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Masirah, la isla prometida (Omán)

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pescadores en una playa de la isla de Masirah

Cuando supe que íbamos a visitar Masirah, la isla más grande de Omán, las mariposas aletearon en mi estómago. En realidad no sabía prácticamente nada de ella. Su nombre es precioso, eso sí. La busqué en el mapa y desde entonces hasta que la pisé, me preguntaba cómo sería… 

Recordé que Jordi Esteva había escrito sobre Masirah en su libro Los árabes del mar, el relato que disparó mis sueños hacia el país. De ahí venían mi excitación y curiosidad hacia Masirah, pero no quise volver a leerlo. Quería encontrarme con ella sin más, ni menos.

Masirah gaviotas blanco y negro

Para ir a Masirah, hay que tomar un ferry

Antes sería en dhow como irías a Masirah. Hoy en día hay un pequeño pero moderno puerto donde atracan los ferries. Es el puerto de Shannah (Ras an Najdah).

puerto de Shannah y ferry a isla Masirah

Está el ferry del gobierno, limpio y con pinta de lujoso, más caro pero parece ser que más puntual. Y está el ferry convencional, el más barato (12 OMR por vehículo y pasajeros) y que no sale del puerto hasta que se llena de coches. Pase el tiempo que pase.

ferry para ir a la isla de Masirah

El viaje de ida no fue malo. Apenas esperamos media hora para salir, y eso que cuando llegamos se iba uno lleno. Era viernes, el comienzo del fin de semana de todo país musulmán, y quizá fue por eso que se llenó enseguida.

El trayecto, de algo más de una hora, fue tranquilo. El mar, de colores verdes y azules intensos, nos regalaba algún que otro dhow pesquero.

dhow en las aguas de Omán frente a Masirah

Hipnotizada con el horizonte, con la esperanza de ver delfines acordándome de las playas de Salalah, me relajé en la zona de asientos, a la sombra. A nuestro alrededor hombres, tanto de India y Pakistán como omaníes, pasaban la travesía absortos en sus móviles y mirándonos furtivamente.

ferry para ir a la isla de Masirah

viaje a la isla de Masirah en ferry

Cuando nos acercábamos a la isla subí a la cubierta superior. Masirah empezaba a dibujarse, y cada vez se hacía más nítida. A primera vista no veía nada atractivo.

llegando a la isla de Masirah en Omán

Una pequeña ciudad se confunde con el color de las montañas que la guardan. Barcos pesqueros y no pesqueros están atracados en el puerto. Aviones militares despegan y aterrizan con estruendo, pues hay una base militar del gobierno omaní allí mismo. Es la punta norte de la isla, y la más habitada con diferencia. Se llama Dhuwwa.

La cuestión no es si la ciudad es bonita o fea, si no que no encontraba diferencia alguna con el continente. Y en mis fantasías sin concretar, pensaba ver “otra cosa”.

ciudad de Dhuwwa en la isla de Masirah

Una visita demasiado fugaz

Pues sí, no os voy a negar que mis expectativas se vieron un tanto defraudadas.

Quizá es necesario pasar no una, sino varias noches, y recorrer tranquilamente Masirah. Vaya por delante que el sur de la isla promete mucho más por ser un terreno natural casi virgen, pero no fuimos hasta allí.

Llegamos cerca del mediodía así que nuestro primer destino fue el restaurante con mejor pescado de Masirah: Restaurant Yemeni.

calles de ciudad de Masirah en Oman

El menú de siempre, aunque rico: pescado azul fresco, arroz basmati especiado, ensalada. Después, ducha y un par de horas de siesta, porque veníamos de pasar un par de días en el desierto y porque hacía un calor tremendo. En Omán la siesta es casi sagrada, todo se para en esas horas, y más vale que te adaptes a ello.

El escenario y atmósfera es igual que el que describe Jordi en su libro:

En Masira el viento soplaba con gran fuerza, arrastrando arbustos secos que rodaban sobre sí mismos, y formando aquellos torbellinos de arena, propios del desierto, que los beduinos identificaban con los yins. El ambiente pegajoso y salino era aún más sofocante que en tierra firme. Unos pocos edificios blancos, que parecían grandes cajas de zapatos, se desperdigaban sobre la arena nívea y deslumbrante […]

Jordi Esteva – Los árabes del mar

Masirah island

Cuando por fin nos pusimos en marcha, nos dirijimos unos cuantos kilómetros hacia el sur. El sol ya iba bajando.

