Hoy quiero escribir sobre una de las oportunidades que nos brindan los viajes: aprender, mejorar, reforzar o generar nuestra empatía hacia el otro.
¿Que por qué? porque los acontecimientos que se están sucediendo en el mundo, cómo se manejan, y cómo respondemos ante ellos me hacen reflexionar sobre este tema.

Porque hay muchos debates abiertos en las redes sociales en las que participo. Y son debates en los que están implicados otros viajeros, que es el colectivo más numeroso en mis redes.
Sí, la vida no está sólo en las redes sociales, ni en internet, ni en los medios de comunicación tradicionales. Pero de una u otra forma todo esto está en nuestra vida y forja nuestra opinión. Condiciona nuestros actos. Y, sobre todo, nuestros sentimientos.
Porque la empatía va de esto, de sentimientos.


La empatía es definida en muchos diccionarios y manuales de Psicología como la capacidad que tenemos para identificarnos con los sentimientos del otro.


En principio, y aquí ya entro de lleno en mis propias opiniones vertidas en este blog, la empatía no es algo natural o que nos venga a través de los genes.

La empatía es algo que se trabaja, se construye, se alimenta y también muere con el paso del tiempo. Porque sí, el tiempo juega en nuestra contra y a menudo diluye los sentimientos. Muchas veces porque se renuevan por otros. Algo muy común en los viajes, por cierto.

La empatía es como una relación a distancia. Sólo si es muy apasionada puede sobrevivir en el tiempo.

La mayoría tenemos capacidad de empatizar con otros. De hecho, si no la tuviéramos en absoluto, podríamos ser considerados psicópatas.

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Y si la tenemos en exceso… igual también tenemos un problema porque todo lo que les sucede a los demás nos afectará de la misma forma. Y eso nublará desde nuestra capacidad crítica, hasta la posibilidad de que se anulen nuestros propios sentimientos en favor del otro.

A lo que iba: creo que esto de empatizar lo hacemos en forma de círculos concéntricos.

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La empatía más fuerte e inmediata es la de los seres a los que queremos y amamos. Familia, pareja, hijos, amigos. Es fácil ponernos en su lugar, tanto para las alegrías como para las penas.

Continúa de una forma algo más débil con el entorno social. Me refiero a compañeros del trabajo o estudios, vecindad, gente del pueblo en el que veraneas…

Y sigue con círculos cada vez más alejados. Habitantes de tu ciudad. Tu país. De los países vecinos. De los próximos cultural y económicamente hablando (que no es lo mismo).

Mucho más difícil lo tenemos si se trata de empatizar con la gente de otro continente, de otra cultura. También de otra escala social aunque estén cerca de nosotros.

La empatía es uno de los beneficios de viajar

Creo firmemente que cuando uno viaja, abre muchas puertas al crecimiento personal. Una de esas puertas es la de la Empatía.

Voy a tratar de describir cómo es el proceso. En mi caso y seguramente en parte de los vuestros:

Cuando empiezas a preparar un viaje

Puede ser que te dé por leer relatos viajeros e información del lugar. Más o menos generalista.

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Poco a poco empiezas a prepararte mentalmente para lo que vas a ver. De momento son sueños bastante informes, especialmente cuando los contrastas con la realidad que visitas.

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Cuando llegas a tu destino

Hay muchas cosas que te sorprenden. En muchísimas ocasiones esto te viene por la gente, costumbres y gustos del lugar.

Unas risas con aquella vendedora o aquellos niños. Una caricia, una tarde compartiendo un té, una broma, un regateo. Quizá una pequeña discusión, un viaje en rickshaw. Una función de cine local.

El nivel de escasez o pobreza si los hay. Los mercados.  Los ritos religiosos, o las fiestas si tienes la suerte de coincidir con ellas.

Toda una colección de sentimientos valiosísimos

empatía y viajes

Estableces lazos, vínculos sentimentales con el lugar y con lo que allí viviste. Aunque no todos los destinos se te queden en el alma de la misma manera, porque no todos te marcan igual.

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Intercambiando sonrisas y fotos con mujeres jordanas

Cuando vuelves del viaje

Encuentras una noticia en los medios de comunicación, aunque sea “un breve” del periódico y aunque sea meses después, y te interesas. Antes no lo hacías.

De repente las elecciones de Birmania son objeto de tu interés, un tifón en Soqotra, un terremoto en Nepal, un atentado en alguna ciudad europea, una guerra incluso.

Notad que no menciono noticias positivas, pero es que esas… no suelen estar, aunque como dicen de las meigas, haberlas hailas.

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Lo sientes mucho, te entristeces, lloras de rabia (o te alegras un montón, depende de la noticia!). En definitiva te conmueves por algo que sucede en un lugar del que antes no te conmovía nada. Esto es así de claro.

Compartes la noticia en tus redes sociales y te acompañan aquellos que estuvieron también allí, especialmente si su viaje fue reciente, o si les marcó tanto como a ti. El resto… ni mu, ni un triste like. Me ocurrió con la crisis de Tombuctú, por poner un ejemplo personal.

Pero ojo, que no estoy diciendo que yo sea perfecta en esto de la empatía. Como a la gran mayoría de nosotros, me ocurre lo mismo con respecto a otros lugares/gentes del mundo. Sí, yo tampoco logro conmoverme igual por lo que ocurre en otros puntos del planeta.

