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Dos días en el Lago Victoria, un mar interior con nombre de reina

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LAGO VICTORIA

Llegamos al Lago Victoria, en su lado keniano. Un mar interior con nombre de reina. Como muchos accidentes geográficos, sean montañas, ríos o lagos, en África muchas cosas llevan nombre de reina. Victoria sobre todo, también alguna Isabel. Las reinas de Inglaterra. Suena a lugar idílico, misterioso, grande, mítico. Pero el Lago Victoria es mucho más…  

El Lago Victoria es el segundo lago de agua dulce más grande del mundo, sólo por detrás del Lago Superior de Norteamérica

70.000 kilómetros cuadrados de lago bañan las orillas de hasta tres países. Uganda, Tanzania y el tramo más pequeño, Kenia. Recibe el 80% de su caudal directamente de la lluvia, y su única salida es el río Nilo.

Fueron los árabes quienes registraron por escrito y con un mapa bastante exacto la existencia de este mar interior, en el siglo XII. Era cuando sólo ellos conocían las rutas interiores para traficar con oro, marfil y esclavos.

En el siglo XIX, los europeos pusieron allí sus pies en una carrera competitiva tan típica como vergonzante. Todos querían ser los descubridores de las fuentes del Nilo. John Hanning Speke fue el primero. Sin embargo, Sir Richard Burton puso en duda su descubrimiento, lo que ocasionó que otros fueran a confirmar lo que decía Speke. El famoso Livingstone lo intentó, pero acabó en el río Congo. Entonces fue Stanley y lo confirmó, además de encontrar en las últimas al anterior…

Lago Victoria

Hasta aquí un resumen de por qué este nombre nos suena a lugar mítico. Para más información consultad la Wikipedia o mucho mejor, libros de viajes que hablan del tema. Yo os voy a contar mi experiencia por allí 😉

Después de cruzar la frontera desde Tanzania, sorprendentemente bastante eficaz porque sólo nos llevó 90 minutos, pisamos Kenia por primera vez.

Veníamos de las llanuras del Serengueti. De un paisaje más bien seco, y salvaje. Y como si de una ilusión óptica se tratase, este cambió a un entorno verde, montañoso, y que en muchos tramos nos recuerda a la bonita Asturias. Así, sin paliativos. Incluso con sus árboles de eucaliptos, huertos de maíz, y vacas.

LAGO VICTORIA campos de cultivo

También se ve mucha más gente, mucho más mercadeo, más género en las tiendas. Las casas y los coches tienen mejor pinta. Kenia tiene más nivel económico, no se puede negar.

Lago Victoria

LAGO VICTORIA

Campos de papiros anuncian el Lago Victoria

Acercándonos al Lago Victoria, nos encontramos con gente ocupando la carretera, gritando consignas.

Algún machete alzado. Sonrisas, risas, voces altas seguidas de pequeñas escaramuzas o gestos violentos.

Con qué facilidad pasan de la euforia feliz, a la rabia. De 0 a 100.

En unos días hay elecciones generales en Kenia y un candidato de la etnia Luo tiene posibilidades de ganar. Representa el cambio, y sobre todo una luz de esperanza para este pueblo que habita en el Lago Victoria. Por ser díscolo con respecto al gobierno de los Kikuyus, no se beneficia de nada. Los ánimos están calentitos, pues se temen que vaya a haber pucherazo en las urnas. Nos cuentan que los Luo son un pueblo pasional, nada sumiso.

LAGO VICTORIA carteles electorales Kenia

No sabemos qué hacer

¿Respondes a los saludos con la misma alegría?

¿Muestras tu apoyo aunque no tienes ni puñetera idea, pero al menos no les soliviantas en tu contra?

¿O te recoges en tu vehículo y tratas de pasar desapercibido, como las avestruces, aunque sepas que eso es imposible porque los blancos no pasamos desapercibidos en África, nos pongamos como nos pongamos?

Parece que cualquier cosa que hagas no estará bien.

