiempo y en todas partes 😉

Dimos una vuelta tranquilamente, si bien al principio empezaron a asediarnos un poco los chavales y no tan chavales. Ya fuera para que les hiciéramos una foto, o para sacarnos unos duros. O sencillamente (los más pequeños) para que les cogiéramos de la mano ¡¡Lástima que sólo tenga dos manos!! Pero al cabo de un rato la situación estaba algo más controlada.
En estos mercados siempre me pasa lo mismo. Me satura la cantidad de estímulos, pero me pasaría el día entero observando la vida que se desarrolla delante de mí. Sobre todo si pudiera pasar desapercibida.
Al fondo, un poco apartado de los puestos, un gran grupo, mujeres en su mayoría, está reunido en torno a sacos de cereal. Nuestro cicerone nos explica que es el lugar donde se reparte la Ayuda Humanitaria entre las familias con menos recursos. Efectivamente en muchos sacos pone USA.


El ambiente del mercado, como siempre es lo mejor
En otro lugar, unas ancianas matronas se dedican a parlotear de sus cosas mientras beben el licor de la zona en unas calabazas. Seguro que acaban más que chispas, pero un día es un día porque… ¡¡Es el día de mercado!!
Mujeres que volvemos a encontrar cuando, de vuelta a la «ciudad», paramos en la carretera para admirar el paisaje. Dejamos la música del coche puesta y ellas, al pasar con su carga y todo, paran y se lían a bailar. Van un poco bebidas por el licor del mercado.
Pero sobre todo lo que me enseñan es que por más dura que sea la vida, es bueno parar y disfrutar del momento.

Señores mayores fumando en pipas de larguísima boquilla. Niños jugando con una silla de ruedas (vacía en ese momento). Mujeres cargando fardos que a nosotras nos provocarían más que contracturas. Han andado, y harán lo propio a la vuelta, unos 30 km.





La tribu Dorze no es solo un conjunto de casas curiosas. Es un pueblo que trata de vivir de manera sostenible, respetando sus tradiciones y resistiendo la ignominia de sus gobernantes.
Sigue leyendo sobre Etiopía
Este post puede contener enlaces a sitios de afiliados. Esto significa que si haces una reserva desde dichos enlaces, yo ganaré una pequeña comisión. En ningún caso tú pagarás más y en alguno conseguirás un descuento, como en IATI Seguros. Puedes leer más en la sección Descuentos que enlazo aquí.