Conocer de primera mano cómo es Katmandu e interactuar con sus gentes, cómo es Etiopía e interactuar con sus gentes, cómo es Omán, o Guatemala, y podría seguir con todos y cada uno de los destinos a los que he viajado… me aporta estos sentimientos de cercanía, de empatía con sus  habitantes. Igual que con la Naturaleza, si pienso en los safaris de Namibia y Botswana. O los de Kenia y Tanzania. Y creo que es bueno, muy bueno.

Las sociedades serían mucho mejores si todos aprovechásemos esta oportunidad.

Y en especial los políticos (que no me cabe duda de que viajan mucho, pero…).

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El problema es que tener la oportunidad no significa aprovecharla. 

A vueltas con la empatía

¿Por qué serían mucho mejor las sociedades? porque entenderíamos que si alguien huye de su país porque está en peligro de muerte, o porque no soporta vivir sin esperanza de futuro, no tendríamos tantos recelos para acogerle. O lo haríamos de una forma más amable.

Porque si vemos un suceso horrible que ocurre en un país lejano al nuestro, a lo mejor nos movemos activamente para aportar nuestro granito de arena en la ayuda que les podamos brindar.

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Y a lo mejor, no sólo nos conmovemos cuando esas cosas ocurren en una ciudad próxima a la nuestra, en el país vecino, o en aquel lugar en el que sin haber estado sentimos como nuestro porque está en nuestros libros de Historia, lo estudiamos en el colegio, tenemos la certeza de que la gente de allí es similar a nosotros en sentimientos y modo de vida, quizá en poder adquisitivo y cultural, y en definitiva claramente nos ponemos en su lugar, porque somos capaces de vernos en una situación así…

Porque viajar te puede dar la certeza, como mínimo, de que los hombres, mujeres y niños de otros sitios que a veces no sabemos ni situar en un mapa son personas como nosotros.

Personas que ríen, sufren, lloran, son felices, se enamoran, se entristecen cuando alguien muere, gritan de dolor o de placer igual que nosotros. Y un largo etcétera. Y quizá eres capaz de ponerte en su lugar.

Modestamente, creo que esto es básico para construir un mundo donde reine la PAZ.

Y modestamente también, creo que no nos lo curramos nada. Que nos dejamos llevar. Que aceptamos e incluso pensamos que es “un acierto” que una o muchas multinacionales nos apelen a mostrar nuestra solidaridad con un país concreto abanderando nuestra foto de perfil. En vez de preguntarnos por qué no lo hacen con los demás países que sufren igual o más.

Y no es desmerecer a ese país que es un gran símbolo en la historia occidental, al que seguramente nos unen lazos muy fuertes de todas clases, y al que muchos de vosotros habéis viajado.

No se trata de desmerecer esa corriente de empatía absolutamente normal.

Se trata de reflexionar acerca de la falta de empatía que hay hacia “los otros”

Siria (que por un momento recibió ráfagas de empatía “gracias a” la foto de uno de sus niños muerto en la orilla del mar, o las imágenes de personas con los mismos rasgos que nosotros, antes de que les oyéramos hablar en árabe… porque no me digáis que no, muchos de vosotros lo pensasteis, y yo también me sorprendí de ver esas caras que podían ser las de cualquiera de nosotros, en la frontera de Hungría), Iraq, Libia, Yemen, Egipto, Túnez, Níger, Nigeria, Ruanda, Haití, Filipinas, Nepal. Y tantos otros, que sufren o han sufrido verdaderas catástrofes de una u otra naturaleza. Sí, quiero incluir todas las catástrofes.

Sé perfectamente que no es lo mismo, pero en lo que a la empatía se refiere, siempre hay diferencias en cómo nos conmovemos,  y es natural.

Lo que no es natural es que dejemos que manejen nuestro impulso empático.

¿Que los medios de comunicación explotan la empatía que surge naturalmente de nuestra sociedad por esa cercanía cultural, geográfica e histórica? Sí, claro.

No son ONG, tristemente podríamos decir, porque se les llena la boca de valores éticos que después se pasan por el forro constantemente.

Los medios de comunicación son dirigidos y creados por personas como tú y como yo. Incluso muchas veces totalmente inexpertas en su labor. Personas que no ponen la distancia con sus propios sentimientos que se debería esperar de su ejercicio profesional. Sí, además buscan el éxito de ventas, al menos los que los dirigen. También los gobiernos tienen sus intereses, venden armas, y mejor me callo, porque no me voy a poner a analizar el origen de los conflictos y horrores que estamos viviendo y que quizá suframos de una manera u otra.

Sencillamente me gustaría decir que está en nuestra mano tener una visión crítica de ello. Está en nuestra mano no encerrarnos en la justificación y autodefensa de por qué pongo una bandera X y no una bandera Y como signo de duelo. Está en nuestra mano pensar también en todo esto, y ponernos a trabajar para que nuestra capacidad empática sea mejor y más amplia.

Lo he dicho antes, la empatía hay que trabajarla, reforzarla, mantenerla viva y ampliarla. Cuando lo entendamos, cada uno desde su lugar en la sociedad, el mundo será un poquito mejor. En lo que está en nuestra mano, claro. Yo estoy convencida de ello, por eso me he decidido escribirlo.

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Viajar es un paso, no el único, pero es importante siempre y cuando se quiera aprovechar.

Me encantaría conocer qué pensáis sobre esto, así que estáis invitados a opinar, a contradecirme, a criticarme (desde el respeto, por favor), y a debatir en definitiva.


 

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