Bueno, ya tocaba hablar de la capital de Islandia, ¿no? Reykjavik es su nombre y en este post te la presento, además de darte consejos sobre qué ver. Con mucho cariño además, porque es uno de esos sitios que transmite muy buenas sensaciones. Y la mejor manera de empezar o terminar en esta isla llena de atractivos naturales ¡Vamos!
Reykjavik, esa ciudad de buenas vibraciones (y muchas chapas de colores)
Reykjavik suele ser utilizada más como una simple vía de entrada y salida a la isla que otra cosa. Es un poco injusto, lo sé, pero teniendo tantas maravillas naturales tan cerca, es casi inevitable que la gente pase de largo.
Sin embargo, te aseguro que merece la pena dedicarle al menos una jornada. Reykjavik es una ciudad tranquila. Un poco «fantasma» a veces, las cosas como son. Es decir, que puedes andar por el centro histórico sin cruzarte con casi nadie durante un buen rato. Supongo que el clima tiene gran parte de la culpa, pero ese aire calmado también forma parte de su encanto.
Lo que sí vas a encontrar a raudales es creatividad. El arte callejero está en todas partes. Fíjate bien cuando camines por sus calles: verás graffitis de lo más artísticos llenando fachadas enteras, un banco de la calle pintado de vivos colores, o exposiciones espontáneas de fotografía en mitad de un parque.
Y es que en la capital de Islandia el color es el mejor arma para combatir al mal tiempo. Las casas de Reykjavik lucen tejados y fachadas de tonos chillones: verdes, amarillos, rojos… Las pocas que son blancas se confunden fácilmente con los cielos plomizos tan frecuentes en estas latitudes (cuando no con la nieve), y sería muy triste si toda la ciudad fuera gris. Bien lo saben ellos. 😏
Los edificios son uno de los atractivos en los que más te vas a fijar. Muchos están hechos o revestidos con una especie de chapa ondulada —de hierro, diría yo— que les da un aire entre precario, cutre y extrañamente underground. Y no, no te preocupes, que por dentro están perfectamente aislados y no se pasa nada de frío.
Aparte de caminar y visitar los sitios más emblemáticos, hay opciones muy guays para organizarte mejor. Te dejo aquí un par, y en la sección de consejos prácticos te doy más ideas:
Un poquito de historia para situarnos en la «bahía humeante»
A diferencia de lo que ocurre en otros países europeos, donde las capitales tardaron siglos en destacar, Reykjavik fue el primer y principal asentamiento humano permanente de Islandia.
Ingólfur Arnarson, el primer colono de la isla, fue quien bautizó el lugar allá por el año 874. Le puso Reykjavik (Reikiavik en español), que en islandés significa «bahía humeante», porque lo primero que vio al llegar fue el vapor que brotaba de las grietas geotérmicas de la tierra.
Hoy en día, esa herencia sigue vivísima gracias a las numerosas piscinas públicas y termas donde los locales despiertan del frío disfrutando del agua caliente a precios bastante asequibles. ¡Si tienes tiempo durante tu ruta, ni lo dudes!
Arnarson construyó su vivienda junto al lago Tjörnin, un rincón precioso donde los cisnes y los patos nadan a sus anchas, y que sigue siendo hoy uno de los epicentros de la vida en la ciudad.
A pesar de que la capital concentra a poco más de un tercio de la población de toda la isla, cuando paseas por ella te da la sensación de estar en un gran pueblo. Claro que, si tenemos en cuenta que allí viven poco menos de 140.000 personas, se entiende perfectamente esa escala tan humana.
Por cierto, si estás organizando los preparativos de tu viaje, te reto a que intentes leer de corrido los carteles de direcciones. ¡El islandés es un auténtico rompecabezas filológico!.
Viajar con seguro puede parecer un detalle menor hasta que lo necesitas. Si todavía no tienes el tuyo, aquí puedes aprovechar este descuento. Y si quieres saber qué seguro te conviene más, consulta antes mi guía de Viajar Seguro.
Qué ver en Reykjavik en un día: ruta por sus imprescindibles
Si solo dispones de 24 horas antes de lanzarte a recorrer la Ring Road o el Círculo Dorado, esta es la ruta a pie que te recomiendo hacer por sus lugares más emblemáticos.
El edificio Harpa y su arquitectura magnética
Ubicado en pleno puerto, el edificio Harpa es el auditorio y palacio de congresos de Reykjavik, y te aseguro que no te va a dejar indiferente.
Su fachada de cristales octogonales de colores simula los reflejos de las auroras boreales y los paisajes basálticos de la isla. De hecho, recibió el prestigioso premio Mies van der Rohe, algo así como el «Nobel» de la arquitectura.
Como curiosidad histórica, cuando estalló la terrible crisis financiera en 2008, las obras se paralizaron por completo. Sin embargo, el gobierno y los ciudadanos decidieron seguir adelante porque querían que se convirtiera en un referente cultural para el país. En Islandia se valora muchísimo la cultura y el retorno social que esta aporta. Es uno de los muchos detalles por los que los islandeses me caen tan bien.



