Plan perfecto para el domingo en Lisboa: Belem y la Factoría LX

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Por Alicia Ortego

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Tanto si es tu primera vez en Lisboa como si no, estarás de acuerdo conmigo en que un fin de semana es muy justo para disfrutar bien de esta preciosa ciudad. Pero si este es el tiempo que tienes, pues qué le vas a hacer. Los barrios de Alfama, la Baixa y el Chiado están llenos de atractivos, pero te lo voy a complicar un poco más. No puedes perderte Belem y la Factoría LX. De hecho, me atrevo a asegurarte que este puede ser el plan perfecto para el fin de semana que te debes.

Ir a Belem y la Factoría LX es el plan perfecto para un domingo en Lisboa

Visitar Belem te llevará un mínimo de medio día, y si sólo tienes este mínimo de tiempo es probable que tengas que renunciar a algunas visitas por las colas para entrar, o porque tienes que organizarte según las franjas horarias que reserves para la Torre de Belem, por ejemplo.

La verdad es que sigo sorprendiéndome de que en un fin de semana de febrero, mondo y lirondo, me encontrara con tal cantidad de turismo ¿Cómo será en Semana Santa o en festivos? No quiero ni imaginármelo. Lisboa ha ganado mucha popularidad, eso está claro y cuanto antes lo asumas, mejor.

Una pequeña aclaración: ¿Por qué propongo este plan para el domingo? Porque es cuando hay mercadillo en la Factoría LX, que luego te cuento qué es.

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Visita al barrio de Belem: qué ver y consejos

Belem se extiende al este de Lisboa, junto al mar. Aquí se encuentran el Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem y el Monumento a los Descubrimientos, además del MAAT uno de los atractivos más recientes. No es lo único, pero ellos son el principal reclamo y razón de visita. No es para menos.

parque con estatua sobre columna de piedra blanca con más esculturas en belem
Estatua de Pedro, el primer emperador de Brasil en Belem

Un poco de historia

A mediados del siglo XVI Lisboa tenía unos cien mil habitantes. Se había llenado de artistas, científicos y comerciantes, porque para entonces Portugal había consolidado su expansión a otras tierras.

Un siglo antes se había firmado el Tratado de Tordesillas por el cual los Reyes Católicos y Portugal se repartían América. Además, Portugal había llegado a India y otros puntos de Asia, rodeando el continente africano con sus barcos, tomando algunos puntos estratégicos de la costa este y superando a los omaníes, que hasta entonces eran los dueños de las rutas entre Oriente Medio y Asia.

En ese floreciente siglo Lisboa recibía todo tipo de riquezas de allende los mares. En el puerto llamado Mar de Paja llegaron a atracar hasta tres mil naves. Y en esta época es cuando se levantaron el Monasterio de los Jerónimos y la Torre de Santa María de Belem, de los que te hablo a continuación.

Una recomendación extra: el libro de la antropóloga y viajera Erika Fatland Los Navegantes, un viaje a través del imperio perdido de Portugal. Es muy ameno y fantástico todo lo que cuenta.


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El Monasterio de los Jerónimos

En el año 1500 el rey D. Manuel mandó edificar un monasterio para la orden de los Jerónimos, tirando abajo la anterior iglesia. El peculiar estilo en el que está construido es el llamado, precisamente, “manuelino” y de nuevo es la señal de las riquezas y talentos de que gozaba Portugal en esa época. Un templo que desde 1983 es Patrimonio de la Humanidad.

Lo primero que debes saber es que la entrada al Monasterio de los Jerónimos se puede combinar con el Museo Arqueológico (entrada por el extremo opuesto del monasterio, en el mismo edificio) por un pequeño suplemento. Te recomiendo comprarla online con antelación, porque ahora funciona por franjas horarias y en temporada alta se agotan. Puedes adquirir tu entrada aquí.

fuente con chorros de agua y al fondo la fachada del monasterio en belem
Monasterio de los Jerónimos

El famoso monasterio, una vez visitado, me gustó y me decepcionó un pelín. Me explico: pensaba que se podrían ver más cosas además del claustro y la iglesia, pero parece que no. También es cierto que yo no entré a la iglesia porque había muchísima gente esperando y no tenía claro si estaba incluida en la entrada o había que pagar aparte.

Me quedé sin contemplar la estatua de Vasco de Gama, o la tumba del poeta Pessoa, pero ya tengo plan para volver.

El claustro del Monasterio de los Jerónimos sí es una pasada

El claustro del monasterio ocupa el lugar de la iglesia anterior, que servía a las necesidades espirituales de los navegantes. Supongo que antes de salir para cruzar el Atlántico, o rodear África, vendrían a confesarse y pedir protección para lo que les esperaba en el mar y su destino.

