Ganvie

Ganvie, nombre que suena bien, a África. La Venecia africana (cuántas Venecias hay por el mundo!). Fui a visitar este pueblo lacustre de Benin sin transición, recién llegada de Casablanca y del día perdido allí por culpa del overbooking de Royal Air Maroc. Con menos de dos horas para darme una ducha con un hilo de agua en el hotel de Cotonú y desayunar, ya estaba allí. 

Ganvie, flotando en Benin

En Ganvié se vive sobre el agua. Las barcas son las piernas de sus habitantes, cuyo gentilicio es ganvienus.

Dicen que hasta 1960 los gavienus casi nunca iban a tierra firme y no sabían andar bien, por lo que los demás se reían de ellos. Pero en la década de los 70 el gobierno decidió crear islas que permitieran una mejor calidad de vida a sus gentes. Entonces pudieron empezar a andar con normalidad.

La etnia mayoritaria son tofí, los que fundaron esta ciudad sobre las aguas en su huída de las persecuciones esclavistas en tierra firme. Allá por el siglo XVI.

Ganvie

El camino a Ganvie

Desde un pequeño puerto de Cotonú cogimos una piragua motorizada. Ya desde el muelle nos encontramos con un recibimiento no muy halagüeño. Es que… el turismo no es del todo bien recibido aquí.

Ganvié

Ganvié

Me explico: Ganvie es quizá el punto turístico más conocido y siempre incluido en los circuitos de Benin.

El lugar sigue siendo muy auténtico, no obstante. Y eso que desde los años 70 recibe a los pocos miles de turistas que visitan el país cada año (quizá ahora no sean miles, por cierto). Y a los ganvienus esto no les gusta.

No les gusta que su vida sea perturbada por observadores que además van haciéndoles fotos.

Ganvie

No les gusta que las barcas a motor asusten a los peces que ellos intentan pescar, ni que contaminen las aguas.

Ganvié

Supongo que tampoco les gusta porque parece que no encuentran ningún beneficio en ello. Los turistas (extranjeros y locales, o de países vecinos) no compran en su mercado. Ellos no tienen nada que vender, se ocupan de sus cosas y punto. El tiquet que se paga por la barca, supongo que es para el barquero.

Ganvié

Hay uno o dos alojamientos en el mismo Ganvié, y algún restaurantito, además de al menos una tienda de recuerdos. Poca cosa.

En fin, que el turismo no es una actividad económica para ellos. Y sin embargo son el centro de su interés desde hace muchos años.

Como si en cualquier pueblo de nuestro país todos los días llegaran grupos de turistas, desembarcaran, tiraran fotos a las señoras y señores o a sus casas, y se fueran.
Tienen mucha razón, muchísima razón, pero yo estoy en el otro lado también.

He ido a visitar Benin y quiero conocerlo, y este es uno de esos sitios que merece la pena conocer.

Difícil conciliación de estos dos lados de la vida.
Por eso, aun siendo la única “barca de turistas” que circulaba esa mañana por allí, muchos se tapaban la cara. O nos dirigían expresiones que iban desde el rechazo absoluto hasta una serie de muecas que no sé si serían conjuros para alejarnos, burlas, o qué…

Todo antes de que levantáramos la cámara. Una advertencia anticipada. Este era el recibimiento mayoritario pero no único, eso es cierto.  Y por eso pude hacer un puñado de fotos.

Ganvié

Algunos se lo tomaban con humor, burlándose de nuestras “ansias de foto”. Al quitar el sombrero se reía, pero si levantabas la cámara, se lo volvía a plantar delante

También había gente que nos sonreía, que aceptaba que les hiciéramos una foto, y que saludaba con simpatía o dándonos la bienvenida con un bon arrivé!
Así que tocaba relajarse, disfrutar del paseo en barca y observar sin estar pendiente de la cámara. Aunque de vez en cuando hiciera alguna foto porque las ganas no me las podía quitar, porque el lugar lo merecía, porque la luz era un reto.

Intenté saludar siempre primero, y también hacer más fotos de tipo “panorámico” que apuntando directamente al personal.

Llegar al pueblo en sí, a Ganvié, nos llevó aproximadamente 40 minutos

La lancha aceleraba y frenaba según había otras barcas (sin motor) cerca, a fin de controlar el oleaje que las haría zozobrar.

Ganvié

Era por la mañana y muchas barcas llevadas por mujeres en su mayoría se cruzaban con nosotros. Iban a vender el pescado de sus maridos al puerto cercano a Cotonú. Así están repartidas aquí las tareas.

El gran lago de Ganvié apareció ese día nublado, y todo tenía un aspecto un poco triste y siniestro. Al menos hacía buena temperatura soplando una brisa más que agradable. Ah! y no hay apenas mosquitos a pesar de tanta agua!