La iglesia de Hallgrímur y las mejores vistas de la ciudad
Destacando por encima de absolutamente todos los tejados de Reykjavik se halla la icónica Hallgrímskirkja. Esta iglesia luterana lleva el nombre de un famoso poeta islandés y es la más grande del país.
Su silueta exterior, diseñada por Guðjón Samúelsson, imita las columnas de basalto que se forman cuando la lava se enfría, un paisaje muy típico de la naturaleza islandesa.
Frente a la puerta principal, la estatua de Leif Erikson (hijo de Erik el Rojo) alza su mirada al cielo. Se dice que este intrépido vikingo fue el primer explorador occidental en pisar las costas de América, unos 500 años antes de que Cristóbal Colón iniciara su viaje.
Lo mejor de esta iglesia está arriba. Puedes subir a lo alto de su torre para divisar toda la ciudad y sus casitas de colores desde los ventanucos abiertos al frío y cristalino aire islandés. Cuando yo subí, pagué religiosamente mi ticket abajo, pero arriba no había nadie controlando los pases. Es una muestra maravillosa de la seguridad y la total confianza que se respira en esta sociedad.
El lago Tjörnin y la catedral luterana Dómkirkja
Volviendo hacia el centro neurálgico, llegarás al lago Tjörnin. Es un lugar idílico para pasear, rodeado por el Ayuntamiento de la ciudad y coloridas casas señoriales. Muy cerca se encuentra la pequeña catedral luterana Dómkirkja, una construcción modesta pero con mucha historia.
Cuando pasé por allí me hizo mucha gracia ver al pastor en la puerta, vestido de forma muy sencilla, saludando uno a uno a los feligreses como si estuviéramos en una película norteamericana. Aunque he de confesar que, en un momento dado, nos miró de forma un poco extraña y cerró las puertas a cal y canto. ¡Menos mal que ya habíamos terminado de husmear!
El Viajero del Sol (Sólfar) y el Paseo Marítimo
Caminando por el paseo marítimo, a pocos minutos del Harpa, te toparás con una de las esculturas más fotografiadas de Islandia: El Viajero del Sol (Sólfar).
Diseñada por Jón Gunnar Árnason, esta estructura de acero evoca el esqueleto de un barco vikingo, aunque su autor la concibió más bien como una oda al sol, a la libertad y a la búsqueda de nuevos territorios por descubrir. Las vistas del mar y de la silueta del monte Esja al fondo desde este punto son una auténtica delicia al atardecer.
Bæjarins Beztu Pylsur: el puesto de perritos calientes más famoso de Europa
Tanto caminar te va a abrir el apetito, y en Reykjavik comer de restaurante puede dejar tiritando tu cuenta bancaria. Por suerte, cerca del puerto está el famosísimo puesto de perritos calientes Bæjarins Beztu Pylsur (cuyo nombre significa, literalmente, «el mejor perrito de la ciudad»).
Llevan sirviendo salchichas desde 1937 y por aquí ha pasado todo el mundo, incluido el mismísimo Bill Clinton. El secreto está en que las salchichas son mayoritariamente de carne de cordero lechal islandés y se sirven con una mezcla de cebolla cruda, cebolla frita crujiente, kétchup, mostaza dulce y una salsa de mayonesa y alcaparras llamada remolaði. Pídelo «con todo» (eina með öllu) y disfruta de la gastronomía rápida local.

Consejos prácticos para organizar tu visita a la capital islandesa
Para que tu estancia en la ciudad vaya sobre ruedas, aquí tienes unas cuantas recomendaciones basadas en mi experiencia:
Espero que esta guía te sirva para exprimir al máximo tus horas en la capital islandesa y mirarla con los mismos ojos curiosos con los que yo la disfruté. Reykjavik tiene una personalidad única que va mucho más allá de ser un simple aeropuerto de entrada, y estoy segura de que te va a contagiar sus buenas vibraciones antes de que te lances a explorar la naturaleza salvaje de la isla.
Organiza tu viaje a Islandia con estos recursos y Descuentos
Sigue leyendo sobre Islandia
Este post puede contener enlaces a sitios de afiliados. Esto significa que si haces una reserva desde dichos enlaces, yo ganaré una pequeña comisión. En ningún caso tú pagarás más y con algunos conseguirás un descuento. Puedes leer más en la sección Descuentos que enlazo aquí.
























Me da buenas sensaciones Reykjavik, como dices merece igual dedicarle un poco más de tiempo, que la mayoría de veces se usa únicamente para acceder a los magníficos paisajes que ofrece este país, pero tiene un encanto interesante :)
Saludotes!
Gracias por tu comentario Carlos!! nada, nada, hay que irse para allá una buena temporadita, para dedicarle tiempo a la ciudad, y por supuesto a la isla ;D