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Ceremonia vudú, toda una experiencia en Benin

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ceremonia vudu

Llegaba uno de los momentos más esperados del viaje en Benin. La ceremonia vudú.

Curiosidad, intriga, cierto respeto, algo de miedo, no saber qué te vas a encontrar en realidad, cuánto va a durar, cómo es ¿un show para turistas? ¿algo auténtico?

Muchas preguntas y expectación en tu cabeza, hormigueo en el estómago. Ganas tremendas de resolver todos estos sentimientos.

Los prolegómenos de la ceremonia vudú

Lo primero, llegar a Grand Popó y una vez realizadas las gestiones del alojamiento, preguntar por la posibilidad de asistir a una ceremonia vudú.

Viene un joven de la zona, muy moderno, muy glam él. Con un traje de camisa y pantalón con el mismo estampado y una gorra de músico de blues.

Por supuesto nos dice que sí, que se va a enterar de qué opciones hay para los días en que estás por allí.

Antes de irse en su moto, te informa de que hay que pagar… será una tarifa por grupo (somos 5) y si alguien se raja, habrá que dividir entre menos, porque la tarifa no cambiará. Te lo contará cuando vuelva de sus pesquisas.

Sigues dudando de hasta qué punto es show para turistas o no.

Sigues imaginando “tu” ceremonia vudú. Dudando de si verás, como en tu imaginación, algún sacrificio, plumas y sangre en el aire, gente en trance revolcándose por el suelo, o quizá alguna práctica de escarificación.

Qué quieres, si aunque llevas casi dos semanas andando por las tierras del vudú, no te desprendes de algunos clichés de tu cabeza.

Además, lo de la sangre y las plumas lo has visto, aunque fueran los restos del sacrificio, en muchos sitios de ese recorrido.

Por fin vuelve el chico “glam”, mientras tú te extasiabas ante un mar de azules y verdes infinitos. Que sí, que mañana por la tarde hay una ceremonia vudú en el pueblo (¡qué casualidad! ¿será la época?).

La broma cuesta 60.000 CFA, casi 100 € (a dividir entre los que se apunten). No te sabe decir la duración, y no te quiere contar en qué consiste. Esto huele a timazo.

Pero por otro lado estás allí y decir “no” es como hasta raro.

Decir “no” es renunciar a lo que has imaginado, quedarte con la intriga.

Tratas de razonarlo en tus adentros: no sabes si ese precio tan alto es que lo ponen así porque quieren dar un sablazo, o porque sencillamente no venden baratas sus tradiciones, creencias y rituales, lo que es bastante respetable

“¿O qué te crees, blanquito, que tú puedes cobrar 12 € por entrar al Museo de El Prado y nosotros nada por que vengas a ver una ceremonia vudú, algo que forma parte de nuestra historia, de nuestras raíces, que está en nuestra piel, en nuestras entrañas?”.

Podríamos decirles que nosotros no cobramos por asistir a una procesión de Semana Santa, o a una misa, pero… Aceptas. Aceptamos.

ceremonia vudú

Ceremonia vudú: primer intento

Llegan las 4 de la tarde y nos encaminamos al lugar de la ceremonia vudú. Todo empieza siendo muy caótico.

Resulta que hay un evento en el pueblo: el alcalde actual da paso al nuevo -ha habido elecciones hace poco- y parece que mucha gente ha ido a verlo. Llegamos a una plazuela casi desierta, sombreada por un árbol enorme, un baobab.

Una mujer barre la arena, unos críos juegan con latas junto al muro de al lado, unos músicos parece que calientan motores.

Ceremonia vudú

Nos invitan a sentarnos en unos troncos, cerca de donde la mujer barre. En los primeros cinco minutos ya he sentido que allí hay pulgas, incluso me he quitado alguna del brazo.

Dos minutos más y las picaduras rojas hacen aparición en brazos y piernas -y me acompañarán las siguientes 3 o 4 semanas-. Tengo serias dudas de cómo acabaré si realmente se celebra allí la ceremonia vudú anunciada.

