plaza mayor de Aínsa con casas de piedra con soportales en forma de arco

El casco viejo de Aínsa es un conjunto monumental precioso, y por ello es justo dedicar unas horas de tu tiempo en el Pirineo aragonés a este pueblo. Las cuidadísimas calles, la iglesia románica y varios miradores se asoman al río Cinca que viene de las montañas mostrando colores propios del Caribe. Además ya se atisban las poderosas cumbres de los Pirineos, empezando por la Peña Montañesa, que me hipnotizó desde lejos. Vamos a verlo en detalle 😊

Un poco de historia de Aínsa

Aínsa (no confundir con Aísa, que está en otro valle del Pirineo aragonés) se alza en una peña situada en el cruce de los ríos Ara y Cinca. Fue esta estratégica situación la que permitió su importancia y supervivencia a lo largo de los siglos, en la comarca de Sobrarbe. 

vista desde la muralla de la plaza mayor con la torre de la iglesia y el pantano al fondo

No se tiene claro cuánto hay de leyenda y cuánto de historia rigurosa, pero a esta villa se le atribuye la formación del reino de Aragón en la Edad Media y el fortalecimiento de la frontera entre Francia y España en el siglo XVI. Unos siglos antes se sitúa la leyenda de la Cruz de Sobrarbe. 

La leyenda de la Cruz de Sobrarbe cuenta que Aínsa fue el punto donde los cristianos que habían huido de los musulmanes deciden comenzar su “reconquista”. Cuentan que las tropas cristianas ganaron la batalla del año 724, comandados por Garcí-Ximeno, gracias a la aparición de una cruz de fuego sobre una carrasca (encina) que les dio la valentía necesaria para recuperar Aínsa de las manos moriscas. Por eso hay una fiesta bianual llamada La Morisma que conmemora dicha victoria con representaciones teatrales en el casco viejo. Además, dicha cruz es el símbolo de Sobrarbe

Calle de la Morisma de Aínsa tras pasar arco de medio punto todo en piedra
Calle de la Morisma

Aínsa aparece por primera vez en los documentos históricos en el año 1124, cuando el rey Alfonso I le otorga una Carta Puebla con fueros (derechos concedidos por el monarca) similares a los de la ciudad de Jaca. No obstante su historia se remonta a unos cuantos de miles de años atrás, según los restos de asentamientos neolíticos y romanos encontrados en los alrededores de la ciudad. 

Unos siglos más tarde Felipe II quiso afianzar las posiciones cercanas a la frontera para defenderse de las potenciales incursiones de los protestantes franceses. Eran tiempos de crispación religiosa aquéllos del siglo XVI. Para ello, mandó reforzar los castillos y fortalezas de toda la franja pirenaica, y entre ellas la de Aínsa. 

Lo que está claro es que el centro histórico de Aínsa es una amalgama de calles y casas señoriales que dan cuenta de su importancia política y económica de antaño.

Paseando por Aínsa

Entramos en la parte histórica, no confundir con la nueva, por el lado del castillo. Para ello hemos subido en coche hasta un parking que hay junto a las murallas (0,50€ la hora).

Un patio amplio nos da la bienvenida. Es el centro de lo que en realidad fueron dos construcciones militares. Una medieval y otra de tiempos de Felipe II, ya en el siglo XVI. 

Hay una torre defensiva con cinco lados en vez de los cuatro habituales, que por lo visto fue una solución estratégica mejorada con respecto a los edificios de toda la vida. Destaca también el frente de las murallas con arcos, y justo ahí puedes encontrar la oficina de información turística de Aínsa.

muralla de Aínsa con arcada y gente paseando por la parte superior

Este es el lugar donde hoy en día se celebra el Festival Internacional de Música Folk y Étnica durante el verano. 

Atención: puedes subir a estas murallas y obtener preciosas panorámicas del pueblo a un lado, y del Monte Perdido al otro. ¡No te lo pierdas! 

vista del Monte Perdido con restos de nieve y una gran nube sobre él

La plaza mayor  

Cruzando las murallas, como decía, llegas al camino que enseguida te lleva a una de las plazas más bonitas de España. O eso dicen. La verdad es que bonita es. 

plaza mayor de Aínsa con suelo de guijarros

El suelo está completamente empedrado y las casas tienen soportales que seguro son buen refugio para las inclemencias del tiempo, tanto del sol como de la lluvia y la nieve. 

frente de casas de piedra con soportales en forma de arcos y sombrillas de terrazas

Un par de datos curiosos: todos los arcos de la plaza son distintos, y en los extremos hay un par de prensas de vino comunales. Así los vecinos que no disponían de la propia podían prensar las uvas en ellos.

