puerto de El Cotillo con playa de arena oscura y casas blancas con toques de azul

El Cotillo. Cuando leí su nombre pensé en lo curioso que sonaba. Y no pude evitarlo. Me imaginé a un señor cotilleando con sus vecinos 😂. Esta imagen no tiene nada que ver con el lugar, claro está. El Cotillo es un pueblo de pescadores de Fuerteventura que te diría es parada obligada en la isla, y mejor si pernoctas allí porque dicen que tiene una de las puestas de sol más espectaculares de la isla. Confieso que yo no lo planifiqué así, y como era verano y el sol se pone tarde, no pude ver el famoso atardecer. Pero bueno, cuando vuelva no me lo perderé. De momento te enseño El Cotillo de día 😊

Cómo llegar a El Cotillo 

El Cotillo está localizado en la costa noroeste de Fuerteventura y la mejor forma de llegar es desde Corralejo. 

En transporte público 

  • Desde Corralejo puedes coger la guagua nº8, que tiene una frecuencia bastante aceptable (uno por hora, siendo el último de vuelta a las 19.00 h). El billete cuesta 3,10€ cada trayecto y el viaje dura unos 50 minutos (información de agosto 2020).
  • Desde Puerto del Rosario puedes ir a El Cotillo en la línea nº7, pero tiene una frecuencia muy baja y es casi inexistente los sábados y festivos. Además alguno pasa por Corralejo dando una vuelta respetable. El precio del billete es de 4,35 € y el viaje debe de durar una hora y media aproximadamente. Aquí puedes ver la información de guaguas actualizada.

Una cosa importante si llegas a El Cotillo en guagua. El autobús te deja al sur del pueblo, lo cual es genial como te cuento ahora. Puedes cogerlo allí para la vuelta o ir a una parada que hay enfrente del hotel El Cotillo, al norte del pueblo y cerca de la playa de la Concha. El hotel es un mamotreto infame que por suerte no está muy pegado a la playa, pero es bien visible. 

En coche 

Se llega por la carretera FV-10, pero se recomienda mucho ir desde Corralejo por la carretera de la costa, saliendo por el Charco de Bristol. Es una ruta con acantilados, faros y playas que estoy segura de que te harán parar a cada momento. 


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De los acantilados al pueblo de El Cotillo 

Llegué a El Cotillo cerca del mediodía porque antes paré en La Oliva. En primer lugar me alegré de que la guagua me dejara junto a los acantilados que hay en el extremo sur del pueblo, junto a un torreón con pinta de fortaleza en miniatura. Más fácil imposible, porque este era un punto que quería ver sí o sí. Se trata del Castillo del Tostón.

Castillo del Tostón

Me acerqué a este castillo que no es más que una torre rechoncha, construida con piedra de lava gris. Aunque hay unas escaleras de madera que terminan en una puerta, estaba cerrado y con pinta de llevar así mucho tiempo. Dicen que dentro hay un pequeño museo y que se podía subir a la azotea (de hecho he visto fotos con gente arriba), algo que me habría gustado mucho.

castillo de El Tostón hecho con piedra volcánica

Cómo no, esta fue una construcción defensiva para avisar de la llegada de piratas bereberes, ingleses y franceses.

El original se alzó en el siglo XV durante la conquista de Fuerteventura por los normandos, y un siglo más tarde fue denominado Puerto del Tostón. De ahí el nombre del torreón. Sin embargo, la construcción que vemos hoy en día es del año 1700 y se construyó sobre las ruinas del primero. Es decir, dos siglos más tarde seguía habiendo piratas y además el puerto era, por aquél entonces, un punto importante para el comercio de cereales, ganado y cochinilla, la preciada base del color rojo para los tintes. 

La construcción no es que sea muy grandiosa, pero está en el mismo borde de unos acantilados soberbios. En cuanto te acercas al castillo se abre un panorama impresionante.

