puente de alcántara

La ciudad de Alcántara, en la provincia de Cáceres, tiene dos poderosas razones que justifican por sí solas un viaje hasta allí. Bueno, estoy exagerando. En realidad Cáceres y más en concreto los alrededores de Alcántara es una región tan rica en patrimonio natural e histórico, que puede complicarte las cosas a la hora de elegir qué ver. Sea como sea, si te lanzas a visitar Alcántara no pases por alto estos dos puntos, ambos magníficos, de los que te hablo aquí 🙂

El puente romano de Alcántara

El famoso puente de Alcántara… ¡qué ganas tenía de verlo por mí misma! Su fama le precede siendo una de las principales obras romanas de España, alzado en la ciudad fundada por el mismísimo emperador Trajano entre los años 103 y 104. Entonces no se llamaba Alcántara, por cierto. 

El nombre de Alcántara proviene de al-Qantarat, palabra árabe que significa “El puente” 

El puente de Alcántara cruza el río Tajo y combina estética y funcionalidad de maravilla. Tanto es así, que sigue funcionando para el tráfico rodado. No muchos pueden decir eso, aunque por supuesto las sucesivas reconstrucciones desde la Edad Media hasta nuestros días hayan ayudado a mantenerlo. 

puente de alcántara entre vegetación con arco con almenas en parte superior

¿Qué hace aquí este puente? 

Los romanos buscaban disponer de un paso sobre el río y las vías que conducían a Portugal, sí, pero también querían hacer propaganda del Imperio.

En estas tierras había metales muy codiciados y convenía lanzar un mensaje claro a las tribus ya sometidas por su superioridad militar.

Curiosamente su construcción no fue financiada por el Imperio sino por los municipios de la región, pero en realidad esto era práctica habitual para todos los puentes (o casi todos). Este dato lo sabemos gracias a la inscripción que hay en una placa grabada en el centro del puente, dicho sea de paso. Fueron doce localidades las que pusieron el dinero, los materiales y/o los obreros necesarios. 

contrafuerte y parte de un arco del puente de alcántara

Se eligió este lugar por ser una curva en la que las orillas están más próximas y por tanto se requiere de menos metros para unir las mismas. En cuanto a su altura, tiene que ver con que las crecidas del Tajo alcanzaban una gran altura por aquél entonces. Hoy no es así por el embalse de Alcántara, una obra de mediados de la década de 1950. 

puente de alcántara con sus pilares sumergidos en el río tajo y las orillas escarpadas

¿Cómo es el puente de Alcántara y cuál es su historia?

El puente de Alcántara tiene una altura de casi 60 metros, que se dice pronto, y una longitud de 194 metros. Puedes bajar hasta la orilla y andar a sus pies, algo que te va a permitir apreciar la obra de los sillares hoy desgastados por la acción de los elementos. Estando allí abajo me acordé, cómo no, del acueducto de Segovia.  

puente de alcántara visto desde abajo

Junto al puente hay un pequeño templo y en él una inscripción en parte de la cual se lee la siguiente frase: “quizá la curiosidad de los viajeros, cuyo cuidado es saber cosas nuevas, se pregunten quién lo hizo [el puente] y con qué intención. El puente, destinado a durar por siempre en los siglos del mundo lo hizo Lacer, famoso por su divino arte”.

Lacer es Cayo Julio Lacer, presumiblemente el arquitecto encargado de levantarlo. Modesto no era, pero el puente ahí está. ¡Si Cayo Lacer levantara la cabeza!

Elegante, soberbio, magno, ligero y a la vez pesado…  da para estar un buen rato dedicada a su contemplación y nada más. 

En el siglo XII llegaron los árabes y fundaron una ciudad con el nombre, nada imaginativo por otro lado, de al-Qantarat. Imagino que quedaron tan impresionados como lo estamos nosotras hoy en día cuando nos plantamos delante de él. En el siglo XIII, con la Reconquista, el puente empezó a sufrir los empellones de las guerras que se sucedieron. 

pilar del puente de alcántara con el río Tajo

Carlos V, en el siglo XVI, ordenó la primera de las reconstrucciones retirando las construcciones militares que lo invadían y poniendo almenas en los arcos superiores. También puso su escudo imperial, claro, y una inscripción testigo de su intervención. 

