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Vivir en las Islas Galápagos no es fácil pero tampoco está tan mal

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vivir en las islas galápagos

Trece islas grandes conforman este archipiélago que durante varios siglos resultó ser una incógnita, y antes, invisibles. Nunca fue fácil vivir en las Islas Galápagos, pues se trata de un terreno muy árido, labrado por volcanes. Pero si pensamos en la corta vida humana, podríamos afirmar que este es el mejor momento… 

De las treces islas grandes, pues hay que descontar los peñascos aislados, sólo cinco están habitadas.

Santa Cruz es la isla donde se concentra la mitad de la población galapaguina.

San Cristóbal es la segunda en cantidad de gente.

La isla Isabela es la tercera, pese a ser la isla más grande en extensión.

Floreana y Baltra son las restantes islas con población humana.

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Vivir en las Islas Galápagos es una cuestión de equilibrio

Hoy en día, siendo la mayor parte del territorio Parque Natural y estando “todos” muy concienciados con la Naturaleza que hay que cuidar, sencillamente para que no se pierda, vivir allí sí, es una cuestión de equilibrio.

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Por eso la mayoría de las personas con las que hablamos nos cuentan que antes eran pescadores, y ahora se dedican a llevar turistas con sus barcas. O nos dicen que todo está muy muy regulado. La ganadería, la posibilidad de tener mascotas (perros, gatos), cualquier comercio. Todo ha de pasar por la aprobación del Parque Nacional.

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Fausto, capitán de barco, tiene un taxi-barco en Santa Cruz que lleva con su hijo

No siempre fue así, claro, si miramos en los libros…

Pequeña historia de la presencia humana en Galápagos

Hace un tiempo los arqueólogos encontraron en varias islas restos de cerámica antigua, muy antigua. Se daba así cuerpo a la leyenda que cuenta que aventureros precolombinos llegaron a las costas de Galápagos en grandes balsas. Impulsados por el viento, arrastrados por corrientes marinas.

¿Conseguirían volver aquéllos navegantes involuntarios a su casa? ¿Sobrevivirían en las duras condiciones de unas islas que aún expulsaban humo y fuego de sus entrañas?

En el siglo XV…

Fray Tomás de Berlanga, natural de Soria, escribió a los reyes de España. Daba cuenta del hallazgo casual de unas islas llenas de lobos marinos, tortugas e iguanas. Él fue el responsable de que las islas se llamen Galápagos.

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En el siglo XVII…

Los piratas campaban por allí en lo que sería un refugio perfecto para descansar de sus correrías y repartirse las riquezas robadas. Todo esto lo contaba en sus crónicas uno de ellos, William Ambrose Cowley.

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En el siglo XIX…

Los balleneros tomaron el testigo a los bucaneros. Se inició la explotación de tortugas gigantes, de las que se apreciaba su carne y el aceite extraído de su grasa. También se cazaban ballenas, cómo no, y lobos (marinos) de dos pelos.

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También llegaron los colonos por esas fechas, incluyendo un buen puñado de noruegos. No me imagino a todos esos rubios bajo el sol tropical, pero así fue. Familias pioneras que intentaban alcanzar la riqueza o simplemente encontrar un lugar mejor donde vivir. Con ellos vinieron animales extraños como los caballos, el ganado, los perros y los gatos.

Sin embargo, muchas de las industrias que iniciaron allí, fracasaron. Es el caso de la fábrica de azúcar que en 1891 abrió un tal Manuel J. Cobos. Se trajo a un puñado de presos del continente para que trabajaran, pero 13 años después se sublevaron y lo mataron. Su hijo intentó continuar con el negocio. No tuvo éxito. Ahí quedaron los restos. La factoría se llamaba El Progreso. Nombre que resultó ser una gran ironía.

Vivir en las islas Galápagos nunca fue fácil.

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En la primera mitad de ese siglo fue cuando Charles Darwin, a bordo del Beagle, visitó las islas durante varias semanas. Él viajaba como geólogo, pero no dejó de observar el resto de elementos naturales.

Tomó nota, diseccionó y disecó un montón de especies diferentes, y se las trajo a su Inglaterra natal como el muchacho entusiasta que era entonces.

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Fue después, en frío, cuando desarrolló su teoría… y mucho después cuando la publicó, urgido por una posible competencia que amenazaba con quitarle la originalidad de la misma. Todo mucho más mundano de lo que pensamos, pues.

El caso es que por esa época ya se había instalado el desequilibrio natural en las islas. Toda la vida de Galápagos corría serio peligro de extinción gracias al ser humano.

El hoy, el ahora, en Las Galápagos

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Si quieres abrir un negocio en las islas Galápagos, búscate un socio de allí. Lo dicen las leyes. Después de unas décadas en las que sus habitantes corrían el riesgo de verse apartados de una vida digna, decidieron protegerles. Como al territorio.