La decoración del monasterio es lo que llama tu atención una y otra vez. Abundan los motivos marineros y el recuerdo de las tierras lejanas: cuerdas, bolas, arcos, ventanas estilizadas, pináculos, frutas exóticas. Tiene bastante de gótico también, y algo de plateresco. Poco tienen que ver estas letras y las fotos con estar allí, la verdad, pero no por ello me resisto a compartir contigo esta galería de fotos del lugar:

Museo Arqueológico de Lisboa

Como he dicho, en el mismo edificio del monasterio, ocupando una parte del mismo, está el Museo Arqueológico de Lisboa. Es pequeño pero tiene una colección de piezas muy bonitas. Destacaría los mosaicos romanos y la sala dedicada a la esclavitud. Además, el «alojamiento» bajo los magníficos techos del monasterio hacen que sea muy escénico ¿no crees?

Monumento a los Descubrimientos

El Monumento a los Descubrimientos es uno de los sitios que quería volver a ver. Yo siempre me acordaba de este monumento porque mi padre nos hizo una foto a mi hermana y a mí delante del mismo. No teníamos ni cinco años de edad y estábamos sentadas en el suelo, distraídas con nuestras muñecas.

El Monumento de los Descubrimientos se construyó por primera vez en 1940, en madera y yeso, porque se hizo una gran exposición conmemorando el 800º aniversario de la nación portuguesa (y 300 años de la restauración de la independencia de España). En 1960 se reconstruyó en hormigón armado para conmemorar el quinto centenario del nacimiento de Henrique el Navegante.

Henrique o Enrique el Navegante es la figura que se alza en lo más alto. Fue el príncipe que inició la era del vasto Imperio portugués. Detrás de él están los que lograron gestas como rodear por primera vez el continente africano (Bartolomeu Dias), el descubridor de Brasil (Pedro Álvares Cabral), e incluso Fernando Magallanes, aunque navegó bajo bandera española. Así hasta 33 héroes, con una sola mujer: la reina Filipa de Lancaster, madre de Enrique el Navegante.

También me gusta porque realmente consigue hacer que sueñes con viajar. La forma de vela y proa de barco gigantesco, las estatuas que representan a los descubridores mirando al Tajo, que es casi el mar…

Lo que no sabía es que se puede subir hasta el punto más alto. Hay un ascensor. Lo descubrí allí mismo y lo tuve clarísimo. Hay que pagar una entrada económica y además de la azotea incluye un pequeño museo en la parte baja del interior del monumento.

En el exterior, delante del monumento, hay un gigantesco mapamundi en el suelo. Tampoco te lo pierdas 😉

Una vez arriba, la terraza es más bien estrecha y los muros altos (al menos para mí, que no soy muy alta). Se agradece porque no hay ninguna otra protección y la caída es en picado. En un día claro las vistas del monasterio de la costa y del puente del 25 de Diciembre son muy buenas. Mirar el mundo desde arriba tiene su no sé qué.

panorámica del monasterio desde terraza de monumento descubridores en belem
Vistas del Monasterio de los Jerónimos desde la terraza del Monumento a los Descubrimientos en Belem
mapa con el estrecho de ormuz y un barco portugués en el suelo en belem
Mapamundi junto al Monumento a los Descubrimientos de Belem

Torre de Belem

Unos cientos de metros más allá está la famosa Torre de Belem. Fui hasta ella con muchas ganas de volver a contemplarla y… me decepcionó. No respondía a lo que recordaba.

torre de belem con el sol sobre ella cayendo vertical

Seguramente contribuyó a ello que fueran las doce de la mañana y el sol caía a plomo, la marea estaba baja y la cola para entrar era larguísima.

La Torre de Belém pasó todo un año cerrada por obras de restauración y reabrió en mayo de 2026 «a estrenar», con un sistema nuevo de entrada por franjas horarias que limita las visitas cada media hora. Así que ya no puedes plantarte allí sin más como hice yo: resérvala con antelación aquí, sobre todo si vas en fin de semana o en temporada alta, porque el aforo diario es limitado y se agota. Otra opción para visitarla y aprovechar el tiempo al máximo es apuntarte a una visita guiada que incluye la Torre de Belem y el Monasterio de los Jerónimos.

La Torre de Belem se construyó para proteger a la ciudad de los piratas. Tantas riquezas tenían que ser un reclamo para estos. Se realizó en un islote de roca basáltica separado de la costa, así que las obras tenían que hacerse sólo durante la bajamar. Tardaron seis años en levantarla y es de estilo manuelino, como el monasterio.

UNA HISTORIA TRISTE: Bajo la garita noroeste hay una cabeza de rinoceronte. Se cuenta que esta representa un regalo que recibió el rey, consistente en eso, en un rinoceronte vivo. El pobre fue obligado a luchar contra un elefante para ver qué animal era más fuerte. Por lo visto el elefante huyó, y el rino fue declarado vencedor, así que decidieron enviarlo al Papa como regalo. Murió en un naufragio de camino a su nuevo destino. Mis queridos rinocerontes, de carita pacífica y amigable.