A lo mejor es que no deberíamos estar allí en esos momentos.

Por fin superamos a los encendidos manifestantes y empezamos a divisar el Lago Victoria.

El resultado de las elecciones que se celebraron unos días después, por cierto, dieron el triunfo a los de siempre y hubo enfrentamientos al menos en Nairobi, con muertos. Una vez más.

El Lago Victoria desde dentro: nos vamos a la isla de Takawiri

Junto al puente que une la ciudad de Mbita con la isla de Rusinga, nos subimos a una barca luo. Nos espera un trayecto de hora y media por las aguas del Lago Victoria al atardecer. Llegamos muy justos. Un poco más tarde y el viento y las olas no nos dejarían hacer la travesía.

Lago Victoria

Mientras espero para subir a la barca, fotografío una escena cotidiana: un hombre limpiando el pescado a orillas del Lago Victoria, entre garzas y desperdicios.

LAGO VICTORIA puente rusinga

Parece que estemos en un mar. El horizonte se pierde, no ves costa al otro lado. Sobre todo en dirección a Uganda, cuyas aguas están muy cerca.

Hay olas y muchas aves que parecen marinas. Las barcas de pesca tradicionales, que incluyen una vela, me hacen pensar en los dhows, los barcos que los árabes utilizaban en sus rutas por el Índico. En realidad son más hermanas de las falúas del Nilo.

LAGO VICTORIA barca luo

Los Luo son un pueblo de pescadores.

Se ganan la vida pescando tilapias y percas del Nilo que luego se exportan a Europa. Incluso en una famosa cadena de supermercados española se venden estos pescados. Los Luo, por supuesto, ven muy poco beneficio de todo esto. Hay un documental que lo explica: La pesadilla de Darwin. Se puede ver completo en youtube.

Sus técnicas de pesca son muy artesanales. Aunque practican el “arrastre”, no tiene nada que ver con los grandes buques factoría.

LAGO VICTORIA barquero luo

Takawiri nos recibe con una playa de arena blanca y altísimas palmeras. Parece una ilusión óptica. Una postal del Caribe que algún bromista ha puesto allí, ampliada a tamaño natural. Es la playa del Takawiri Island Resort, con casas que tienen muy buena pinta y un prado al lado con nuestras tiendas de campaña.

LAGO VICTORIA Takawiri island resort

LAGO VICTORIA isla takawiri atardecer

A esas horas nos reciben también grandes nubes de pequeños mosquitos que no pican, pero nos asedian. Son los net-net. Se meten en la nariz, en la boca si la tienes abierta, en las orejas. Te ponen nervioso. Además entre ellos puede haber alguno que sí pica y que incluso puede transmitirte la malaria. No hay que pensar mucho en ello, me digo.

Lago Victoria

Al cabo de un rato, ya instalados, nos llaman. Hay que arrimar el hombro junto a algunos hombres del pueblo para sacar del agua la embarcación que nos ha traído. Nos cuesta un buen rato, y sólo cuando sumamos más de 20 personas lo conseguimos. ¡Cómo pesaba!

LAGO VICTORIA barca con cormoranes

Por fin estoy en un lugar seguro donde hacer fotografía nocturna

Por fin puedo plantar mi trípode y tratar de hacer algunas fotos nocturnas sin miedo a que me ataque un león o una hiena. Hay mucha luz de luna, nubes, y llevo un minitrípode que no me da mucho juego, pero algo sale. Mientras tanto intento disfrutar del silencio, los sonidos de las aves y quién sabe qué más que no logro identificar. Y de las evoluciones de las luciérnagas, que hay muchas!!
Algo me pica en un costado, colándose por debajo de la ropa. A saber.

Lago Victoria

Adoro estos momentos de soledad, en los que me concentro en la tarea de hacer fotos, de esperar pacientemente.

