Dos días en Masai Mara entre ñúes, cebras, leones y más

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Por Alicia Ortego

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Dos días en Masai Mara dan para mucho, no cabe duda. Repasando fotos, me doy cuenta de lo grandioso que es. Y recuerdo los nervios, las risas, la mirada atenta. No quería ni pestañear. Hubo tantos momentos mágicos que es difícil de resumir, pero hoy voy a enseñártelo 😊

Dos días en Masai Mara son pura magia

No quiero menospreciar al Cráter de Ngorongoro (otro sueño hecho realidad en este viaje). Ni al famoso, enorme y también maravilloso Serengueti de Tanzania. De hecho, el Masai Mara no deja de ser la continuación natural de este último: el parque cambia de nombre al cruzar la frontera hacia Kenia, porque por aquí discurre el río Mara y porque estas son, ancestralmente, tierras masais. Mismo hábitat, misma fauna salvaje. Sin embargo, la energía cambia por completo.

Nos encontramos en una meseta de más de 1.500 kilómetros cuadrados, en pleno Gran Valle del Rift. Situada a una altura de entre 1.500 y 2.000 metros. Aquí hay más de 500 especies de aves y 95 especies de mamíferos. Masai Mara está a cuatro o cinco horas de distancia de Nairobi, por carretera.

En la web oficial del parque Maasai Mara puedes encontrar unos cuantos datos de valor.

dos días en masai mara jirafas
Dos jirafas corriendo por la sabana de Masai Mara

Entrar en el Masai Mara en avioneta: por la puerta grande

No me imagino mejor entrada para los dos días en Masai Mara que el acceso en avioneta. Después de un corto vuelo partiendo de un paisaje muy verde y cultivado, y sobrevolando bosques y miles de hectáreas cultivadas, una especie de olla gigante de color ocre se abre ante nuestras narices.

Yo iba sentada junto al piloto sudafricano que se gana la vida así, llevando y trayendo a grupos de guiris. No se parece a Robert Redford, pero en mi cabeza sonaba la banda sonora de Memorias de África a todo volumen.

Unos minutos después, la avioneta ascendió ligeramente y ante nosotros se desplegó la «llanura infinita». Las paredes del Rift marcaban el límite con las zonas de cultivo y, de pronto, apareció el espectáculo: miles de ñúes y cebras pastando bajo nuestros pies.

Difícil entender lo que estás viendo en ese momento. Emocionante, desde luego.

Tenemos que acostumbrar la vista rápido y entonces también distinguimos jirafas, cebras y búfalos entre la hierba amarilla. Las fotos no son buenas. Hechas a través de la ventanilla de la avioneta que traquetea. Ventanilla tintada de color azul… se hace lo que se puede, pero servirán para revivirlo.

Consejos prácticos para organizar tu safari en Masai Mara

Si estás planificando tu ruta por libre o quieres llevar ciertas actividades organizadas antes de aterrizar en Kenia, aquí tienes algunas opciones muy recomendables para asegurar plaza y evitar sorpresas de última hora:

Un apunte: las experiencias de lujo se pueden llevar a todos los extremos que quieras, con mucho dinero por delante. Pero francamente, delante del león todos somos iguales. Y de la jirafa, los ñúes, o las cebras. En el Masai Mara todos padecemos la lluvia y el calor, que por cierto no es para nada intenso en los meses de julio y agosto.

Es cierto que no es lo mismo ir solo en un coche, moviéndote lo que quieras, ni con un superteleobjetivo o prismáticos de primera. Ni ver el amanecer montado en globo. Pero de verdad, para mí es suficiente lujo ver lo que he visto, como lo he visto.

Tu salud en la sabana: Seguro de viaje e imprevistos

Aterrizamos en una pista de tierra improvisada en medio de la nada. A cien metros había gacelas y, a lo lejos, una jirafa. Ahí, sin vallas ni nada.

Nos esperaban nuestros guías masais vestidos con sus mantas rojas (shúkàs), sus pulseras y sus relojes digitales. La imagen es extraña. Las sensaciones también. Estoy pisando Masai Mara ¡no es para menos!