MAAT y el Centro Cultural de Belém: el Belém más contemporáneo

Si tu última visita a Belém fue hace unos años, hay una zona que te vas a encontrar nueva: la que ocupa la antigua Central Tejo, junto al río. Allí está el MAAT (Museo de Arte, Arquitectura y Tecnología), con una cubierta ondulada revestida de azulejos blancos que refleja la luz del Tajo de una forma hipnótica. Lo mejor: se puede subir a la azotea y pasear por ella como si fuera una duna sin pagar entrada, así que aunque no visites las exposiciones, merece la pena acercarse sólo por las fotos y las vistas al puente 25 de Abril.

Muy cerca, el Centro Cultural de Belém (CCB) alberga el Museu Coleção Berardo, con arte moderno y contemporáneo (Picasso, Dalí, Warhol…). Si te gusta el arte tanto como la historia, puedes convertir tu domingo en un recorrido que va del siglo XVI al XXI casi sin caminar de más.

Rua de Belem y Rua de Junqueira

Además de los museos y monumentos, no debes dejar de caminar por el barrio de Belem porque es precioso. La Avenida de Belem es una calle para andarla. En cuanto sobrepasas el parquecillo con una estatua en el centro y continúas por la Rua de Junqueira, la gente casi desaparece.

Los pastéis de Belém: no te vayas sin probarlos

Es imposible hablar de Belém sin hablar de sus pastéis. La Confeitaria Nacional de Belém, la fábrica original con receta secreta desde 1837, suele tener cola en la puerta a casi cualquier hora, pero merece la pena aunque sea para llevarte una cajita.

Mi consejo: ve a media mañana, antes de que se llene del todo, o cómpralos para llevar en el mostrador en vez de sentarte, que suele moverse más rápido.

Si prefieres evitarte la cola, hay pastelerías por todo Belém —e incluso en el centro de Lisboa— que hacen una versión igual de buena. Pero probar el original al menos una vez es de esas cosas que sí o sí hay que hacer en Lisboa.

Puente 25 de abril

En mi caso, continué andando, andando y andando, como casi una hora. Pasé junto a las cocheras de los tranvías de toda la vida y llegué al Puente 25 de Abril. El famoso puente que se parece al de San Francisco.

Es el puente colgante más largo de Europa, con más de dos kilómetros de longitud. Se inauguró en 1966 como “Puente Salazar” pero después de la Revolución de los Claveles, que terminó un 25 de Abril, cambiaron su nombre.  

Visto desde abajo sus dimensiones impresionan. También el ruido del tráfico, que llega como un zumbido de insectos.

En la actualidad puedes subir a un mirador panorámico a 80 metros de altura, y puedes apuntarte a un tour guiado para conocer su historia.

LX Factory o la Factoría LX

Muy cerquita del famoso puente está este lugar donde jóvenes artistas se dan la mano ocupando antiguas naves industriales. La Factoría X se ha convertido ya en un clásico irresistible si te gustan los mercadillos y el arte urbano.

Los domingos, como he dicho al principio, se celebra un mercadillo en el que se pueden comprar alimentos de proximidad, antigüedades, artesanías y obras de dichos artistas. Además está la Librería Ler Devagar. Yo no entré porque ni la vi, pero llevaba prisa porque tenía que volver a mi alojamiento a por la mochila e ir al aeropuerto para coger el vuelo de vuelta. He visto fotos y es maravillosa así que ¡no te la pierdas tú también!

En cualquier caso, el ambiente de la Factoría LX es muy bueno, moderno, hipster, creativo, y hay unos cuantos bares y restaurantes en los que tomar algo.

Cómo ir y volver a Belem desde el centro de Lisboa en transporte público

Te voy a contar mi experiencia, aunque las cosas han cambiado un poco desde entonces: me planté en la Plaza del Comercio dispuesta a encontrar un tranvía que fuera directo a Belém. Me subí a uno moderno y me encontré con que la cabina del conductor está aislada y no hay forma de pagar en efectivo ahí dentro. Hoy en día lo más práctico es sacarte una tarjeta Viva Viagem (recargable, se compra en el metro) antes de moverte por Lisboa, porque cada vez es más raro poder pagar en efectivo al conductor.

Las opciones que tienes para ir a Belém son:

  • El tranvía histórico 15E, que sale de la Plaza del Comercio o de la Praça da Figueira (el trayecto más bonito, pero el más lento).
  • Los autobuses 714, 727 o 728, que también salen del centro; o el tren de la línea de Cascais desde Cais do Sodré hasta la estación de Belém, que es la opción más rápida de todas.
  • Para volver, cualquiera de esas líneas te devuelve al centro sin problema. Como las rutas de bus cambian de vez en cuando, te recomiendo comprobarlas en la app de Carris justo antes de tu viaje.
estación de tranvías antiguos junto al barrio de belem
cocheras de tranvías de Lisboa

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