Lago Victoria

Lago Victoria

La isla de los pájaros

Al día siguiente, después de contemplar cómo los Luo salen a pescar en sus barcas largas y coloridas, cómo el ferry entre Mbita y la cercana isla Mfangano hace su ruta, y a los pájaros que pueblan los árboles a nuestro alrededor, nos embarcamos de nuevo.

Lago Victoria

LAGO VICTORIA cormoranes

Lago Victoria

Lago Victoria

Jóvenes ayudantes empujan nuestra barca a la hora de salir

Nuestro destino es la isla de los pájaros. 

LAGO VICTORIA cormoranes

Se trata de un par de islotes que están protegidos porque allí habitan cientos de aves de varias clases y el lagarto monitor, un reptil enorme.

Lago Victoria lagarto monitor

Cormoranes africanos, Ibis sagrados iguales a los que se pueden ver en los grabados y pinturas del Antiguo Egipto, águilas pescadoras africanas, pájaros martillo, milanos, gansos del Nilo, garcetas…

Lago Victoria pájaro martillo

Lago Victoria garcetas

LAGO VICTORIA ibis sagrado

LAGO VICTORIA isla de los pájaros

Rodeamos la isla con la barca y con calma. No está permitido bajarse, aunque sorprendemos a dos o tres Luo preparando las redes para pescar, algo que está prohibido en ese punto.

LAGO VICTORIA gansos del NiloLAGO VICTORIA ibis sagrados sobre roca

Visita a los Luo

Llega la hora de volver a Takawiri, haciendo una parada en uno de los dos o tres pueblos que tiene esta pequeña isla.

LAGO VICTORIA casas luo

Sus casas de chapa te dan una idea de su nivel económico. Algunas están pintadas de colores, dignificando así el pobre material. Otras empiezan a ser comidas por la herrumbre.

LAGO VICTORIA lonja de takawiri

Lago Victoria

Compramos un par de enormes tilapias para comer, nada más bajar a puerto. Allí donde se debe subastar el pescado todas las mañanas. Hay algunos hombres jugando a un juego que no conozco, y muchos niños esperando a los mzungu, los blancos. Acaban de empezar sus vacaciones escolares.

 

Lago Victoria hombre

Entre miradas, sonrisas, pequeños juegos y peticiones de propinas (pi-pi) a las que no hago caso, empezamos a cruzar el pueblo.

Por cierto, los adultos están en contra de que los niños se acostumbren a recibir regalitos, sea lo que sea, de los guiris. No lo hagáis, por mucho que sean irresistibles los mimos de los más pequeños. Aunque os pidan una triste pulsera o goma del pelo. No. Como niños que son, son caprichosos y piden a los adultos. Igual que entendemos que a nuestros niños no hay que darles todo lo que pidan, lo mismo allí. Y con más razón porque sus padres no pueden competir.

Lago Victoria

Intento saludar con mi mejor sonrisa a las mujeres con las que me cruzo. Unas jóvenes que están dentro de su casa con la puerta abierta, supongo que en la corriente de aire, me piden que les haga una foto y después me lo agradecen, sin más.

Lago Victoria

Lago Victoria

LAGO VICTORIA calles de takawiri

Los niños nos cogen de la mano.

Una preciosidad diminuta sale de un callejón y… os lo he contado en la sección Gentes de África de este blog.

Lago Victoria niño

Lago Victoria niña

Ya fuera del pueblo un compañero y yo nos paramos a hablar con un pescador que está sentado a la sombra. Nos explica, con dibujos en la arena, cómo es la pesca de arrastre desde la orilla.

Lago Victoria

Unos metros más adelante están secando pescaditos pequeños al sol, y poco más allá sacando una red. Algunos de mis compañeros les ayudan. Tardan bastante rato y al final no sale más que una tilapia medianita. Así es la vida allí. Mucho tiempo para, a veces, nada. Otras, espero, el lago les recompense como es debido…

LAGO VICTORIA secando pescado

Secando los pescaditos

LAGO VICTORIA redes de pesca

Los pesos para que la red se quede bien hundida son piedras

LAGO VICTORIA niñas y barca

LAGO VICTORIA sacando la red

Cerramos la mañana con un baño en el Lago Victoria antes de comer. Sí, allí hay corrientes y por tanto no hay peligro de billharzia. 