La costa avanza hacia el sur con acantilados que van haciendo curvas donde se asientan largas playas de arena blanca. La primera visible es Piedra Playa, dicen que muy buena para hacer surf y kitesurf. Parece una costa salvaje, sin apenas construcciones. Si hay algo de calima o niebla, la visión es un poco fantasmagórica. 

paisaje de acantilados volcánicos y playas de arena blanca con mar de color turquesa en El Cotillo
paisaje de la costa con acantilados interrumpidos por playas de arena blanca y mar turquesa

Al lado del castillo está uno de los esqueletos de ballena que hay por toda Fuerteventura. Forma parte de la Senda de los Cetáceos, una iniciativa para generar sensibilización ambiental que tiene ya unos años. En este caso es el esqueleto de un Zifio de Cuvier, el mamífero que puede llegar a más profundidad y permanecer durante más tiempo bajo el agua, con récord de casi 3000 metros y más de dos horas. 

esqueleto de ballena con el mar detrás

En el año 2004 varias ballenas Zifio de Cuvier quedaron varadas en Fuerteventura y Lanzarote. Se cree que tuvo que ver con unas maniobras militares navales 😥. Este ejemplar apareció en Majanicho (La Oliva) en el mes de julio de ese año. Era una hembra adulta que medía casi seis metros de largo.  

Después de asomarme con cuidado al abismo de roca volcánica, y de contemplar a placer los acantilados que parecen muy lejanos pero en realidad están a sólo uno o dos kilómetros, me doy la vuelta para ir al pueblo. Está a un par de minutos andando. Es hora de pensar en dónde comer, y también de decidir si después iré más al norte, o bien al sur. Difícil elección porque ambos lados tienen buenas promesas de playa y paisaje. 

El pueblo de El Cotillo

Dicen que esta zona fue bastante ignorada durante la conquista de la isla y que los primeros signos de asentamiento pesquero datan del siglo XVII. Pero antes de que llegaran los blancos, El Cotillo fue el centro de poder del reino Maxorata, una de las dos mitades en las que las tribus aborígenes tenían dividida la isla. 

El nombre de El Cotillo se instauró a mediados del siglo XX, pero no he logrado encontrar el por qué de esta denominación. 

Un dato curioso: la patrona de El Cotillo es la Virgen del Buen Viaje (ni idea de que existiera) y en las fiestas patronales se hace una procesión nocturna con antorchas. Transcurre entre El Cotillo y el cercano pueblo de El Roque. También la llevan en procesión diurna en la que se engalanan los barcos del pueblo y se recuerda a los que murieron en el mar. 

Siguiendo la línea de la costa hacia el pueblo enseguida me encuentro con un antiguo horno de cal que se asoma al acantilado. Un poco más allá hay otro con una escultura que representa a una cola de ballena a punto de sumergirse en el agua. Y abajo está el pequeño puerto, protegido con un espigón artificial pues estamos en una costa de oleaje violento.

horno de cal con forma de pequeña pirámide escalonada junto a acantilados y puerto detrás
horno de cal con escultura de cola de ballena como sumergiéndose en el mar, y al fondo el castillo de el tostón con volcanes
Horno de cal de El Cotillo con el castillo del Tostón al fondo

En el pasado los pescadores y comerciantes tenían que desembarcar sus fardos en pequeñas barcas porque no se podían acercar sin asumir el riesgo de estrellarse contra las rocas. Por lo visto es el único puerto pesquero con espigón de toda la isla. 

Decido encaminar mis pasos sin entrar aún en las calles de El Cotillo. El mar, después de toda una mañana en el interior, me llama. Otra cosa no será pero en esta isla he aprovechado al máximo para no dejar de contemplar el horizonte de agua.

vista del litoral de El Cotillo con rocas volcánicas y aguas transparentes

Así descubro algunas casas particulares que, silenciosas, aparecen cuidadas con sus paredes blancas y sus puertas pintadas de azul. Es un aperitivo de lo que viene, porque el centro de El Cotillo es un lugar precioso donde dominan estos colores y los murales que hacen de él un museo al aire libre. Motivos marineros, dibujos acuáticos y florales, tonos azules y verdes dominando el entorno. 

