cultura en islandia

Islandia es un tierra realmente alucinante. Sus paisajes, muchas veces, no parecen de este mundo. Si además te acercas un poco a la cultura islandesa, tu viaje será más que completo. De eso te voy a hablar aquí, en realidad de ambas cosas, porque el mismo día en que visité una granja islandesa, acabé andando por el hielo. Así como lo oyes 🙂

La granja islandesa, parte de la cultura moderna de este pequeño país

Primer objetivo: conocer a la exclusiva raza de caballos islandeses

Viajando hacia la costa sur, visitamos la granja de Fridheimar con la intención de conocer a los famosos caballos islandeses. Su peculiaridad es que es una de las razas más puras del planeta, y más longevas.

Caballos que descienden directamente de los que trajeron los vikingos que arribaron y se establecieron aquí.

Aquellos colonos vikingos escogieron los caballos más robustos y fuertes, capaces de aguantar una navegación por el Atlántico Norte (y en los barcos de entonces!)… Y nunca ha entrado otra raza, ni se ha cruzado con otros caballos.

Hoy en día los caballos que salen de gira fuera de Islandia, ya no vuelven, no pueden volver. 

caballos tipo pony típicos cultura islandesa

No entiendo bien por qué el ser humano se empeña en alabar las razas puras y en decir (aunque sea sin decirlo abiertamente) que las mezclas son peores. Creo firmemente que no es así, o que no tiene por qué ser así. En fin, no me voy a liar. A mí no me emociona demasiado este celo por asegurar que una raza caballuna no se “contamine” de otras. En cambio, me da pena que esos caballitos que son trasladados fuera de su país ya  no puedan volver.

He de reconocer que esta visita no me emocionó. Prefiero ver a los caballos pastar en los prados, como los veía desde el vehículo. Por cierto, en Mayo aún no se ven muchos porque todavía hace frío. Lo mismo ocurre con las características ovejas que por lo visto llenan los campos del sur.

Siguiente objetivo: el ingenio de los invernaderos islandeses

En esta misma granja tenían también unos invernaderos alimentados con climatización geotérmica. Allí cultivan tomates, pepinos y otras hortalizas y frutas.

instalación geotérmica con grandes tubos de metal y manómetros que regulan el calor del invernadero

Esto sí me gustó, de hecho me encantó!!. Todo el cultivo es orgánico. Se poliniza con unas abejas que importan de Holanda, la cantidad de tierra utilizada para las plantas es ínfima, y el riego y la temperatura provienen de las entrañas de la tierra.

La climatización geotérmica consiste en un sistema de calefacción que canaliza directamente el agua que bulle en el interior de la tierra. Se regula con termostatos. El agua fría proviene de manantiales y no hay necesidad de tratarla, como el agua del grifo que se bebe allí.

interior de invernadero lleno de plantas de tomates

Circulando por la carretera principal podréis ver invernaderos como éstos de vez en cuando, iluminados desde dentro. No tienen pérdida, así que lo recomiendo!

Skálholt, un lugar importante para la cultura islandesa

Pensando en la historia y cultura islandesas, paramos en Skálholt, un lugar de especial importancia espiritual desde la Edad Media.

Ha sido una de las dos sedes episcopales de la isla, y aquí se fundó también la primera escuela de Islandia.

Este es uno de esos lugares simbólicos de los que me gustan. Y este es un buen momento para recordar que Islandia es un país con un 99% de alfabetización, donde el hábito de la lectura está extendidísimo, y también el de la escritura.

Dicen que en Islandia, quien más, quien menos, ha escrito un libro.

iglesia de madera blanca junto a casa tradicional islandesa cubierta de hierba

En 1075, Adan de Bremen la describió como la mayor ciudad de Islandia.
Cómo no, el viento y la nieve arreciaron a nuestra llegada, pero aun así me di una vuelta por allí y descubrí el solitario cementerio que hay en la parte trasera de la iglesia, sencillo y frugal… ¿como la vida en la isla?

dos cruces una blanca y otra negra en cementerio cultura islandesa

El hotel Hekla, una gran elección en tu viaje a Islandia

Un hotel en medio de la naturaleza y que te voy a recomendar si llevas presupuesto para hoteles, claro, es este.

hotel hekla hecho de madera con dos pisos cultura islandesa

Fue elegido precisamente por esto, por estar en plena naturaleza, recordando que teníamos por objetivo ver el máximo número de auroras boreales, ji, ji…

farolillo frente a la ventana frente al campo islandés

Confortable, calentito, y con una cocina riquísima. Por cierto, uno de los cocineros era un chico polaco muy simpático que en cuanto tuvo ocasión salió a charlar con nosotros. Resulta que había vivido en España un par de años y le encanta hablar español.