Ceremonia vudú

Pasan los minutos, allí no viene nadie, siguen los mismos en la plaza casi desierta y no parece que vaya a haber movimiento.

Moussa decide que nos vamos, que ya está bien, que esto es un cachondeo. Todo con gritos y aspavientos, intérpretes que a saber qué traducirán al lenguaje local. Bastante pasividad por parte de los que se supone nos van a cobrar por un espectáculo inexistente.

Entonces el joven “glam” lleno de estilismo africano le dice a Moussa que tranquilo, que nos vamos a otro punto del pueblo.

Unas calles más allá, que allí se está preparando otra y que son más serios que estos, que ya había hablado con ellos por si acaso.

¿Pero esto qué es? ¿la temporada de las ceremonias vudú? Igual sí, oye. Permitidme que lo dude, sin embargo.

Ceremonia vudú

Ceremonia vudú: segundo intento y ahora sí que sí

Llegamos a otra plaza. Esta vez no hay árbol bajo el que refugiarse del sol, pero este empieza ya a caer. Sobre todo, esperamos que no haya pulgas, que una ya va bien servida.

ceremonia vudú

Según llegas te encuentras con una máscara dando vueltas por la tierra batida, guiada por un gigante de casi 2 metros de altura.

Después te enteras que es nigeriano, como todos los encargados de la ceremonia y las máscaras. No sé hasta qué punto son sacerdotes, lo que sé es que mejor no meterse con ellos porque tienen pinta de saber defenderse.

ceremonia vudú

Un grupo de músicos toca a ritmo casi frenético una serie de tambores, campanas y latas. Una música que no cesará en las siguientes 3 horas, relevándose para echar un trago a un alcohol que a un metro ya piensas que podría encender todo el poblado si se le acerca una cerilla.

ceremonia vudú

ceremonia vudú

Un crío de no más de 2 años se empeña en tocar una campana que es casi tan grande como él, y los mayores se la quitan, cada dos por tres.

Su mirada es decidida, seria, penetrante, desafiante, adulta.

Ceremonia vudú

ceremonia vudú

Las máscaras vudú, los guardianes de la noche

A ver cómo lo explico, más allá de las fotografías. Las máscaras vudú son una especie de muñeco gigante con pinta de fantasma. Hecho con larguísimas tiras de rafia teñidas de un color. Hay tres: morado, rojo y multicolor.

ceremonia vudú

ceremonia vudú

Salen y entran sucesivamente de una caseta de cemento que hay cerca de donde nos sentamos, junto al Dios supremo vudú, Lehva.

Y antes de empezar su baile le saludan.

Una mesita con mantel “blanco” sirve para depositar la botella de alcohol de altísima graduación. Está revestida con un montón de “vaya usted a saber qué”. Tambien descansa allí el penacho del sacerdote que lleva la voz cantante, una especie de espantamoscas.

ceremonia vudú

ceremonia vudú

Las máscaras son llamadas zangbetos o guardianes de la noche.

En la tradición vudú del sur de Benin esta especie de “fantasmas” ejercen labores tan útiles como espantar a los enemigos durante las guerras vecinales, y mantener el orden social.

Una especie de policía local que también denuncia actos de brujería y robos. Es un sistema de control social como otro cualquiera ¿no? Patrullas nocturnas, vaya, para que aquél que se salga del tiesto…

ceremonia vudú

El baile de los zangbetos

Los zangbetos se desplazan en círculos, primero más lentamente pero después muy muy rápido, realmente rápido!! De vez en cuando corren en línea recta hacia las voces de la gente.

Dicen que si te toca, te cae una maldición. 

ceremonia vudú

ceremonia vudú

 

ceremonia vudú

Tres horas de ceremonia vudú

Poco a poco llega más gente. La plaza se va llenando. A veces me levanto para hacer algunas fotos, pero en general me quedo sentada mirando, absorbiendo todo. Y no quiero molestar ni cruzarme en el camino de las máscaras, totalmente imprevisible.