Eran las tres de la tarde, aún no había comido y llevaba todo el día batallando con una molesta diarrea de viajero 😅. Curiosamente, la emoción y la adrenalina de pisar el Masai Mara me curaron el cuerpo al instante.

Sin embargo, los contratiempos digestivos, las torceduras al bajar del todoterreno o los retrasos en los vuelos internos son habituales en destinos como Kenia. Por eso viajar con un buen seguro de viaje no es opcional, es imprescindible.

Picnic junto al Río Mara y los primeros rastros de fauna

Sin perder un minuto, nos acercamos al Río Mara para tomarnos el lunch box. Seguíamos en mitad del campo, sin vallas ni protecciones. En la orilla tomaban el sol enormes cocodrilos y algún hipopótamo resoplaba en el agua. ¡Jamás habría imaginado comer de picnic con semejante panorama!

El hormigueo en el estómago está ahí mientras comes el «lunch box» agachada, junto al río. Los masai están más o menos atentos, y en todo caso tranquilos. Ellos son los que saben, me digo, pero no puedes evitar pensar que quizá un gato salvaje, llámese león, leona o guepardo, puede aparecer a toda velocidad y hacer lo que quiera contigo o los que te acompañan.

Tras el picnic y tras usar «el arbusto» como baño improvisado (una vez que subes al 4×4, ya no se vuelve a poner un pie en tierra hasta llegar al campamento), empezó el verdadero safari.

Aquel verano fue seco y las lluvias venían con retraso, por lo que la Gran Migración apenas estaba comenzando. Una prueba más de cómo el cambio climático altera los ciclos naturales.


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Momentos inolvidables en la sabana

El paisaje del Masai Mara se me antoja más limpio y minimalista que el del Serengueti: acacias solitarias, horizontes limpios y animales recortándose en la luz del atardecer.

  • Los grandes mamíferos: Familias de elefantes rascándose en los troncos, alcéfalos vigías subidos a termiteros para detectar depredadores, jirafas majestuosas caminado a paso lento y rebaños de ñúes y cebras que se contaban por miles.
  • Aves fascinantes: Tuvimos la suerte de ver al curioso pájaro Secretario (que parece llevar un tocado de plumas como si fuera a las carreras de Ascot) y al Jaribú africano, una cigüeña de pico coloreado en amarillo y rojo fluorescente.
  • Los reyes de la sabana: Masai Mara nos regaló encuentros felinos brutales. Leonas desperezándose en semicírculo para organizar la caza, leones machos de melena imponente descansando bajo el sol de la mañana a metros de nuestro vehículo y una leona guardando a sus cachorros en una cueva subterránea antes de ir a cazar.

Las leonas, leones y cachorrillos

Quiero pararme en algunos de los muchos «momentazos» que puedes experimentar en el Masai Mara.

¿Recuerdas cuando te contaba que el Serengueti es conocido como «el parque de los felinos»? Pues Masai Mara no le anda a la zaga. O es que están más concentrados en menos terreno.

Cada encuentro con ellos es inolvidable. Su belleza, el respeto que te sale del estómago viéndoles ahí, a escasos metros de ti.

Aquél grupo de leonas, alguna embarazada. Van levantándose y desperezándose una a una para colocarse en semicírculo, dispuestas para la caza al anochecer. Otras retozan patas arriba sobre la hierba. Perfectamente sincronizadas, como si hicieran gimnasia acuática.

El león macho entre los arbustos, que se levanta y pasa entre los coches que le rodean, sí, pero a una distancia mucho más respetuosa que en el caso de las leonas. Y se sienta con la luz del sol temprano dándole en la cara. Tú en el vehículo abierto, de escasa altura, haciendo fotos, vídeo, y contemplándole a placer. Con la impresión en el cuerpo.

En otro momento estás ante dos leonas bajo una acacia. Tú a tres metros de ellas, echándote para atrás instintivamente. Buscando tranquilidad unos centímetros más adentro del todoterreno. Afortunadamente están a lo suyo. Dormitando, lamiéndose…

Tampoco olvidaré a aquélla leona con sus dos crías, que dejó pensamos que abandonadas mientras ella cruzaba de un salto un riachuelo para irse a… ¿cazar? Las crías se metieron en una madriguera, bajo tierra, después de observar curiosas los bultos que somos nosotros. Obedientes, adorables.