El turismo ha capitalizado la mayor parte de las actividades con ánimo de lucro. ¿Es un intercambio “justo”? No lo sabemos aún, pero a medida que el Parque Nacional se hacía realidad, las cuotas y permisos de pesca se fueron reduciendo. Lo mismo ocurrió con las explotaciones ganaderas y agrícolas. Se necesitaba una salida.

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En el interior de la isla de Santa Cruz está el pueblo de Santa Rosa, donde viven 800 personas que se dedican a estos menesteres. Nos contó Rafael que las granjas son monográficas, por decirlo de alguna manera. Las de vacas, sólo tienen vacas. Las de gallinas, sólo gallinas. No hay cerdos.

Los árboles de guayaba colonizaron irremediablemente buena parte de Santa Cruz y de Isabela, cargándose otras especies endémicas.

Fue necesario controlar la población de cabras y perros salvajes, que crecieron descontroladamente después de que los antiguos colonos abandonaran sus asentamientos.

Siguen siendo muchos los retos a los que debe enfrentarse el paraíso. Volver a encontrar el equilibrio de antaño, o sencillamente parar la destrucción, es una tarea de gigantes.

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En Galápagos la gente camina a paso tranquilo, y es de pronta sonrisa

A lo mejor es el clima.

O puede que tenga que ver con que en una isla tiene poco sentido correr, pues el horizonte es finito.

Puede ser que les guste recibir a los “pasajeritos”, como llaman a los turistas, y así no sentirse tan aislados del resto del mundo.

El caso es que si quieres conversación, la encontrarás. Te preguntarán por qué viajas sola, si estás casada y tienes hijos, en qué trabajas, cuál es tu itinerario en las islas, por qué decidiste ir allí. Y a nada que preguntes te contarán su historia. Suele merecer la pena, aunque sólo sea por lo bonito que hablan 🙂

En las islas Galápagos no hay cines, sí algún videoclub, y por supuesto televisión que emite noticias, el programa del presidente, y culebrones. Hay alguna cancha de deporte, y algún centro cultural donde hacen teatro amateur. Poco más.

Sólo queda llevar una vida centrada en los quehaceres de cada día, y curiosear en las historias de los pasajeritos además de las de los vecinos.

Queda echarse la siesta si hay tiempo, y un día libre a la semana para la playa y una parrillada con los amigos, o visitar a los familiares de las islas vecinas.

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También queda disfrutar de la naturaleza salvaje, que para eso son vecinos.

Por supuesto, hay que trabajar. En la agencia de excursiones, o en el kiosko que todas las noches planta las mesas y sillas en la calzada, junto a los demás, para atender a los clientes locales y foráneos. Llevando y trayendo pasajeritos de isla en isla, o de playa en playa.

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El plan no es tan malo, sólo diferente al de una gran ciudad, país y continente. Vivir en las Islas Galápagos de manera sencilla, humilde, con las dificultades logísticas que conlleva, nunca fue fácil. Pero a lo mejor no está tan mal.

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La evolución de las Islas Galápagos a través de sus poblaciones

Según íbamos descubriendo una y otra isla, un pensamiento me vino a la mente. Las tres islas con más población (Floreana sería la cuarta y no llegamos a visitarla) muestran diferentes tempos de desarrollo. Su propia Evolución.

Santa Cruz es la isla más desarrollada, la que más gente recibe y donde más recursos hay. Un hospital, varios cajeros automáticos, más hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs. Más farmacias. Más tráfico, incluyendo transporte público (autobuses).

En el pequeño mercado de pescado donde los pelícanos y lobos marinos esperan los despojos al pie de los pescaderos, puedes escuchar algunas de sus conversaciones. Por ejemplo, cómo hablan de que hay no sé qué cursos de pesca que quieren hacer. ¿Nuevas técnicas? puede ser.

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San Cristóbal está unos pasos por detrás de Santa Cruz, o así me lo pareció. Hay un cajero automático, una comisaría de policía, algunos hoteles, restaurantes y tiendas de souvenirs. Bueno, estaba en plenas obras cuando la visité en Abril de 2017. Para Junio ya habían completado un vallado que impide a los lobos marinos subirse a la calzada. Y la pista de tierra que llevaba hacia el Cerro Tijeretas se estaba pavimentando. No sé si la habrán terminado.

Tiene aeropuerto, igual que Santa Cruz, pero el trasiego de pasajeros es mucho menor. Podríamos decir la mitad, a ojo de buen cubero.

En el puerto se acumula algo de basura y suciedad, algunos barcos abandonados… Y en general, la sensación es que está un poco descuidado.

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Isabela es la más joven, apartada y con menos gente. Incluso cobran una entrada para acceder a la isla. Hay algunos restaurantes, no recuerdo haber visto cajeros automáticos ni bancos siquiera. Las tiendas están diseminadas en el pueblo, y casi ninguna está enfocada al lucrativo negocio de los souvenirs.

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¿Acabarán siendo todas iguales?