El hotel cuenta con una bañera con hidromasaje en el jardín, al aire libre. Este es otro rasgo de la cultura islandesa: disfrutan de sus aguas termales en cuanto tienen ocasión. Si te gustan los spas has llegado a tu paraíso!

paisaje de invierno con árboles sin hojas y hierba congelada cultura islandesa

Esa noche vi una aurora boreal y no me di cuenta… hasta la vuelta

El caso es que el día fue oscureciendo y las nubes no se iban. De hecho, en las previsiones meteorológicas éste era el punto con más nubes de toda la isla.

Aun así, cuando ya nos acostábamos miré por la ventana. Me pareció que entre las nubes había una aurora. Cambió de forma en poco tiempo, y decidí hacer unas fotos rápidas, desde la ventana, apoyando la cámara en el alféizar. En la pantalla no aprecié ningún rastro de verde así que me metí en la cama riéndome de mi pequeña obsesión por las auroras.

Pero ay! yo estaba en lo cierto. Al volver y descargar las fotos en el ordenador, pude ver que era una aurora boreal que incluso se veía a través de ése cielo cubierto. Cómo hubiera sido de haber despejado!!

Esto me reafirma en la idea de que hay que entrenar el ojo para ver auroras, aunque supongo que las habrá más evidentes, en noches más oscuras. El sueño sigue vivo.

parque junto al hotel con cielo nublado donde se aprecia color verdoso de aurora boreal

En las cercanías del volcán Eyjafjallajökull

Avanzando por la carretera hacia la costa sur, a la izquierda íbamos dejando toda una cadena montañosa que forma una barrera natural. Aquí están la mayor parte de los puertos de pesca de la isla, y de campos de cultivo.

En el horizonte, semioculto por las nubes, el famoso Eyjafjallajökull. Venga, léelo en voz alta!! creo que conseguí decirlo bien una vez. Lo que se veía más claramente eran los grandes glaciares que bajan de sus laderas. 
Una granja al pie de ellos fue testigo de excepción de la famosa erupción que bloqueó los espacios aéreos de buena parte de Europa durante varias semanas. Precisamente aquí se alojó buena parte de los periodistas que acudieron a cubrir la noticia.

granja con volcanes nevados y grandes nubes negras encima cultura islandesa

Es una zona majestuosa, donde la naturaleza se presenta imponente, a un tamaño de gigantes.

gran montaña con forma de cuña y prado verde con granja a sus pies


Es como si nos hubiésemos colado en los cuentos de Gulliver, y nosotros fuéramos los liliputienses. 


Paseando por el glaciar Sólheimajökull

Unos kilómetros más adelante, hacia el este, hay otro glaciar: Sólheimajökull. Era nuestro destino. ¡¡Íbamos a caminar sobre el hielo!!!

Si te fijas, todos los glaciares terminan en jökull. Ésta es la palabra “glaciar” en islandés.

Por supuesto, no íbamos a hacerlo solos y a nuestro libre albedrío, que los glaciares no son broma.

Hay varias empresas que organizan excursiones con guías de montaña. Incluyen el material necesario: crampones y piolets.

montañas alrededor del glaciar islandés

Yo tenía muchas expectativas positivas. Hace ya una pila de años que no pisaba un glaciar, aunque he visto otros más o menos de cerca.

grandes rocas pulidas de color negro con el glaciar detrás

En su día, los sonidos del glaciar (chasquidos, piedras que salen rodando solas, murmullos de agua) me fascinaron y me dejaron una idea clara: los glaciares están vivos y en constante movimiento. 

paisaje del glaciar blanco y negro por la ceniza del volcán

Esperaba encontrar eso aquí, pero no lo percibí. Quizá fuera la pertinaz lluvia que caía sobre nosotros y ahogaba los sonidos, el viento, o que no todos los glaciares son iguales.
Pero no voy a desmerecer la experiencia, ni mucho menos!! Andar con crampones y piolet es fácil y a la vez, si te descuidas, te puedes pegar una buena costalada. O algo peor: clavarte el piolet si no lo llevas bien orientado, o los picos del crampón.

De hecho, yo me relajé demasiado y me caí, aunque no me hice nada y afortunadamente los guías no me vieron, ji, ji.

paisaje volcánico desde lo alto del glaciar

Está claro que estás en un medio hostil, y que lo que parece suelo firme puede ser una grieta traicionera. 

capas de hielo en el glaciar de islandia

Pero también estás en un lugar bello, muy bello. El hielo y sus formas, la nieve y las piedras que han caído sobre él, el azul turquesa que emana del fondo. Ni la fastidiosa lluvia me estropearían ése recuerdo, aunque la mayoría de las fotos sí.
Pura poesía. Con ella te dejo 🙂

un hombre haciendo fotos en el glaciar cultura islandesa

dos hombres bajo un gran arco de hielo de color azul


 

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