Bañarte en el Lago Victoria, en ese lugar mítico, es otra cosa para recordar.

Rusinga, la isla que ya no lo es, y su orfanato

Otro trayecto largo por las aguas del Lago Victoria y ya estamos en Rusinga, la isla que ha dejado de serlo gracias a un enorme puente que la comunica con el continente.

LAGO VICTORIA puente mbita

Decidimos visitar un orfanato que hay cerca.

Esta es la iniciativa de una mujer del lugar, que un buen día decidió que debía hacer algo por su comunidad.

Ella se encarga, junto a varias voluntarias, de acoger a los huérfanos y también asistir a niños de familias con muy muy pocos recursos. Allí reciben clases y comida hasta la edad de 15 años. La mortalidad aquí es muy alta especialmente por el SIDA, amén de la pobreza y todo lo que lleva consigo. Con ella viven entre 10 y 15 niños. El resto va y viene de su casa. Algunos han llegado a la universidad.

LAGO VICTORIA orfanato rusinga

Gracias a las donaciones de particulares, por ejemplo de grupos de turistas como nosotros, ha ido levantando varios edificios de chapa acondicionados para dar clases. Poco a poco van teniendo pupitres, pizarras y algo de material escolar. También un depósito de agua filtrada, para evitar enfermedades. Toda ayuda es bienvenida para los ahora 185 niños.

Lago Victoria orfanato de Rusinga

Nos reciben todos en el patio o jardín. Todos acicalados para la ocasión. De todas las edades, con mucho entusiasmo, se aplican durante media hora o más en sus canciones y bailes. Cuando nos vamos, todos se lanzan a darnos la mano y nos rodean durante un buen rato. Me emociono.

Lago Victoria

Lago Victoria

Si vas algún día por Rusinga, no dejes de preguntar por este lugar e ir a visitarles. Hagas o no una donación (yo sí la hice, pero por supuesto no es obligatorio), seguro que lo agradecen. Saber que la gente les dedica algo de su tiempo, atención y escucha, ya es importante.

El sol se pone y nos tenemos que ir de vuelta al campamento, junto al Rusinga Island Lodge, donde robo algo de wifi por la noche y me tomo una cerveza con los compañeros.

Un rato antes estaba con esos chavales que luchan por un futuro mejor. No voy a negar lo evidente. Siempre te queda un poso de resquemor contigo misma. De sentir que en el fondo eres una miserable porque participas del más que injusto reparto de las cosas. Son actos tan “tontos” para nosotros como tomarte una cerveza y conectarte con tu mundo de abundancia. Allí al lado están tan contentos porque les has dado 10, 20 o 30 euros de donativo.

Lago Victoria atardecer

Y hasta aquí lo que pueden dar de sí un par de días en el Lago Victoria…

Un lugar único, mítico, simbólico, y lleno de realidades que poco se parecen a todos estos adjetivos.

Ojalá los Luo encuentren un día el cambio, a ser posible sin que sea a costa de otros. Y ojalá ese orfanato pierda su sentido, aunque lo veo poco probable.

Hubiera dedicado más tiempo a conversar con ellos, mucho más.

Termino con una cita que he leído hace muy poco:

¿Cómo?

O sea, yo: ¿qué es lo que hace que esta noche pueda volver del campo de batalla y meterme en la ducha y cambiarme y perfumarme y pedir en el restaurante del hotel una cena gozosa y si acaso una botella de buen vino? ¿Qué es lo que hace que pueda hacerlo todas las demás noches?

¿La evidencia de que no hacerlo no va a solucionar nada de sus vidas y mientras tanto la mía sigue ahí? ¿La capacidad para dejar en el perchero eso…?

-El hambre- Martín Caparrós.


 

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