El caso de isla Isabela

Puerto Villamil es un pueblecito con calles de arena que ya se están pavimentando. Hasta hace una década se tenían que emplear unas ocho horas de viaje en barco desde la isla de Santa Cruz. Eso cambió con las “fibras”, lanchas motoras que recorren la misma distancia en dos horas y media. Cerca del actual muelle aún está el barco que hacía el recorrido antiguo. Inclinado sobre tierra seca. Varado. Comido por la herrumbre.

En el año 2008 Isabela comenzó a recibir turismo. Estamos hablando de menos de una década, en el momento en que escribo este post.

Fue entonces cuando muchas familias de Puerto Villamil, la única población de la isla, empezaron a acondicionar y construir casas para albergar a los forasteros. Otros abrieron restaurantitos, alguna tienda…

Con los hoteles llegaron las necesarias lavadoras, neveras, y otros equipamientos como televisores y aparatos de aire acondicionado. También módems para que los turistas se conecten a internet. Y ellos también, claro. En una década escasa han saltado al vacío (o ruido) tecnológico, a los smartphones omnipresentes. En una isla que no tenía luz eléctrica.

Isla Isabela

Descargando un coche en la Bahía de Isabela

Desde el principio la cuestión de la luz se resolvió con generadores de gasóleo, una tecnología altamente contaminante que nos hace fruncir el ceño cuando nos lo cuentan. Pero justo ahora se está poniendo en marcha un proyecto de energía solar que pretende autoabastecer a la isla de energía limpia. No puedes evitar pensar que ojalá se den la misma prisa que en potenciar el turismo.

Además en estos nueve años Puerto Villamil ha visto cómo la “población” de vehículos crecía. Motocicletas, pick ups y “chivas”, un vehículo abierto por ambos lados que parece de chiste.

Por todo eso, y a pesar de que algunos visitantes pongan cara de disgusto, las calles de Puerto Villamil se están pavimentando.

Ellos dicen que se están asfaltando, pero en realidad han escogido un bonito diseño a base de piedra que a mi me recuerda a las islas griegas.

¿Por qué asfaltar las calles, con lo que mola que sigan siendo de arena? Pues te lo pueden explicar allí. Los vehículos rodados levantan mucho polvo en las calles arenosas, y este se mete en el sistema respiratorio de la gente, especialmente los niños. También se mete en los aparatajes tecnológicos (esas lavadoras, neveras y aires acondicionados que tanto agradeces), y los estropea. La ecuación está clara. Se siente por los románticos, pero si te empeñas en el progreso, lo haces bien o no lo haces.

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No todos los turistas que viajan a Galápagos van a Isabela, afortunadamente. Por eso es posible llegar y sentir en muy poco tiempo que estás conviviendo en un vecindario.

Un lugar que se despereza con el olor a pan y bizcochos recién hechos en las dos o tres panaderías que guardan sus calles, y que cualquiera te indica amablemente. Que en las horas centrales del día parece que se vacía, porque todos huyen del inclemente sol… pero que si buscas ayuda en ese preciso momento del día, siempre habrá alguien sentado en un banco a la sombra que te la preste. Por ejemplo, para hacer una  llamada de teléfono o conseguir agua purificada. Así, por las buenas y por iniciativa propia (suya) al verte despistado.

Cuando llega la tarde, el movimiento sólo es ligeramente superior y casi se concentra en torno a los cuatro bares y restaurantes de la calle principal. A no ser que sea Viernes Santo…

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vivir en las islas galapagos procesión viernes santo

Isabela es ése lugar donde sentir, en definitiva, que vivir en Galápagos no es fácil pero tampoco está tan mal.


 

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  • Francis

    Hola, quisiera saber un poco mas tu punto de vista de vivir ahí tu lo harías? soy de Venezuela pero migre a Ecuador hace mas de tres meses, vivo en Guayaquil pero me ofrecieron trabajo en Galápagos, en Isabela, la paga es mejor que acá, pero me da un poco de miedo, aunque sigo estando igual de sola que aquí, que me aconsejas tu??

    • Alicia Ortego

      Hola Francis: me pides mucha responsabilidad!! Creo que tendrías que sopesar si te gusta mucho la naturaleza o no, si prefieres vivir en una ciudad con todos los servicios a mano, o no. Piensa que Isabela se reduce a un pueblo pequeño donde no hay casi nada. Supongo que la vida allí es muy sencilla, y servicios como el médico están condicionados por coger la fibra y hacer el viaje de dos horas y media, a no ser que sea algo de alta urgencia, que entonces creo que sí envían una lancha o helicóptero. Hay apagones de luz, y todo es mucho más caro que en el continente porque lo tienen que importar. Eso sí, si te apetece estar en un lugar precioso, donde disfrutar de la naturaleza y de una vida sencilla, es una especie de retiro ideal. Depende de tus gustos y preferencias.
      Un abrazo
      Alicia

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