A medida que avanzamos vemos una especie de vallas hechas con hojas de palmera. Son sus parcelas, una especie de piscifactorías que sirven para atrapar a los peces y para guardar los que han atrapado con sus redes en el lago.

Ganvie

Esas redes que con tanta elegancia lanzan de manera circular. No fue sólo allí donde las vimos en acción, pero esta fue la primera vez. No me cansé nunca de ver ese movimiento una y otra vez.

Ganvie

La pesca es la principal actividad económica de los ganvienous.

También los hay que hoy en día se dedican a pasar de contrabando bidones de gasolina a la vecina Nigeria. Porque sí, estamos a un tiro de piedra del país vecino.

Ganvié

Ganvié

El mejor recibimiento posible en Ganvie: día de mercado

Llegamos al pueblo y resulta que era día de mercado. En lo que podría calificarse como la plaza del pueblo, unas decenas de piraguas iban y venían cargadas de todo tipo de productos.

Ganvié

Ganvié

Una experiencia llena de detalles.

Alguna vendedora se hacía servir de un megáfono (qué modernidad) para anunciar su oferta, una barca que vendía un poco de todo.

Ganvié

Otras sólo la gritaban a los cuatro vientos.

Ganvié

En un lado, un hombre suministraba agua potable a toda barca que se acercase con sus bidones.

Los “estilismos” es otra cosa que me llamó mucho la atención

Peinados que en realidad son pelucas. Gorros de peluche imitando los de piel de los rusos o directamente con un oso o conejo de peluche en la parte superior (y lo llevan mujeres adultas).

Todo ello combinado con las telas africanas de colores que tanto me gustan. Y con las cejas depiladas con motivos de fantasía o directamente pintadas. Ellos son más sosos en el vestir, todo hay que decirlo, je, je.

Ganvié

Los remos con los que impulsan sus piraguas son una especie de palas anchas en el extremo. Muchas están hechas con restos de latas, y algunas están pintadas y decoradas.

Ganvié

El pueblo es bonito a pesar de la luz mortecina

Sí, los tejados de hoy en día son de chapa, así no se pudren como lo hacía la hoja de palma y no tienen que renovarlos cada poco tiempo. Pero muchas casas están pintadas de vivos colores y aunque la humedad las ha corroído en parte, aun se ven bien.

Ganvié

Ganvie

Paramos en una islita-casa junto a un restaurante donde hay una tienda de recuerdos.

Estuvimos un rato en la terraza que daba a la plaza, haciendo ya alguna foto de manera algo más reposada y sin ser tan increpados. Después volvimos a embarcar para salir poco a poco del pueblo hacia Porto Novo, la capital política de Benin.

Ganvié

Ganvié

La larga travesía hacia Porto Novo

Al cabo de unos minutos de estar ya en lago abierto, la hélice de la barca empezó a fallar, provocando sacudidas en el motor.

Uy, uy, uy… bajamos mucho la velocidad y parecía que aguantaba.
Nos acercamos a otro pueblo, una pequeña aldea a la que no suelen ir los turistas.

Había poca gente a esas horas, fundamentalmente los críos y un par de hombres. Una señora nos permitió usar su “baño” (corral junto a la casa) entre risas por su parte –mira tú que vienen unos blancos y me piden usar el agujero!!-.

Al cabo de un rato decidimos continuar porque no sabíamos lo que tardaríamos.

Ganvié

En teoría, el barquero había llamado a otro para que viniera a buscarnos y cambiásemos de barca, pero este no aparecía por ninguna parte.

Sólo quedaba tirar para adelante a cinco por hora, y ahora sí, bajo un sol de justicia.

Teníamos un poco de agua y nada más…  pero bueno, aparte de hacerse largo, la sangre no llegó al río -nunca mejor dicho-.

Ganvié

Al final, el recorrido de una hora y media se convirtió en 4 horas

El “rescatador” (un chaval que seguramente era el hijo del barquero) llegó cuando nos faltaban unos minutos para nuestro destino. Aun así cambiamos de barca en medio del lago y entre la bronca que nuestro barquero le propinó.
Estaba hecho polvo el hombre, así que le dimos las gracias y le intentamos dedicar más de una sonrisa. Al fin y al cabo son las cosas del directo. Además es su medio de vida, esto le complica las cosas, tener que hacer frente a una reparación, etc.
Y no sólo eso. Era su día libre pero al ser llamado por nuestro guía acudió para hacer el servicio. Él también tenía que volver para comer con su familia, y también se le había hecho muy tarde.

Comimos a las 16 h en Porto Novo después de ver su museo etnográfico del que yo sinceramente habría pasado. No sé muy bien si fue por el cansancio que tenía  o por lo descuidado del sitio. Llevaba sin dormir decentemente muchísimas horas, desde Casablanca. En el museo no se puede hacer fotos así que tampoco os lo puedo mostrar.


 

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