Rodeo la pequeña playa urbana que se abre delante del pueblo. A pesar de ser un lugar famoso por sus restaurantes de pescado, varios de los cuales se concentran aquí, no hay mucha gente.

El ambiente es realmente tranquilo. Y deslumbrante por el color blanco de las casas. Elijo sentarme a comer en el mismo muelle junto a la playa, bajo un tejadillo, y me dejo mimar por la mesa majorera mientras observo cómo un cocinero limpia su pescado en una mesita junto al mar, un poco más allá. El hombre se ve rodeado al instante de ansiosas gaviotas que van a comerse las tripas de sus pescados. 

hombre limpiando pescado en una mesita de madera con el mar detrás y gaviotas a un lado en El Cotillo
plato de marisco con mejillones, gambas y calamares

Las playas de El Cotillo 

Después de comer me entran unas ganas tremendas de refrescarme en el mar y echarme una siesta en la playa. Qué quieres, si venía de andar toda la mañana por La Oliva, los viajes en guagua y el paseo antes de comer 😎. Además llevo mis inseparables gafas de snorkel. Total, que después de estudiar el panorama en el teléfono móvil, decido tirar hacia el norte en vez de ir hacia Playa Piedra.  

Saliendo del pueblo, algo que no cuesta nada porque El Cotillo es bastante pequeño, llego a una zona de pequeñas dunas. La arena es blanca y se arremolina en torno a los arbustos de aulaga y tabaibas que tanto admiré en la Isla de Lobos.

También hay bastantes “corralillos” donde la gente se aposenta con sus toallas, sombrillas y pertrechos para protegerse del viento indomable. No hay ni uno libre, así que sigo andando y paso de largo una playa demasiado llena para mi gusto, para llegar enseguida a otra, y después a otra. Con la tontería hago una buena caminata y ya no quiero más que aposentarme en la arena y nadar un rato. La playa de La Concha fue mi elección, que por cierto es la más famosa. 

corralillo hecho con piedras volcánicas en una playa de El Cotillo
Corralillo en las playas de El Cotillo
sombrilla de color naranja sobre arena blanca y delante rocas negras volcánicas

La costa de El Cotillo hacia el norte, al menos hasta el Faro del Tostón, es así. Una cadena de pequeñas ensenadas con arena tan blanca que deslumbra. Arena hecha con millones de conchas y algas calcáreas trituradas por las olas. Playas de aguas cristalinas con toda la gama de azules, protegidas por las rocas volcánicas de las antiguas erupciones, sin apenas olas. Casi no hice fotos, centrada en lo que quería, disfrutar del lugar.

playa de arena blanca con horizonte de volcanes en El Cotillo
costa rocosa con arena blanca y faro pintado a líneas blancas y rojas en el horizonte en El Cotillo
Faro del Tostón en el horizonte
casa de estilo Dalí con una palmera en el centro en la playa de la Concha de El Cotillo

En cuanto te descuidas dejas atrás las construcciones urbanas y te encuentras frente al paisaje salvaje, roto por alguna palmera solitaria y poco más.

Así es Fuerteventura, y de nuevo me acuerdo de las Islas Galápagos.

palmera solitaria en campo de dunas en el norte de Fuerteventura

Me hubiera gustado andar más y llegar a dicho faro, que está a dos kilómetros y medio de La Concha, así como disfrutar de las caletas que hay a su alrededor, pero me agobiaba un poco no perder la última guagua y ya lo he dicho, estaba cansada. 

Me quedan unos cuantos pendientes para cuando vuelva a El Cotillo: un atardecer (o más), ir hacia el sur, subir más al norte… ¡Lo haré! 😄



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