Seguro también que este era el escenario del mercado en el que se darían cita los agricultores y ganaderos de los pueblos de la comarca. 

La torre de la iglesia despunta en una esquina. Las campanas te dicen que es una iglesia, pero podría ser una torre defensiva.

Por ese lado arrancan las dos calles principales que llevan al interior del casco antiguo en ligera bajada.  

esquina de la plaza mayor con la torre de la iglesia asomando detrás del edificio del ayuntamiento
torre de la iglesia con forma cuadrada y dos campanas en parte superior

La iglesia de Santa María de Aínsa es del siglo XI-XII y es Monumento Nacional.

portada de la iglesia con arcos y columnas con capiteles románicos

Las calles de Aínsa

Recorrer estas calles sin prisa es un placer. Un callejón aquí, una plazuela con su fuente de piedra por allí, pasajes bajo arcos de piedra. Todo está limpio y cuidado con mimo 🥰

paso bajo arco en calle adoquinada con casas de piedra en Aínsa
plazuela de Aínsa con fuente de piedra
esquina de casa de piedra con dos barriles con botellas de vino y cebollas y un cartel que anuncia venta de miel

Algunas calles terminan en balconadas o pequeños miradores desde los que contemplar el embalse de Mediano con su increíble color azul y la Peña Montañesa presidiendo el paisaje.   

calle de casas de piedra que desemboca en mirador
vista del pantano con agua turquesa entre bosques y montañas al fondo
Embalse de Mediano
pantano del río cinca con agua de color turquesa y árboles en el centro y peña montañesa al fondo
Embalse de Mediano con la Peña Montañesa. esta vista la obtendrás desde la carretera poco antes de llegar a Aínsa, llegando desde Madrid.
el río cinca entre los campos y al fondo la Peña Montañesa y las altas cumbres de los pirineos
El río Cinca con la Peña Montañesa vigilando su curso. Al fondo ya se ven las altas cumbres pirenaicas.

Andando por dichas calles lo que más me llamó la atención fueron las puertas y ventanas, y reconozco que hice unas cuantas fotos a añadir a mi colección particular 😎

Las puertas y ventanas de Aínsa lucen arcos abovedados, otros apuntados, otros llamados “rebajado monolítico” y “rebajado abovedado”. Sea como fuere, muchos tienen inscripciones del año en que fueron construidos.

calle que baja en pendiente con dos portadas de piedra en forma de arco apuntado y puertas de madera con tachones de hierro

Cuentan en los carteles explicativos que las puertas eran el indicador de la prosperidad e importancia de una casa. Edificios que en realidad son familias y todo lo que eso supone. Quien se plantaba ante una de estas casas debía de saber, antes de llamar a la puerta, ante quién se iba a dirigir, cómo debería vestirse y qué tipo de trato debería ofrecer y esperar de sus habitantes. 

puerta típica de Aínsa con arco de medio punto

Las ventanas son pequeñas y escasas en cada fachada, como es de ley en los lugares de clima duro. Sus formas son más sencillas y no siempre van a juego con las puertas, pero esto es parte de su encanto.  

ventana medieval de Aínsa con dos pequeños arcos y una columna en el centro con capitel gótico

Algunas, no obstante, aparecen enrejadas como si fueran de una cárcel. En realidad me acordé un poco de las celosías y rejas que te encuentras en ciudades como Córdoba.

ventana de madera tras una reja de hierro oxidado en Aínsa

Para saber más, puedes apuntarte a una de las visitas guiadas que organiza el Ayuntamiento y cuya información actualizada encontrarás aquí.

fachada de casa de piedra con cuatro balcones y persianas bajadas

Aínsa tiene una parte nueva situada abajo, en el cruce de carreteras. Tanto en ésta como en el casco antiguo hay lugares para pernoctar, hacer compras y actividades en la zona como barranquismo.

Un último apunte: decidimos comer en la Plaza Mayor de Aínsa, aunque hay algunos restaurantes más en las callejuelas. De entre todas las opciones elegimos el Restaurante Bodegón de Marallan, en el Hotel Posada Real. El precio es medio y comimos una carne buenísima, así que te lo recomiendo 😋

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