Llegó uno de los momentos más esperados del viaje en Benin. La ceremonia vudú. Curiosidad, intriga, cierto respeto, algo de miedo, no saber qué te vas a encontrar en realidad, cuánto va a durar, cómo es ¿Un show para turistas? ¿Algo auténtico? Yo tenía muchas preguntas y expectación en la cabeza, hormigueo en el estómago y unas ganas tremendas de resolverlo. Aquí te lo cuento.
Cómo y dónde ver una ceremonia vudú
La primera ceremonia vudú que he visto en mi vida, y que es la que cuento aquí, fue en Grand Popó, una ciudad de la costa beninesa. Este no es el único lugar, ya que la religión vudú está muy presente en buena parte de Benin, Togo y la zona oeste de Nigeria. Tierras que comparten etnias y cultura, además de la religión.
Años después volví a viajar a Benin y pude presenciar más ceremonias vudú, además de bailes de máscaras y otras danzas rituales. Puedes leerlo en el post sobre la Ceremonias y máscaras de Benin.
Como la primera, ninguna, esto lo tengo claro. Ahí el factor sorpresa y el misterio juegan a tu favor. Pero en todas las ocasiones hay algo que no debes olvidar: no vas a poder asistir a una ceremonia vudú sin llegar antes a un acuerdo con algún contacto local, que a su vez hable con la comunidad y los sacerdotes.
Hoy en día el turismo se ha normalizado bastante en Benin, y ellos saben que la religión vudú es una de las razones por las que viajamos allí. Pero también saben que hay mucho prejuicio al respecto, y que nosotros lo miramos como algo de películas de terror de Hollywood. Total, que se protegen. Además, en la religión vudú hay una parte de ocultismo que es como una puerta que ni siquiera los locales pueden traspasar.
La «negociación»
Nosotros, al llegar al Auberge de Grand Popó que es donde íbamos a dormir (un sitio chulísimo), nos encontramos con nuestro «fixer» y quedamos en que se iba a enterar de qué opciones había para los días que íbamos a estar allí.
Antes de irse en la moto, nos informa de que hay que pagar. Sería una tarifa por grupo (éramos cinco personas). Si alguien se rajaba, habría que dividir entre menos porque la tarifa no cambiaría. En cualquier caso, nos lo contaría cuando volviera.
Yo seguía dudando de hasta qué punto la ceremonia vudú es un show para turistas o no.
Y seguía imaginando «mi» ceremonia vudú. Dudando de si vería, como en mi imaginación, algún sacrificio, plumas y sangre en el aire. Gente en trance revolcándose por el suelo. Quizá alguna práctica de escarificación. A pesar de llevar casi dos semanas andando por las tierras del vudú, no me desprendía de algunos clichés.
Además, lo de la sangre y las plumas lo había visto, aunque fueran los restos del sacrificio, en muchos sitios de ese recorrido. Por ejemplo, en Togoville, en el país vecino.
Mientras me extasiabe ante un mar de azules y verdes infinitos, volvió el chico con aspecto glam. Que sí, que mañana por la tarde hay una ceremonia vudú en el pueblo ¡Qué casualidad! ¿Será la época? 🤭
Nos dice que la broma cuesta 60.000 CFA. Casi 100 € a dividir entre los que se apunten. No te sabe decir la duración y no quiere contar en qué consiste. Esto huele a timazo, pero por otro lado estábamos allí y decir «no» es como raro.

Decir «no» es renunciar a lo que has imaginado y quedarte con la intriga
Yo traté de razonarlo para mí misma: no sabía si este precio es que lo ponen así porque querían darnos un sablazo, o porque sencillamente no venden baratas sus tradiciones, creencias y rituales, lo que es bastante respetable.
¿Qué te crees, blanquito, que tú puedes cobrar 12€ por entrar al Museo de El Prado y nosotros nada por que vengas a ver una ceremonia vudú, algo que forma parte de nuestra historia, de nuestras raíces, que está en nuestra piel, en nuestras entrañas?
Podríamos decirles que nosotros no cobramos por asistir a una procesión de Semana Santa, o a una misa, pero… Aceptas. Aceptamos.

El primer intento
Llegan las cuatro de la tarde y nos encaminamos al lugar de la ceremonia vudú, por supuesto con nuestro fixer. Spoiler: todo empieza un poco caótico.
Llegamos a una plazuela casi desierta, sombreada por un árbol enorme, un baobab. Una mujer barre la arena, unos críos juegan con latas junto a un muro, unos músicos parece que calientan motores.
Resulta que hay un evento en el pueblo: el alcalde actual da paso al nuevo -ha habido elecciones hace poco- y parece que mucha gente ha ido a verlo.

