templos de karakorum en mongolia

En la cabecera del Valle de Orkhon, a poco más de 300 kilómetros de Ulan Bator, se alza Karakorum. Poco queda ya del antiguo esplendor de la que fue capital del Imperio Mongol, pero lo que hay es parada obligada y bien lo merece. Vamos a trasladarnos por un ratito a los restos del imperio más extenso de la Historia 🙂

Salimos sin prisa del Valle de Orkhon y hacemos de un tirón los 100 kilómetros que nos separan de Karakorum o Jarjorin. Al menos casi la mitad son por carretera asfaltada desde Khujirt. 

Llueve, llueve y llueve. Los paisajes son los mismos que los días anteriores, pero bajo la lluvia resultan un poco tristes.

En cuanto llegamos nos vamos a visitar el monasterio de Erdene Zuu sin dilación. Este es el atractivo de Karakorum, que a primera vista es otra ciudad de casas bajas de colores, desparramada en la estepa. 

monje budista avanzando por un camino con gran ger blanco detrás y las murallas de karakorum al fondo

La historia de Karakorum es la historia de Ögödei, el sucesor de Gengis Khan

Ögödei Khan, el sucesor de Gengis Khan (nombrado por él mismo), que también era su tercer hijo, ordenó construir Karakorum en el año 1235. La ciudad serviría como lugar donde organizar la recogida de impuestos y disponer de un sitio desde el que tomar decisiones políticas y administrativas. El Imperio legado por su padre era ya inmenso y había que mantenerlo con orden y concierto. 

Este era un punto estratégico, cruce de caminos de las rutas tradicionales y parada y posta de los nómadas y las caravanas. Lógico que Ögödei se decidiera por este y no otro sitio.

pradera con monte inclinado muy verde y un rebaño de vacas con pastor a caballo para agruparlas en mongolia

Enviados extranjeros, mercaderes y clérigos importantes viajaban a Karakorum para tener audiencia con el Khan Mongol. El palacio donde vivía era llamado el “Palacio del Mundo”, y aquí se celebraban banquetes, fiestas. También se hacían aquí los kuriltai o convocatorias de todos los príncipes de la estepa para trazar nuevos planes expansionistas. 

Entre 1237 y 1240 un gran ejército mongol, dicen los cronistas que de más de 130.000 hombres, conquistó el reino de los búlgaros del Volga, y llegaron a Polonia y Hungría. La muerte de Ögödei puede ser la razón por la que no siguieran avanzando. De ser así, habrían entrado en Europa central.

La viuda se hizo cargo de la regencia durante cuatro años, pero las intrigas y pugnas por conseguir el título de Gran Khan se instalaron hasta que unas décadas después Kublai Khan se impuso a su propio hermano. 

anciana mongol con vestido tradicional en color azul con dibujos rojos sentada en un banco apoyada en su bastón

Hasta Karakorum llegó un monje franciscano enviado por el rey de Francia como embajador, William de Rubruck, y allí residió durante un año manteniendo debates religiosos y escribiendo sobre la vida en Mongolia y la corte del Khan. ¿Serían sus crónicas inspiración para Marco Polo? Por ejemplo cuenta cómo la ciudad estaba amurallada y tenía cuatro puertas coincidentes con los puntos cardinales. Y en cada una de ellas se vendía una cosa distinta. Caballos en la puerta norte, ovejas y cabras en la puerta oeste, carros y bueyes en la puerta sur, mijo y grano en la puerta este. 

El declive de la ciudad comenzó cuando Kublai Khan, el nieto de Gengis Khan, trasladó la capital del imperio Mongol a Pekín en 1264. Los soldados de la Dinastía Ming arrasaron Karakorum un tiempo después. No dejaron piedra sobre piedra.

Monasterio Erdene Zuu, el “Precioso Buda” 

Saltamos unos cuantos siglos y llegamos al año 1586, fecha en la que se fundó este monasterio. Es el monasterio más antiguo de Mongolia y uno de los pocos que sobrevivieron a la destrucción de todo lo que tuviera que ver con la religión de los comunistas chinos en la década de 1930.

estatuilla de buda de color negro sobre ladrillos de una estupa de karakorum

Muchos tangkas o pinturas en telas, máscaras y estatuas han sobrevivido porque los habitantes de Karakorum las escondieron en las montañas cercanas, o en sus propias casas, corriendo un gran riesgo. Me recuerda mucho a las familias de Tombuctú que han logrado preservar, siglo tras siglo, los libros medievales de sus antepasados.