Hay una carretera recta, larguísima, por la que conducir. Las paradas de playa en playa son casi obligatorias. Observas a los pescadores faenando y continúas ruta.

Hay muchos dhows, los barcos que llegaron a surcar el Índico y las costas de África. Hoy se dedican a la pesca y no al comercio, y mucho no son de madera como antaño, ni llevan velas con las que impulsarse en el agua. Pero siguen siendo dhows.

barco pesquero en la isla de Masirah

cangrejo entre las rocas en la isla de Masirah

playa de la isla de Masirah

pescadores en una playa de la isla de Masirah

pescadores llegando a la playa en Masirah

El paisaje que veo a través de la ventanilla es como el del continente. Inhóspito. Hay una cadena montañosa que parece volcánica y hace de columna vertebral, separando la costa este de la oeste.

Parece que Masirah es una porción más de tierra firme. Plantada allí, a 20 km de la costa este de Omán, es como si un gigante la hubiera soltado después de arrancarla de la Península Arábiga.

Pusimos rumbo a una playa donde las tortugas van a anidar. Es reserva natural y no se puede visitar a no ser que te den permiso, es decir, que el vigilante lo sepa. Siempre hay uno, aunque no lo veas. Vigilantes que pertenecen todos a la misma tribu, emparentada con los habitantes de Wahiba. Nuestro chófer Ali pertenece a la misma y nos contó que él mismo hace turnos de vigilancia allí.

Creo que en el hotel donde nos alojamos organizan este tipo de tours gratuitamente.

Fue un atardecer agitado. El sol ocultándose en las montañas, generando un gran contraste con las montañas. La atmósfera, cargada de polvo, aportando un aire dramático y fantasmal al paisaje.

Nosotros sufríamos en el coche queriendo parar a hacer fotos y admirarlo con calma, pero Ali tenía prisa por llegar.

atardecer en la isla de Masirah

atardecer en la isla de Masirah en Omán

Y cuando llegamos a la inmensa playa, totalmente vacía de gente, Ali se puso como un loco a ir y venir buscando huellas de tortugas.

Le seguíamos a duras penas, con la dificultad que nos supone andar por la arena. El sol se terminó de ocultar entre las montañas. Después, no se veía nada. Cero contaminación lumínica. Maravilloso y un poco inquietante a la vez.

buscando tortugas en una playa de Masirah

atardecer en la isla de Masirah

atardecer en la isla de Masirah

atardecer en la isla de Masirah

Tras una búsqueda infructuosa, siendo ya noche cerrada, nos propuso volver a Dhuwwah a cenar. Volveríamos después. Nos sentamos esta vez en el exterior, sobre una gran alfombra y tras una gran cena con pescado, hummus y ensalada, volvimos a la playa.

En plena oscuridad nos quedamos esperando a ver si Ali encontraba tortugas con la luz de su móvil.

De repente, sentí que había algo a nuestro alrededor…

Mis ojos se habían acostumbrado un poco a la negra noche, sin luna. Encendí la linterna del móvil y… ¡estábamos rodeados de pequeñas tortuguitas!! Correteaban a nuestro alrededor, y algunas se iban en dirección contraria al mar. Qué momentazo, qué emoción!!

tortuga recién nacida en playa de Masirah

Comenzamos a guiarlas con la luz de nuestro móvil hacia el agua. Si se iban tierra adentro, acabarían en las fauces de los zorrillos que pueblan la isla. Esta especie de tortugas está en peligro de extinción.

tortuga en playa de Masirah

¿Por qué siempre me atrajeron tanto esos parajes extremos, de calor sofocante, inundados de luz como en una fotografía sobreexpuesta, en los que parecía dormirse nuestro lado más racional mientras se agudizaban los sentidos?

Jordi Esteva – Los árabes del mar

Al día siguiente tocaba salir de la isla. Aunque el soberbio atardecer y el momento de las tortugas compensaba mucho la experiencia, Masirah sigue siendo un misterio sin resolver para mi.

dhows en las aguas de Omán frente a la isla de Masirah

Perdimos un ferry por los pelos y fue fatal

Tuvimos que esperar a que se llenara el siguiente… 3 horas!! Era como un domingo de aquí, y se ve que la gente pasa de madrugar.