Los cadáveres del Masai Mara y las búsquedas

En los dos días en Masai Mara vimos muchos esqueletos. Esqueletos en la hierba, en el barro. Abundan los de ñu, cebra y gacela. Son los desperdicios de las batallas nocturnas, quizá alguna diurna.

La búsqueda del rinoceronte, tras encontrar unas huellas. No hubo suerte tampoco. Hay poquísimos. Pero fue genial mantener la tensión, aguzar la vista, barrer todo a tu alrededor para intentar encontrarlo. Y por el camino esa familia de búfalos preciosos, la cigüeña más colorida que has visto en la vida, más leones, más ñúes, un rebaño de Elands…

Las luces del Masai Mara

Masai Mara es un no parar. Es maravilloso. Con lluvia, con sol. Con más o menos luz. Antes y después de la tormenta, durante. Los arco iris. Los amaneceres y atardeceres. Dos días en Masai Mara también te aseguran todo esto.

Hubo pocos momentos sin una luz especial, aunque siempre fue un reto capturar la atmósfera, luchar contra la escasez de luz, así que prepárate para vivirlo.

La ética en los safaris y la huella humana

En Masai Mara no todo es idílico y creo que es importante contarlo. A diferencia de Tanzania, aquí los vehículos se salen con frecuencia de las pistas para acorralar fauna (aunque me encantaría saber si esto ha cambiado con los años).

Presenciamos escenas lamentables de decenas de todoterrenos acosando a un leopardo que intentaba comer tranquilo en un árbol. Elegimos no participar en esa vorágine.

No te pierdas mi post sobre consejos para hacer un safari, basados en mi experiencia en distintos países como Namibia, Botswana, Angola, Kenia y Tanzania.

De vez en cuando, sobre todo por la mañana y al atardecer, nos cruzamos con grandes rebaños de vacas y masais pastoreándolas. Pastorear en este Parque Nacional está prohibido. Las vacas, además de comerse el pasto, dejan un rastro inconfundible de tierra removida. Son rastros muy anchos y kilométricos. También se exponen a que se las coma un león o guepardo, siendo la presa más facilona de la sabana, y todo esto rompe la cadena biológica más natural, más pura.

Pero los masai se tienen que ganar la vida y además siguen sintiendo que esta es su tierra, aunque les obligaran a dejarla hace ya bastantes décadas. Así que ahí están, haciendo uso de ellas y aportando otra visión rara al paisaje porque alrededor anda la fauna salvaje. Pero a la vez, es una imagen propia del lugar.

Lo que seguro te estás preguntando sobre Masai Mara

Aunque el parque se puede visitar todo el año gracias a su alta densidad de fauna residente, los meses entre julio y octubre son los mejores si quieres presenciar el espectáculo de la Gran Migración y el famoso cruce del Río Mara por parte de los ñúes y cebras.

Para entrar en Kenia es obligatoria la vacuna de la Fiebre Amarilla si procedes de un país endémico (o has hecho escala de más de 12 horas en uno). Además, es muy recomendable acudir a un Centro de Vacunación Internacional para evaluar la profilaxis contra la Malaria y revisar vacunas como Tétanos, Hepatitis A y Fiebre Tifoidea.

Aunque dos días en Masai Mara cunden muchísimo y te permiten ver a los «Cinco Grandes», lo ideal para disfrutar del parque sin prisas y aumentar las probabilidades de ver escenas complejas de caza es dedicarle 3 o 4 días enteros.

Tienes dos opciones principales: por carretera (en un trayecto de unas 5 a 6 horas en 4×4 o furgoneta adaptada) o en vuelo interno/avioneta desde el aeropuerto de Wilson en Nairobi hasta alguna de las pistas de aterrizaje (airstrips) del parque (aproximadamente 45 minutos de vuelo).

Poco más puedo decir de una estancia de dos días en Masai Mara, salvo que ojalá hubieran sido cuatro días, y ojalá hubiera podido ver a los ñúes cruzando el río Mara, tantas veces soñado. Quizá vuelva. Si este relato no ha sido suficiente para imaginártelo, aquí tienes un pequeño vídeo de dos minutos, aunque nunca será comparable con ir y verlo en persona…

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