Nos invitan a sentarnos en unos troncos cerca de donde la mujer barre. En los primeros cinco minutos ya sentimos que hay pulgas, incluso me quito alguna del brazo. Dos minutos más y las picaduras rojas hacen aparición en brazos y piernas -y nos acompañarán las siguientes 3 o 4 semanas-. Tenía serias dudas de cómo acabaría si realmente se celebra allí la ceremonia vudú anunciada.

Pasan los minutos, un rato largo, y allí no viene nadie. Siguen los mismos en la plaza casi desierta y no parece que vaya a haber movimiento.
Moussa, nuestro guía, decide que nos vamos, que ya está bien, que esto es un cachondeo. Todo con gritos y aspavientos para los intérpretes, que no sabemos qué traducirán al lenguaje local. La verdad es que había bastante pasividad por parte de los que se supone que nos iban a cobrar por ese espectáculo que no arrancaba, ni tenía pinta de arrancar.
Entonces el joven glam le dice a Moussa que tranquilo, que nos vamos a otro punto del pueblo. Sin levantar ni una ceja. Que es unas calles más allá, que allí se está preparando otra y que son más serios que estos. Ya había hablado con ellos por si acaso ¿Pero esto qué es? ¿La temporada de las ceremonias vudú? Igual sí, oye.

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La ceremonia vudú
Llegamos a otra plaza. Esta vez no hay árbol bajo el que refugiarse del sol, pero el atardecer está cerca. Esperamos que no haya pulgas, que una ya va bien servida.

Según llegamos vemos que hay una máscara vudú dando vueltas sobre la tierra batida, guiada por un señor altísimo de casi dos metros de altura. Después nos enteramos que es nigeriano, como todos los encargados de la ceremonia y las máscaras. No sé hasta qué punto son sacerdotes o tienen otro rango, pero sí sé que lo mejor es no meterse con ellos porque tienen pinta de saber defenderse.

Un grupo de músicos toca a ritmo casi frenético una serie de tambores, campanas y latas. La música no cesará en las siguientes tres horas. Se relevan entre ellos para echar un trago a un alcohol de destilación casera que podría encender todo el poblado si se le acerca una cerilla.


Un crío de no más de 2 años se empeña en tocar una campana que es casi tan grande como él. Los mayores se la quitan cada dos por tres. Su mirada es decidida, seria, penetrante, desafiante, adulta.

Las máscaras vudú zangbetos, los guardianes de la noche
Los zangbetos son máscaras vudú con forma cónica. Parecen una especie de muñeco gigante con pinta de fantasma. Hechos con larguísimas tiras de rafia teñidas de colores. En esta ceremonia vudú hay tres: morado, rojo y multicolor.
Salen y entran sucesivamente de una caseta de cemento que hay cerca de donde nos sentamos, junto al Dios supremo vudú, Lehva. Y antes de empezar su baile van a saludar a dicho dios.



A nuestro lado hay una mesita con mantel «blanco» que sirve para depositar la botella de alcohol de altísima graduación. Está revestida con un montón de «vaya usted a saber qué». Tambien descansa allí el penacho del sacerdote que lleva la voz cantante, una especie de espantamoscas.

Los zangbetos son los guardianes de la noche. En la tradición vudú del sur de Benin esta especie de «fantasmas» ejercen labores tan útiles como espantar a los enemigos durante las guerras vecinales y mantener el orden social. Salen una vez que se pone el sol y son una especie de policía local que persigue a los malhechores durante la noche, o denuncian actos de brujería. Es un sistema de control social como otro cualquiera.

El baile de los zangbetos
Los zangbetos se desplazan en círculos. Primero más lentamente, pero después muy muy rápido ¡¡Realmente rápido!! De vez en cuando corren en línea recta hacia las voces de la gente. Dicen que si te tocan, te cae una maldición.
Por eso todos corren como locos cuando un zangbeto se acerca. Y por eso sus pasos se ven marcados por los nigerianos. Ellos son los que les jalean y a la vez les controlan.


Poco a poco llega más gente. La plaza se va llenando. A veces me levanto para hacer algunas fotos, pero en general me quedo sentada mirando, absorbiendo todo. No quiero molestar, ni cruzarme en el camino de las máscaras, que es totalmente imprevisible.
Me doy cuenta de que se está formando un grupo de mujeres junto a los músicos. Cantan y bailan, enseñando a los niños a bailar también.






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La hora de la magia
De repente, paran al zangbeto multicolor en el centro de la plaza y lo levantan entre cuatro gigantes nigerianos. Levantan lo justo y necesario para sacar de debajo otra máscara igual pero mucho más pequeña, hecha con tiras negras.
Teóricamente te demuestran que debajo de la máscara principal no hay nadie. Y debajo de la pequeña tampoco, ya que le dan completamente la vuelta para mostrarlo al público.
Vítores, voces jaleando el espectáculo… Algo va a pasar.