Se está formando un grupo de mujeres junto a los músicos que cantan y bailan, enseñando a los niños a bailar también.

ceremonia vudú

ceremonia vudú

ceremonia vudú

bailes ceremonia vudú

ceremonia vudú

bailes ceremonia vudú

ceremonia vudú

ceremonia vudú

La hora de la magia

De repente, paran al zangbeto multicolor en el centro de la plaza y lo levantan entre cuatro gigantes nigerianos.

Levantan lo justo y necesario para sacar de debajo otra máscara igual pero con tiras negras y mucho más pequeña.

Teóricamente te demuestran que debajo de la máscara principal no hay nadie. Y debajo de la pequeña tampoco, ya que le dan completamente la vuelta para mostrarlo al público.

Vítores, voces jaleando el espectáculo. Algo va a pasar.

ceremonia vudú

Efectivamente, el nigeriano más grande e imponente empieza a darle órdenes a la mini-máscara hasta que esta se mueve. Primero tímidamente y luego de forma más visible. Juro que casi corre!!!

Ceremonia vudú

Después, traen un pollo vivo atado por las patas.

Ahí es cuando piensas: ya está, va a pasar.

Nos lo muestran, que para eso somos los invitados (y paganini), y lo ponen en un cuenco con harina de maíz.

A continuación lo meten debajo de la máscara y a los dos minutos lo sacan cocinado, tanto el pollo como el fufú (pasta de harina de maíz, principal comida de esta parte de África).

Te ofrecen para que lo pruebes. No, gracias.

Se lo reparten entre ellos, todos quieren comerse un trozo, especialmente los mayores.

ceremonia vudú

ceremonia vudú

Después vienen otros números de “magia”. Lo siento, pero no sé cómo calificarlo.

Levantando la máscara de turno, aparecía un muñeco de madera que se mueve a las órdenes del sacerdote. El muñeco es un muñeco de madera que representa claramente a un blanco colonialista con su fusil.

Un rato después, hacen lo mismo pero esta vez es un ataúd con un muñeco envuelto en trapos que se incorpora. Bastante realista, aunque en tamaño pequeño.

ceremonia vudú

¿Queréis verlo y oírlo? dentro vídeo!

Llega la hora en que se nos hace saber que tenemos que dejar la ceremonia vudú. Lo que ocurra después ya no es de nuestra incumbencia. Si es que algo de todo esto lo es.

ceremonia vudú

Ya hay gente bebida, los bailes y la música continúan y las máscaras siguen girando sobre sí mismas. Al final se han congregado unas 200 personas, quizá más.

ceremonia vudú

ceremonia vudú

La post-ceremonia

Cae la tarde, y todos nos vamos callados. Cada uno en sus pensamientos. No sé si cansados o tratando de ordenar las ideas en su mente, sus tripas, su corazón. Ha sido todo muy intenso. 

No sé si soñé con máscaras danzantes de vivos colores, pero los tambores siguieron resonando en mi cabeza bastante tiempo después.

ceremonia vudú

Moussa se inquieta, cree que no nos ha gustado y sólo al día siguiente se atreve a preguntar qué pasó.

Le tranquilizo: “nada, Moussa, es que es algo que no habíamos visto nunca. Bastante alucinante, extraño, diferente, no sé explicártelo mejor, pero créeme, nos ha gustado mucho”. No sé si se quedó muy convencido de ello.

Cuando salimos de Grand Popó al día siguiente, Moussa va y tira los vaqueros viejísimos con los que había hecho buena parte del viaje. Los tira por la ventanilla. Así, sin más, al campo.

Le amonesto y me dice, con una risilla, que tiene que hacerlo así por si a “alguno de ésos” (los del pueblo) se les ocurre hacer vudú con ellos.

Y detecto que a pesar de la risilla, hay convicción en lo que dice.

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Feedback

2
  • Maruxaina

    Me ha encantado el relato!!Me he sentido casi allí y todo!! Con esa música de fondo y sin saber qué iba a pasar al segundo siguiente.
    No me lo imaginaba así, quizá algo más oscuro y siniestro…Debe ser una gran experiencia 🙂
    Gracias por compartirlo, un abrazo!

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