puerta de las murallas de karakorum con pomos en forma de cabeza de león

Y aquí estamos nosotros, por fin. Ante los muros con estupas que había curioseado en algunas fotografías. Sabía que era un sitio a visitar, pero no tenía ni idea de qué más hay allí. En ese momento la lluvia nos daba una tregua, pequeña pero visto lo que cayó después, suficiente.  

murallas de karakorum con estupas pintadas de blanco y hierba alrededor

El perímetro de Erdene Zuu es de 400×400 metros. Cada estupa honra a un difunto o a un santo budista. Están pintadas de blanco y hay un total de 108, un número sagrado en el Budismo.

pequeña capilla con tejado a dos aguas de estilo chino en el centro del monasterio de karakorum con las murallas al fondo y grandes nubes amenazadoras

La vida religiosa volvió en la década de los 90, y en 1997 el gobierno decidió restaurar el complejo. Erdene Zuu llegó a tener 100 templos y unos mil monjes residentes en cercanos gers. Queda muy poco de todo ese esplendor religioso, pero queda. 

monje budista con hábito naranja y rojo y botas altas de piel andando con las murallas de karakorum al fondo

La entrada general es gratuita, aunque para visitar los templos principales, el del Este, Oeste, y las tumbas de Abtai Khan y Tüsheet Khan hay que pagar un ticket de unos 4.000 Tugriks (menos de 1,5€). 

camino empedrado en el gran patio del monasterio de ederne zuu y muralla de ladrillo con estupas blancas bajo cielo nublado

El templo Tibetano (Lavrin Süm)

Entramos en el recinto. Nuestros pasos nos llevan entre molinos de oración y piedras grabadas que sobresalen en la hierba.

piedras con símbolos grabados semienterradas en la hierba dentro del monasterio de karakorum
rosarios de bolitas de madera colgados de estructura de madera que cobija molinos de oración tibetanos

Casi al final del camino principal está el Templo Tibetano y en ese momento suenan trompetas o, como descubro después, caracolas. Dos monjes niño están llamando a la congregación. En unos minutos se comienza a oficiar las oraciones del día, que generan cierto revuelo entre los turistas mongoles, peregrinos, y algunos occidentales. 

templo tibetano con tejados planos pintado de blanco y algunas decoraciones que recorren la fachada
dos monjes budistas con gorro amarillo subidos a una pequeña torre de madera junto al templo con banderitas en karakorum
dos monjes niño budistas tocando caracolas de mar que tienen pañuelos de seda de colores en el extremo
monjes budistas con hábito rojo de espaldas a punto de entrar en el templo tibetano de karakorum

Como siempre que he presenciado estas oraciones, la voz de los monjes tibetanos reverbera en mi estómago. Contemplo las telas de colores, la biblioteca de escrituras religiosas que hay junto a uno de los muros, las velitas encendidas, y trato de no estorbar. No se pueden hacer fotografías. Aun así grabé un pequeño audio, dale al play si quieres escucharlo mientras sigues leyendo 🙂  

Oraciones tibetanas

En un lado de la estancia los peregrinos compran bolsitas de polvos verdes a un monje mayor. No sé qué es. ¿Será té?

Llegan los rezagados y van dejando sus gorros amarillos en un estante de madera que hay sobre las hileras de sillas y pupitres en las que se sientan. Ese gorro es el que los distingue de otras sectas budistas. Y es la secta del Dalai Lama.  

monjes budistas con gorros amarillos en karakorum

Los templos de Erdene Zuu 

Los templos principales lucen tejados curvados como los edificios de la arquitectura china tradicional. Algo bastante común en Mongolia, a partir de cierto siglo, es precisamente la mezcla de estilos. El resultado de contratar a artesanos y maestros venidos de distintos puntos cardinales.

templo de karakorum con dos ciervos dorados mirando a una rueda en el centro pintados de color oro
detalle de los tejados con tejas verdes y amarillas y pequeñas estatuas con forma de animales mitológicos en karakorum

Dentro exhiben estatuas de Budas y otras deidades protectoras, murales exquisitos y objetos religiosos. De nuevo no se puede hacer fotos aunque llegué a disparar un par porque no había visto los carteles…

pintura mural antigua donde se ve a un toro y una especie de lago con patos y un dragón a la izquierda
tumba antigua con dos tejados y una mujer vestida de rojo andando al lado y nubes de tormenta encima en karakorum

Caminamos de uno a otro tratando de distinguir al Buda del Pasado (Sanjaa), el Buda Histórico (Sakyamuni), el Buda del Futuro (Maïtreya), el Buda de la Medicina (Otoch), el Buda de la Luz Infinita (Amitabha), el Buda de la Compasión (Janraising)…

Contemplamos las estatuas de los dioses del sol y la luna y las máscaras de tsam, una danza religiosa. El budismo es recargado y complicado, pero también es poesía, color y paz.  

puerta de templo abierta desde donde se ve estatuas de buda en karakorum

Me gusta lo que veo, me recreo en los detalles, pero más me gusta ver a los peregrinos que vienen con sus mejores galas a visitar los templos de sus antepasados. Llevan unos trajes preciosos y se les ve encantados de estar allí. 