Efectivamente, el nigeriano más grande e imponente empieza a darle órdenes a la mini-máscara hasta que esta se mueve. Primero tímidamente y luego de forma más visible ¡¡¡Casi corre!!!

Después, traen un pollo vivo atado por las patas. Ahí es cuando piensas: ya está, va a pasar, es la hora del sacrificio.
Nos lo muestran, que para eso somos los invitados (y paganini), y lo ponen en un cuenco con harina de maíz. A continuación lo meten debajo de la máscara y a los dos minutos lo sacan cocinado, tanto el pollo como el fufú (pasta de harina de maíz, principal comida de esta parte de África). Nos ofrecen para que lo probemos, pero no me atrevo.
Se lo reparten entre ellos, todos quieren comerse un trozo, especialmente los mayores.


Después vienen otros números de «magia». Decido llamarlos así porque no encuentro otra palabra, aunque no quiero faltar a sus creencias.
Levantando la máscara de turno, aparece un muñeco de madera que se mueve a las órdenes del sacerdote. El muñeco representa claramente a un blanco colonialista con su fusil. Un rato después hacen lo mismo, pero esta vez aparece un ataúd con un muñeco envuelto en trapos que se incorpora. Bastante realista.

¿Quieres verlo y oírlo? ¡Aquí tienes el vídeo!
La post-ceremonia
Llega la hora en que se nos hace saber que tenemos que dejar la ceremonia vudú. Lo que ocurra después ya no es de nuestra incumbencia. Si es que algo de todo esto lo es. Llevamos allí tres horas, así que en realidad lo agradezco.
Ya hay gente bebida, los bailes y la música continúan y las máscaras siguen girando sobre sí mismas. Al final se han congregado unas 200 personas, quizá más.
Cae la tarde y nos vamos callados. Cada uno sumido en sus pensamientos. No sé si cansados o tratando de ordenar las ideas en su mente, sus tripas, su corazón. Ha sido todo muy intenso.
Puede que esa noche soñara con máscaras danzantes de vivos colores. Lo que es seguro es que los tambores seguían resonando en mi cabeza hasta que me dormí. O quizá es que seguían sonando en aquella plaza.

Moussa se inquietó. Creyó que no nos había gustado y sólo al día siguiente se atrevió a preguntar qué pasó. Le tranquilizamos: «Nada, Moussa, es que es algo que no habíamos visto nunca. Bastante alucinante, extraño, diferente, no sé explicártelo mejor, pero créeme, nos ha gustado mucho«.
Cuando salimos de Grand Popó al día siguiente, Moussa tiró los vaqueros viejísimos con los que había hecho buena parte del viaje.
Los tira desde el coche en marcha, por la ventanilla. Así, sin más. Protesté por ese acto tan poco respetuoso con el medio ambiente, pero respondió que tenía que hacerlo así por si a «alguno de ésos» (los del pueblo) se les ocurría hacer vudú con ellos. Se rió, pero había convicción en lo que decía.
Festivales vudú
Tanto en Benin como en Togo se celebran festivales vudú de cuando en cuando.
En el caso de Benin, en la ciudad de Ouidah, se realiza el Festival del Vudú anual. También se le conoce como el Fête du Vodoun o Día del Vudú, y atrae a miles de visitantes todos los años. Sus fechas son a principios de enero, y lo mejor es informarse con antelación e ir con una agencia.
Otro festival vudú bastante famoso es el Epe Ekpe que se celebra en Togo. Las fechas no son fijas, ya que los sacerdotes deciden cada año cuáles son los días más propicios, pero suele ser entre finales de agosto y septiembre. No se suelen publicar con mucho tiempo de antelación, así que tienes que tener una agenda bastante flexible. Este festival marca el inicio del año para el pueblo Guin, con la toma de la piedra sagrada.
En resumen: una ceremonia vudú en Benin puede ser una experiencia realmente intensa, extraña y diferente. Si es posible, no dejes de hacerla en tu visita al país.
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Me ha encantado el relato!!Me he sentido casi allí y todo!! Con esa música de fondo y sin saber qué iba a pasar al segundo siguiente.
No me lo imaginaba así, quizá algo más oscuro y siniestro…Debe ser una gran experiencia :)
Gracias por compartirlo, un abrazo!
Gracias Maruxaina!! Me alegro mucho de haberte transportado allí! ?
Deberías esforzarte en redactar mejor para la próxima, de resto todo bien, nme hiciste viajar mientras veía mi celular
Me alegro de que te haya hecho viajar. Con respecto a la redacción, tu comentario me ha llevado a releerlo y he hecho algunos cambios. Saludos.