Como tampoco sabes si se va a llenar en 5 minutos, estás atrapado, no puedes irte a dar una vuelta.

El sol, cegador, no daba tregua tampoco.

viejo barco en el puerto de Masirah

omaníes en el puerto de Masirah

Nos acercamos a ver cómo descargaban el pescado de un dhow. Unos nos pidieron que les hiciéramos una foto. Otro me contó que iba a viajar a España, Francia e Italia en el mes de Octubre, durante 12 días, y me estuvo preguntando por la temperatura y otros detalles. Unos chicos se tiraban al agua, jugando, entre los barcos amarrados.

Nos cansamos de hacer fotos al mar verde y turquesa, y a los barcos que nos rodeaban.

dhow en el puerto de la isla Masirah

descargando pescado en el puerto de Masirah

descargando pescado en el puerto de Masirah

pescadores en el puerto de Masirah en Omán

jóvenes omaníes en Masirah

Te piden una foto y el número de whatsapp. Respondes con la cuenta de Instagram, y desde entonces nos seguimos 😉

Entre conversaciones y momentos de mucho aburrimiento, cálculos sobre cuántos coches harían falta para salir, y tal y tal, se nos fue medio día y los ánimos cayeron un poco.
gaviotas en el puerto de Masirah

Así que ya sabéis, si optáis por incluir Masirah en vuestro viaje, reservad algún día más…

transporte de cabras en el ferry de Masirah

Algunos datos sobre Masirah

  • Dicen que Alejandro Magno visitó esta isla, refiriéndose a ella como “Serepsis”.
  • Es la isla más grande de Omán, con 70 km de longitud.
  • Los locales se dedican principalmente a la pesca, y la población ronda los 6.000 habitantes.
  • La costa Este de la isla es buena para hacer surf y windsurf. De hecho, vimos unas cuantas velas en alguna de esas playas.
  • No hay taxis ni agencias de alquiler de coches. Tienes que ir con tu propio vehículo.
  • Hay un par de hoteles, uno más de lujo tipo resort, y otro de unas 3 estrellas en el que nos alojamos nosotros, el Danat Al-Khaleej Hotel. Está junto a la carretera, a la salida de la población principal, a 2 km del puerto. Es limpio y tranquilo, también básico. Una parte de las habitaciones dan a la playa. Se puede acampar en la isla, si llevas tu equipo.
  • Hay algún que otro pueblo con tienda donde comprar lo que se necesite, pero mejor aprovisionarse en el zoco de Dhuwwa, que está muy cerca del puerto. En cuanto a restaurantes, aparte del Yemeni no vimos ningún otro.

pescadores en la isla de Masirah

ferry que lleva a la isla de Masirah


Este viaje ha sido realizado en colaboración con la agencia Arab-Adventures.

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Feedback

4
  • MurZielaGa

    Aliiiii!!!!!!!!!!!! Me he enamorado de la foto del hombre paseando de espaldas en la playa (buscando tortugas) al atardecer. Es increíbleeeeeeee! Tenía que decírtelo!! jajajajaja Un besote preciosa!

    • Alicia Ortego

      jajajaajaj, muchas gracias Ara!! costó, no creas, si paraba mucho le perdía de vista y correr en la oscuridad y por la arena no era fácil!! 😀

  • Pablo

    Estupendo relato Alicia, una crónica viajera de las enganchan de principio a fin. Te he leído otros relatos de lugares en los que yo he estado y me encanta cómo los describes, pero en este caso que no conozco Omán, ni por supuesto Masirah, has conseguido transportarme hasta allí. Hasta me he angustiado un poco al ponerme en tu piel con la espera del ferri, pero son de ese tipo de anécdotas que cuando pasa tiempo son eso, anécdotas y experiencias viajeras que enriquecen. Un saludo y enhorabuena por tu blog porque eres sin duda todo un ejemplo para los que andamos por este mundo de la ‘blogosfera viajera’.

    • Alicia Ortego

      Muchas gracias Pablo!! Me alegro que te haya transportado y haberte hecho sentir, incluso, algo del tedio de aquella espera, je, je, je, que ya es mucho! Un abrazo y buen 2017!

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