  • abuela mongol con rosario alrededor del cuello mirando hacia el cielo en karakorum
  • mujer con vestido azul de seda sentada en un banco de madera rojo con pared de ladrillos blancos detrás y una ventana circular en karakorum
  • familia mongol con dos abuelas y dos niños con vestidos de seda entrando en el patio del templo tibetano de karakorum
  • vista del patio de un templo enmarcada en la puerta del exterior con peregrinos avanzando hacia la capilla principal en karakorum
  • abuelo y nieta mongoles paseando con las murallas del monasterio detrás
  • peregrinos dando vueltas a los molinos de oración del monasterio de karakorum
  • niña con vestido amarillo corriendo hacia la cámara y su madre con túnica de color salmón detrás aplaudiendo y al fondo un templo de colores verde y rojo en karakorum
  • dos peregrinos mongoles con sus trajes de seda verde y marrón sentados junto a una valla de madera en karakorum

Museo de Karakorum

Después de comer en el campamento de gers donde haremos noche, volvemos a las inmediaciones del monasterio. Allí está el Museo de Karakorum, un edificio muy moderno que incluso tiene una wifi abierta, la primera del viaje una vez salimos de Ulan Bator, y una cafetería bastante agradable. Desde allí, en los días claros (y no es el caso), hay una buena vista del monasterio.

El museo es pequeño pero muy interesante. Está lleno de piezas arqueológicas encontradas en Mongolia, en especial en el Valle de Orkhon, incluido un tesoro de monedas, joyas de oro y piedras preciosas. También hay cerámicas y una tumba neolítica o de la edad de bronce. 

Para hacer fotos hay que pagar una entrada realmente elevada y como tenía mis dudas decidí dejarlo, así que no tengo imágenes que lo ilustren, pero si te preguntas si merece la pena ir, te diré que sí.



Cuando salimos del museo vuelve a diluviar. Damos una vuelta por las tiendas que hay frente al monasterio. Allí alquilan trajes de la nobleza mongol de antaño para que el personal se disfrace y se haga fotos junto a las murallas. Ni la lluvia les desanima. Me acuerdo de ése rincón de la Ruta de la Seda que hay junto a Kashgar, en la china uigur, donde también se ofertaba una atracción así. Muy del gusto oriental.

Los trajes son los que copiaron para el atuendo de la Reina Amidala del Episodio II de la Guerra de las Galaxias.

grupo de turistas mongoles vestidos con trajes antiguos de la corte y un tocado en el cabello de color negro que termina en gorro haciendo un selfie con el móvil
dos mujeres vestidas con trajes antiguos de la corte mongol andando sonrientes en karakorum

Cuando nos cansamos decidimos volver al campamento. Ya no podríamos salir porque llovía a cántaros y así siguió durante las siguientes doce horas. De hecho la tienda ger se caló completamente y luchamos por mantener la estufa encendida todo lo posible, pero pasamos bastante frío. Una noche para olvidar, que no mejoró al día siguiente, por mucha esperanza que tuviera en ello. Me hubiera gustado contemplar esas murallas bajo la luz del sol, pero no… Salimos de la Tierra de Mordor como alma que lleva el diablo.

estupa de color blanco destacando sobre nubes de tormenta

De todas formas la suerte nos sonrió un poco. Tuvimos una pequeña sesión de folklore en el restaurante del campamento, después de cenar. El camarero nos explicó que esa noche tocaba un grupo folk allí mismo.

Vino un grupo de turistas alemanes, creo recordar, y a nosotros nos cobraron una entrada un poco más económica. Supongo que de no haber cerrado el tema con ese grupo, no habríamos tenido esta suerte.

Yo tenía mis dudas, pero cuando el grupo de músicos y cantantes empezó su actuación me quedé con la boca abierta. Todos los que estábamos allí flipamos mucho. Las voces y habilidades para reproducir los sonidos de la naturaleza son impresionantes, pura poesía nómada. Te dejo aquí otra pieza de audio, por si tienes curiosidad:


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