En la Guerra de la Independencia los aliados destruyeron uno de los arcos para que las tropas napoleónicas no pudieran avanzar y aunque más tarde se reconstruyó con una pasarela de madera, ésta fue incendiada por las tropas isabelinas, ya en 1836, para impedir que pasaran los carlistas.

Es el sino de los puentes, puntos estratégicos imprescindibles para los avances y retrocesos de aliados y enemigos.  

Me quedo con un deseo para el futuro: fotografiar el puente de noche, con la vía láctea

Para terminar, anunciarte que este es el punto de partida de varias rutas de senderismo de las que puedes informarte en la Oficina de Turismo de Alcántara.  Y ahora vamos con la segunda razón para visitar Alcántara…


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Convento de San Benito de Alcántara

La otra joya de Alcántara es el Convento de San Benito del siglo XVI, visita obligada y gratuita. 

Confieso que era una total ignorante de su existencia y que no tenía ninguna expectativa hacia el mismo. A pesar de su espectacular fachada exterior con la llamada “galería de Carlos V” y sus torres cilíndricas, no pensaba que sería diferente o especial frente a otros edificios religiosos de este tipo. Y me equivoqué, para mi fortuna. 

exterior del convento de san benito con altos muros llenos de contrafuertes
foto de la fachada con el balcón con tres pisos con galerías con arcos
Galería de Carlos V del Conventual de San Benito de Alcántara
torre de piedra terminada en cúpula con mucha decoración y arriba un nido con una cigüeña de pie
Nido de Cigüeña coronando una torre campanario

El Convento o Conventual de San Benito de Alcántara es precioso y grandioso. Estamos en el monasterio que los Reyes Católicos accedieron a construir para los caballeros de la Orden de Alcántara, ya que el Conventual de San Benito o Convento Viejo se estaba cayendo de eso, de viejo.

Era la época en que Alcántara ya casi había llegado a tener el tamaño y proporción de la actualidad, construido sobre las ruinas de la antigua ciudad árabe fortificada. 

calle con fachada de convento con rejas en las ventanas
Una calle de Alcántara con la fachada lateral del convento

En 1836, con la desamortización de Mendizábal, el lugar fue comprado por una familia para utilizarlo como casa de labor, y en 1961 lo compró Hidroeléctrica Española para alojar allí al equipo encargado de la construcción de la presa de Alcántara. Fue esta empresa la encargada de conservarlo hasta nuestros días. 

La visita al convento

Entramos y enseguida pasamos al patio del claustro, jalonado por galerías de arcos de medio punto y un piso de guijarros en el centro. Es de estilo gótico y en él llama la atención una capilla abovedada en la que parece ser que los frailes se lavaban las manos. 

claustro del conventual de san benito con dos áboles en el centro y torre con pequeña cúpula
Claustro del Convento de San Benito de Alcántara
arcos del claustro del conventual de san benito

En un extremo del claustro una puerta da paso a otro patio. Es más pequeño, rectangular y buena parte de sus paredes están cubiertas de hiedra verde en primavera. Sus ventanas y balconcillos son perfectos miradores del paisaje. Me pareció un sitio ideal para leer, pensar, estar tranquila un rato. 

patio del convento con paredes llenas de hiedra
escaleras de piedra cubiertas de hiedra verde que suben hacia el cielo azul

Después pasamos a la iglesia de San Benito, anexa al convento. Está en ruinas pero oh! es magnífica. Sus techos y columnas son altísimas y precisamente por ese estado de semiruina me parece más bonita, más interesante. Tiene esa atmósfera especial de los lugares vetustos, polvorientos, donde la luz se filtra formando haces mágicos. 

columnas estriadas y bóvedas de crucería muy altas en el convento de san benito
Interior de la Iglesia de San Benito de Alcántara
sacristía con rejas de hierro entre muros de piedra
detalle de la decoración de nudos de las bóvedas del convento de san benito entre las columnas

En uno de sus lados descubrimos una pequeña sala que da paso a una escalera de caracol perfecta. El sueño de todo fotógrafo en lugares como éste. No importa a dónde lleva, sólo la curva que se cierra sobre sí misma. 

escalera de caracol perfecta de piedra vista desde abajo
Escalera de caracol del convento de San Benito de Alcántara

Espero haberte puesto la miel en los labios o terminado de convencerte de que merece mucho la pena hacer una parada en Alcántara, y si quieres saber más sobre esta zona y el Parque Natural Tajo Internacional, no dejes de leer este otro post. 


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